TORKEMADA

Atasco

2020-05-31

Atasco




Ismael, el protagonista de la magnífica novela que leo actualmente, “Aitaren Etxea” (La casa del padre) de la escritora Karmele Jaio que, por cierto, le aconsejo fervientemente, es un escritor de éxito que se encuentra totalmente atascado en su nueva novela, sin la inspiración necesaria para salir adelante. Así me encuentro yo, desde hace bastante tiempo. Me refiero a lo del atasco y no, a lo de escritor de éxito. El confinamiento me ha poseído del todo y el dichoso monotema contamina todas mis neuronas y no soy capaz de escaparme de sus garras.
Tanto es así que incluso una cuestión tan básica y elemental como es la cena semanal en la sociedad gastronómica ha dejado de ser algo elemental para pasar a ser, ahora que acabamos de abrir la sociedad, con todas las medidas de seguridad obviamente, un acontecimiento que merecería ir de etiqueta si no fuese porque uno tuvo que remangarse para cocinar los huevos fritos, plato estrella de mi básica carta gastronómica.
Pues bien, en estos momentos iniciales de desescalada y deseoso de que alcancemos la fase 3 para ir a Armintza a ver a mi familia política, se empiezan a vislumbrar los primeros esbozos de la nueva realidad y así, nos encontramos que, junto a la curación de las heridas pertrechadas por el virus, también ha llegado el momento de asentar las bases de una nueva etapa.
Además de sanar y acudir en ayuda de los que más han sufrido en estos últimos meses, ha llegado el momento de sacar conclusiones de nuestros puntos débiles, pero, sin caer en un pesimismo paralizante, también de nuestras fortalezas y así, sin dilación, tomar las medidas necesarias para corregir y superar nuestras debilidades.
Ahora bien, más allá de los estragos del virus, conviene no perder la perspectiva y centrarse en lo básico y en lo fundamental bien del presente bien del futuro y digo esto porque, al menos en mi entorno, observo una cierta tendencia a obsesionarse con lo obvio dejando para la posterioridad, la compleja tarea de abordar el futuro que, lamentablemente, comienza, mañana mismo.
Es más necesario que nunca que el sector primario en su conjunto, tanto agricultores, ganaderos como forestalistas, observen las corrientes de fondo de la sociedad actual, hacer una correcta lectura de lo que verdaderamente está ocurriendo y, por ende, actuar en consecuencia, pero siempre, en base a una estrategia a corto, medio y largo plazo.

2020-05-24

Soy guay



Seguramente, le habrá ocurrido más de una vez al escuchar una fantástica noticia, que usted mismo piensa que esa noticia es, además de irreal por excesivamente buena, inalcanzable para uno mismo. ¡Eso es tan excepcional, que no puede ser para mí! he pensado reiteradas veces.
Del mismo modo, alguna vez, cuando iba a la huerta familiar y me deslomaba quitando los tréboles, barrabasa en nuestra tierra, que ahogan las plantas en sus inicios, le decía a mi vecina Lola, “el día que Argiñano ponga de moda la ensalada de tréboles, entonces, no saldrá ni un solo trébol y tendremos que comprarla en la tienda, embolsada por la empresa de turno”.  
Algo similar he cavilado esta semana al observar cómo la lana de nuestras ovejas, lamentablemente, ha pasado de ser un producto estimado por artesanos y empresas textiles a ser un mero subproducto, un residuo, que ha pasado de tener un valor a tener un coste para los propios pastores. No se crea que es un problema exclusivo nuestro, de los pastores vascos, me consta que el problema de la falta de valorización de la lana de las ovejas afecta a miles de pastores de casi todas las zonas de la península y más allá de los Pirineos. Pues bien, viendo esta tesitura, pero sin olvidar la problemática de los residuos ganaderos, el purín de nuestras ganaderías, caigo en la cuenta sobre la escasa importancia, traducida en medios destinados a la investigación, concedida a la investigación aplicable al sector primario y puestos así, creo que no soy el único que piensa, recela mejor dicho, que estas cuestiones, tanto la lana como la del purín, estarían más que resueltas si en vez de corresponder al sector primario corresponderían a otro sector cualquiera, más numeroso y por supuesto, más guay.
Hablando de sectores más numerosos y guais, el sector agrario estatal ha saltado como un muelle al conocer los documentos comunitarios “Estrategia Biodiversidad UE-2030” y “De la granja a la mesa”, viendo la mano de los sectores más ecologistas (numerosos y guais como ellos solos) tras estos documentos que, como decía, han sido presentados por los responsables del Pacto Verde Europeo, el todopoderoso Frans Timmermans, la de Salud y Seguridad Alimentaria y el de Medio Ambiente mientras el comisario de Agricultura, el polaco, Janusz Wojciechowski, era el gran ausente de la cita. Ni estaba ni se le esperaba porque viendo lo que recogen dichos documentos parece que su peso específico es, más bien, irrelevante.
Dada la escasez de tiempo desde su presentación no he tenido el tiempo suficiente para analizar los documentos y el calado de sus líneas principales, pero, todo apunta que el sector agrario es, una vez más, el pagano de las grandes decisiones europeas. Mientras Europa aprueba nuevos condicionantes medioambientales para su sector primario como que el  10% de las tierras agrarias se destinen a elementos no productivos, que el uso de abonos se reduzca en un 20%, que el uso de fitosanitarios se recorte en un 50%, que al menos un 25% del total de la superficie agraria de la Unión Europea sea ecológica para el año 2030, así  como que se abra la posibilidad de incrementar hasta un 30% las zonas incluidas en Red Natura 2000, pues bien, mientras Europa aplica estos condicionantes medioambientales a su sector agrario, al mismo tiempo, alcanza numerosos e importantes acuerdos comerciales internacionales abriendo nuestro goloso mercado único europeo a producciones agropecuarias de otras latitudes que no tienen, ni por asomo, los mismos condicionantes ambientales, laborales, sanitarios, etc. Ya saben, ¡ojos que no ven…!

Soy consciente de la dificultad de la tarea, pero creo que la Unión Europea debiera aplicar a sus productores los condicionantes medioambientales que acepta a esos países o bloques de países con los que llega a los acuerdos comerciales previamente mencionados. No hay justicia sin reciprocidad.

Ahora bien, aún siendo conscientes de que los efectos del Cambio Climático trascienden, cuando no ahondan, los efectos de la pandemia sanitaria y que por muy dura que sea la lucha contra el maldito virus, no debemos caer en la tentación de olvidar o relegar la cuestión climática, creo que es ciertamente preocupante que la Comisión Europea y con ella el conjunto de los gobiernos de los estados miembro, no haya aprendido nada, o casi nada, de lo ocurrido estos últimos meses de crisis sanitaria que ha evidenciado con total crudeza las consecuencias de una deficiente estrategia alimentaria europea donde gran parte de la capacidad productiva, eso que algunos llaman la soberanía alimentaria, ha sido cedida a manos de países terceros.

Estos últimos meses todos hemos podido comprobar lo que ocurre a Europa, a sus familias, a sus empresas, mercados alimentarios, etc., cuando su energía depende de otros, cuando su política industrial ha sido desmantelada y trasladada a países terceros y/o cuando la capacidad productiva de alimentos también ha sido “subcontratada” a países terceros.

Pues bien, creo, con las reservas de no haber analizado los documentos, que con estos documentos y otros anteriores de similar orientación, Europa da por perdida la batalla alimentaria, arroja la toalla en la estrategia de asegurar una mínima suficiencia alimentaria y concentra toda su estrategia futura en la estrategia medioambiental.
No quisiera que alguien viese que planteo como algo contrapuesto la estrategia medioambiental frente a la alimentaria puesto que las considero como complemetarias. Ahora bien, frente a aquellos que sobreponen como prioridad la cuestión medioambiental sobre todo las cosas, incluso a expensas de la cuestión alimentaria, soy de la opinión que son los propios agricultores los mejores garantes de una exitosa política medioambiental, eso sí, con ellos, con su participación y con políticas razonas y razonables que tengan en cuenta la triple sostenibilidad, la medioambiental, la social y, cómo no, la económica.

Xabier Iraola Agirrezabala

2020-05-17

Abismo




Este pasado viernes, 15 de mayo, celebramos la festividad de San Isidro Labrador, patrón de los baserritarras. Este año no ha habido ni comidas populares ni misas al respecto y personalmente, le tengo que reconocer, ahora que no nos oye nadie, que con las estrictas normas de seguridad a consecuencia del Covid, se ha impedido trasladar unas imágenes, ciertamente caducas, de la realidad actual del agro. Creo que, en adelante, convendría darle unas vueltas al tema para actualizar y modernizarla en su concepción.
En este momento, no obstante, es más necesario que nunca que los productores asuman como propio el carácter esencial de su actividad y/o función en la sociedad actual porque, de nada vale reclamar al conjunto de la sociedad un reconocimiento social, si ellos mismos, los baserritarras, no se lo creen y si en su fuero interno, asumen que su oficio es el último en importancia. Ya lo dice mi jefe, baserritarra profesional por los cuatro costados, ¿de qué vale hablar tanto de relevo generacional en el campo si luego cada uno de nosotros, en nuestras casas, empujamos a nuestr@s hij@s a trabajar en cualquier cosa que no sea el campo?
Los baserritarras, agricultores, ganaderos y forestalistas podrán abordar la difícil tarea de convencer a la sociedad moderna de la importancia de la alimentación y muy especialmente, del noble oficio de producir alimentos, una vez lo hayan interiorizado en sus propias carnes y así, posteriormente, podrán labrar una estrategia, bien orientada pero duradera en el tiempo y con medios, para ganar la complicidad del consumidor final que debiera acabar asumiendo con total naturalidad el lema #soisesenciales que proclama una campaña de sensibilización impulsada por la organización agraria ENBA que ha logrado la implicación de no pocos personajes de referencia de la sociedad vasca.

2020-05-10

Quién dijo miedo




La principal duda que alberga la mente de los productores agrarios, de los tenderos y hosteleros es sobre los hábitos de consumo que quedarán una vez se inicie el desconfinamiento y alcancemos el ansiado paraíso sanchista de la nueva normalidad que, dicho sea de paso, puede que no sea ni nueva ni normal.
Conocemos, por lo vivido y leído, cómo estamos consumiendo a lo largo del confinamiento, pero, como es normal, ya tenemos fijada la mirada en el futuro, ése que comienza por el lejano mes de junio, y queremos, necesitamos diría yo, conocer cómo actuará el consumidor para así, saber cómo adaptar, nuestra forma de producir y comercializar, a la nueva realidad.
El olfato personal y profesional es importante pero quizás no sea suficiente para afrontar con ciertas garantías lo que nos depara el futuro y por ello, con toda precaución, he procedido a leer las conclusiones que ha extraído AECOC, la asociación empresarial que aúna a fabricantes y distribuidores, de su último estudio en el que analiza el “Consumo y compra dentro y fuera del hogar durante y después del Covid-19”.
El primero de los datos que debemos tener en cuenta en el momento de analizar el comportamiento del consumidor es que tenemos un consumidor temeroso del impacto económico tanto en su hogar como en el conjunto de la sociedad y así, frente a un 21,8 % que cree que no le afectará negativamente, tenemos un 78% que cree que le afectará negativamente y de ellos, un 36,6% estima que será una afección pasajera mientras que para el 41,6% la afección será duradera y así se comprende perfectamente, que haya un 44% que retrasado o paralizado alguna inversión o compra prevista. En definitiva, nos enfrentamos a un consumidor con el “culo prieto”.
El segundo dato es el relativo a los nuevos hábitos de consumo que se han dado en estos meses de confinamiento y destaca que tenemos un 28% que realiza más ingestas a lo largo del día (lo digo por propia experiencia, teletrabajando en la mesa del comedor a un paso de la cocina), un 67% dedica más tiempo a cocinar, un 51% consume más productos saludable y aunque pueda parecer sorprendente, frente al 52% que pedía comida a domicilio al menos una vez al mes, tenemos un 66% que pide menos. En definitiva, cuando hemos estado encerrados en casa, hemos consumido más y mejor además de dar importancia al hecho de cocinar nuestro propio menú.

2020-05-03

Las cuentas claras



Mis sobrinas se han saltado el confinamiento, día sí y día también. Estas últimas semanas, mientras yo estaba encerrado en mi cueva, ellas se vistieron el traje de baño, extendieron las toallas, se dieron la crema de sol y se fueron a la piscina. También han estado de finde en Isaba, pueblo del Pirineo navarro, echaron las esterillas en la sala y pertrechadas de sus sacos de dormir, disfrutaron de un finde rural. Incluso, hicieron las maletas para ir a la China (maldita la gracia). Ellas, que para eso son de Bilbao, se saltaron, con sus imaginativos recursos, propios de la infancia, el confinamiento que, poco a poco, nos va minando.
Mientras mis sobrinas, tal y como le decía, andan de aquí para allá, la vida confinada sigue en sus trece y tengo que reconocer que la alimentación y el conjunto de la cadena alimentaria han sido y están siendo uno de los puntales sobre los que se asienta nuestra cotidiana y confinada vida. Al parecer, la gente ha caído en la cuenta de la importancia de los alimentos y más desconcertante aún, acaba de descubrir que los productos no se crean en los propios lineales si no que hay toda una serie de agentes por delante, productores, transportistas, cooperativa, etc. por lo que, aunque los comercios estén abiertos, si los productores caen, junto con ellos, cae toda la cadena alimentaria. Tan básico y sencillo como elemental.
Que la gente sea más sensible a la importancia de la alimentación y que sea más consciente del papel que juegan los productores no nos debiera hacer caer en la ingenuidad, tan falsa como inútil, de pensar que cuando acabe el confinamiento, los problemas del mundo agroalimentario y más concretamente, del mundo agro van a finalizar coincidiendo con el día del lanzamiento del chupín de la desescalada. Pensar que los graves y estructurales problemas que sufre el sector productor van a desaparecer con el covid y la ola de sensibilización que lo acompaña, es altamente irreal por lo que conviene ir moviendo fichas y aprovechar, eso sí, para asentar las bases normativas y estructurales que hagan la alimentación, la cadena alimentaria y el comercio de alimentos algo más justo, transparente y equilibrado.

2020-04-26

Listo Mari




Listo Mari es un personaje que abunda en estas fechas. Se acerca a ti y te susurra al oído, cuando no te grita desde lo lejos, con la firme creencia de que con ello aporta lo mejor de sí para el bienestar de la humanidad y con un aire de superioridad que se asemeja al huracán, esa maldita frasecita de “eso ya lo dije yo”. Lo aplicaba hace unos años, en los inicios de la crisis financiera del 2007, y ahora, cuando parecía que ya habíamos salido de la citada crisis, lo readapta para esta crisis sanitaria para la que, por cierto, él ya tiene la solución a aplicar.
No se esfuerce, estimado lector, en buscar vacuna o antídoto en combatirlo, no hay quien acabe con ellos. Los hay en abundancia, más que chinches y en toda familia, cuadrilla, centro de trabajo y parlamento que se precie existe un Listo Mari, no vaya a ser que cunda la envidia. Su empeño es tal que su ánimo no decae fácilmente por lo que lo único que nos queda a sus sufridores es la vieja técnica de desconectar, les recuerdo que soy un artista de la técnica, porque debemos tener claro que su único objetivo es criticar, sin aportar nada beneficioso, pero con el único propósito de auto justificarse su inutilidad y consolarse ante su irrelevancia.
En estos momentos de zozobra pandémica, adoptes la decisión que adoptes, viene Listo Mari y te dice que, o bien te has quedado corto o bien que te has pasado de largo y si coincide contigo en la decisión adoptada, nunca te reconocerá que has actuado correctamente y recurrirá al siempre útil “eso ya lo dije yo”. En definitiva, es el máximo exponente del “ni come, ni deja comer”.

2020-04-19

Cerca, muy cerquita




Cuando yo era un crío, en mi casa el espacio central era la cocina. Había un comedor, con unos muebles muy pomposos que había hecho mi padre, carpintero por más señas y que durante muchos años, sólo se utilizaba un día al año, en la comida familiar de las fiestas patronales. Aún así, mi madre limpiaba el comedor todas las semanas y los muebles relucían como si fuesen plata de ley. Como decía, el espacio central de nuestra casa era la cocina y en ella se cocinaba, se veía la televisión, la única, charlábamos, discutíamos e incluso, hacía los deberes de la escuela.
En las casas de hoy, y quizás más hace una década que ahora mismo, la cocina ha sido reducida a su mínima expresión y tanto es así que, más allá de leyendas urbanas, se asume con total naturalidad que se hagan casas con la nano-cocina únicamente equipada con el microondas para calentar lo que previamente se ha comprado, precocinado y envuelto en el infinito plástico, en el supermercado de la esquina. Cocinar y/o calentar a toda prisa, comer al galope e inmediatamente, cada uno a su guarida, no vaya a ser que el contacto, además de cariño, nos vaya a hacer herida.
La casa, su disposición interna y sus habitáculos marcan, como otras facetas de la vida, las prioridades de nuestra vida y así, damos metros al salón mientras restamos a la cocina, damos prioridad al sofá mientras la mesa de comer es sustituida por una barra donde los comensales están colgados como periquitos en la jaula, invertimos en televisiones de plasmón y videojuegos estratosféricos mientras racaneamos unos céntimos en la compra de cada alimento y así, suma y sigue, vamos dejando bien patente la triste realidad de nuestras prioridades que hasta ahora la asumíamos con total naturalidad, como si ser lo frecuente en nuestro entorno lo transformase, automática e irremediablemente, en algo positivo para nuestras vidas.


2020-04-12

Cagando y sin papel




Llego al día de hoy, domingo de Pascua, Aberri Eguna (Día de la Patria) para los patriotas vascos, con el ánimo alicaído y la mente magullada. El confinamiento, a pesar de que lo soporto relativamente bien, está haciendo mella. Llego a la celebración de hoy, tras un par de semanas de locura recluido en el manicomio de Ciempozuelos que es donde se ambienta el magnífico libro de Almudena Grandes, La Madre de Frankestein, donde las paranoias de Aurora y las ansias de libertad de sus protagonistas chocan con la asfixia impuesta por la dictadura franquista para aquellos que no comulgaban con sus ideas.
Los vascos, al menos los nacionalistas, allá por el año 1933 ya uníamos nuestro destino como pueblo al proyecto europeo por lo que estos días, más allá del Coronavirus y de sus dramáticas consecuencias, me resulta doblemente doloroso comprobar la debilidad del proyecto común europeo y la visión cortoplacista de muchos de sus líderes.
Duele observar cómo las instituciones europeas, cada vez que surge un problema que trasciende las fronteras de cada uno de los países que conforman la UE, corren a refugiarse en su castillo particular y se llaman a andanas, porfiando la resolución de los problemas, comunes, a la respuesta, particular, de cada uno de los países directamente afectados. Ocurrió con las políticas de migración donde los países del Norte se hacían el sueco mientras los del Sur aguantaban la vela y la crisis humanitaria generada con la llegada de barcos repletos de refugiados a sus costas.
En estos momentos tan delicados para varios de los países de la Unión Europea y con una previsión de recesión económica durísima para casi todos sus miembros, los hay que siguen sin tener una visión compartida del proyecto europeo y que se permiten la chulería de racanear, cuando no negar, los fondos necesarios para evitar la catástrofe que atisba en el horizonte más próximo.

2020-04-05

Valor y Precio


Le recomiendo encarecidamente que hurgue en las redes y lea el magnífico artículo “Pulse F5: prioridades, coronavirus y sector agrario” de Rubén Villanueva, por lo que sé, un periodista que trabaja en una organización agraria (igual que yo), quien con una delicadeza y maestría viene a decir, al menos en lo que al fondo se refiere, algo que vengo diciendo yo últimamente. Léalo, merece la pena y de paso, se percatará con una facilidad pasmosa, las enormes diferencias que existen entre un profesional de la escritura como él y un simple juntaletras como el que suscribe.
Tal y como recoge Villanueva, ha tenido que ser el Real Decreto publicado a consecuencia del covid-19 el que reconozca oficialmente lo que todos sabíamos, que la alimentación y la producción de alimentos es algo esencial para nuestras vidas. Tristemente, ha tenido que llegar la pandemia y otear la orilla de la calamidad para que, vía gubernamental, reconozcan a los productores el trabajo y servicio que hacen al conjunto de la sociedad; por cierto, un reconocimiento social que hasta hace bien poco venían reclamando vía tractoradas por las  carreteras.
El reconocimiento social es importante para nuestros productores por que la imagen de la actividad ha sido continua y duramente denostada por diversos colectivos más preocupados, quizás, por el bienestar de animales y fauna salvaje que por el bienestar de las personas productoras pero, dicho esto, creo que el reconocimiento social debiera ir más allá y traducirse en un reconocimiento y valorización de los productos alimentarios que ponemos a disposición de los consumidores.
El reconocimiento de la actividad agroganadera y forestal debiera ir parejo al reconocimiento del valor de sus productos que, sí o sí, debe ir reflejado y concretado a modo de precio. Casualmente, en este momento me viene el lema publicitario de la cadena de distribución DIA quien allá por el año 2012 decía aquello de “calidad y precio están muy cerca” que, en su caso al menos, no dejaba de ser un reclamo publicitario alejado de la realidad practicada por dicha cadena cuya única obsesión era (y es) competir por la vía de los precios bajos.
Como decía, el valor que otorgamos a las cosas, en nuestro caso a los alimentos, debe ir en sintonía con la concreción de ese valor, ósea con el precio que fijamos, intermediarios y vendedores, y que abonamos, los consumidores. Pues bien, en estos momentos de confinamiento, de zozobra generalizada y en el que, desde las autoridades públicas y la opinión pública y publicada reconocen el valor de la actividad productora es el momento de exigir que, ese reconocimiento y puesta en valor, sea traducido a modo de precio de los alimentos para, de paso, evitar que los tractores tengan que volver a rugir por las carreteras reclamando precios justos para los productores.

2020-03-29

Toca reinventarse




No sé usted, pero en mi caso, el confinamiento lo llevo, relativamente, bien. Es verdad que la actividad, teleactividad mejor dicho, funciona al ralentí y que salvo una reunión presencial que he mantenido y la salida diaria a por el periódico y cuatro compras, no he salido de casa en la última quincena. Incluso empiezo a pensar que me estoy habituando a esta rutina hogareña donde la secuencia de las tareas (compra, trabajo, cocina, lectura, trabajo, bicicleta, tele) va completando el día a día. Y así, día tras día.
Ahora bien, que el dichoso virus y sus consecuencias tanto sociosanitarias como económicas sea el monotema de toda nuestra vida, tanto en casa, en el círculo de amistades, trabajo, medios de comunicación, etc. acarrea un agotamiento mental que supera con creces la falta de actividad física y lo que es peor, la falta de relaciones sociales.
Por eso mismo, me repatalea tener que recurrir nuevamente al monotema, retorcer el tema hasta el infinito y abordarlo desde diferentes vertientes para así poder juntar las suficientes letras con las que llenar el hueco previsto para mi filípica semanal. Comprenderá por otra parte, querido lector, que una vez que el mundo parece totalmente paralizado y lo poco que se mueve, se mueve en torno al monotema, no me cabe más remedio que incidir en el tema.
En primer lugar, me gustaría comentar los abundantes ejemplos de personas, colectivos, empresas que han optado por reinventarse ante semejante hecatombe originada por el virus de marras y por la falta innegable de clientes a los que vender o servir algo. Reinventarse, al menos en lo que a sector primario se refiere, cuestión nada baladí ni abordable en cuatro días y por ello, hablando con exactitud, quizás debiéramos hablar de readaptarnos a la nueva tesitura. En esas están los baserritarras y bodegas (txakoli, sidra) que han optado, además de continuar con los trabajos de campo, por impulsar la atención directa al consumo y prestar un servicio a domicilio para así compensar la falta de facturación, casi total en el caso de las bodegas, o su aminoración en el resto de los casos. En unos casos se trata de compensar la bajada de afluencia de clientes a los mercados, por cierre o por las medidas extraordinarias que dificultan la actividad comercial, en otros, tan sencillo, como hacer frente a una brutal bajada en la facturación dado que el principal cliente, la hostelería, ha sido obligado a cerrar sus puertas mientras que las fuertes inversiones en instalaciones y maquinaria en estas bodegas requiere de ingresos con los que hacer frente a los compromisos adquiridos con las entidades financieras.
Ahora bien, hablando de reinventarse, me llama poderosamente la atención, la capacidad de reinventarse demostrada por las comerciales cárnicas, hasta ahora centradas en hostelería, restauración y sidrerías, quienes en un arranque de hiperactividad han inundado nuestros teléfonos con envíos masivos de WhatsApp con unas tentadoras ofertas de maravillosos chuletones a precios, ciertamente, irrisorios. No me cabe la menor duda que tendrán éxito, pero en unos momentos como éstos, donde los baserritarras han demostrado su compromiso con la sociedad manteniendo cuando no reforzando la producción de alimentos y donde la gente ha dado numerosas muestras de agradecimiento para con ellos, me salen sarpullidos al comprobar que la gente opta por esos chuletones, foráneos en su totalidad, cuando las vacas y corderos autóctonos no encuentran salida en nuestro mercado. Ya lo decía el dicho “mucho ti-li-li-li y poco, ta-la-la-la”.
En segundo lugar, me quiero referir a los planteamientos que abogan por un cese total de la actividad economía, mejor dicho, al difícil equilibrio entre la actividad económica y la seguridad de los trabajadores. Por una parte, están los representantes de los trabajadores, los sindicatos al uso, quienes vienen defendiendo la paralización de la actividad económica mientras los responsables políticos y empresariales defienden el mantenimiento de la mayor actividad garantizando, eso sí, las condiciones de seguridad para los trabajadores. Seguramente, una vez más,  ambas orillas tendrán parte de razón y lo óptimo, mejor dicho, lo únicamente posible, será buscar el equilibrio entra ambas posicione, teóricamente irreconciliables, pero le tengo que adelantar que, personalmente, aun siendo conocedor del borrador de Real decreto filtrado que promueve el cese de toda actividad económica, soy claramente favorable a mantener el máximo de actividad económica posible o cuando menos, mantener el umbral mínimo de actividad en el máximo de empresas y autónomos para evitar un cierre generalizado de empresas y negocios autónomos y consecuentemente, la perdida masiva de empleo. Bajar la persiana puede resultar bastante más fácil que levantarla dentro de unos meses. Desgraciadamente, más de uno pensará, que ello no va con ellos y que la tarea de levantarla es tarea que compete a los empresarios y autónomos. ¡Así nos va!
En nuestro caso, el mundo de la alimentación y por ende, el sector productor de alimentos, en todo caso y desde el punto de vista de todos ellos, quedaría a salvo de esta parálisis porque conviene no olvidar o mejor dicho, subrayar y destacar que la alimentación y la producción de alimentos son considerados como esenciales, pero maldita gracia que le hará a más de un productor, empleado de cooperativa, industria alimentaria, transportista, veterinario, técnico, y cómo no, a los empleados de las tiendas que atienden a cientos de clientes todos los día, saber que ellos tienen que trabajar por que alguien los ha considerado esenciales, que lo son, mientras sus clientes están en casa, a salvo, siempre y cuando el peligro para los que trabajen sea como el que auguran.
Ya lo saben, toca reinventarse.

Xabier Iraola Agirrezabala

2020-03-22

En dos palabras, IM-PRESCINDIBLE





Días antes de las Navidades del 2007, acudí a la Clínica de la Asunción en Tolosa acompañando a nuestra madre aquejada por un insoportable dolor en su brazo. A las pocas horas del ingreso nos comunicaron que nuestra madre tenía dos tumores, uno de pecho y otro en el cerebro, y que presentaba, ya perdonarán los profesionales en la materia mi imprecisión, una metástasis y que la cosa apuntaba, muy pero que muy mal.
Como se imaginará el shock de los familiares fue terrible, inmenso y paralizante. Tras el primer golpe, todo, pero todo, pasó a un segundo o tercer plano y tanto es así, al menos en mi caso personal, mi único pensamiento y tarea era ocuparme de, perdonen la expresión, la madre que me parió.
Algo similar, creo, nos ha ocurrido con el coronavirus. La semana pasada andábamos haciendo bromas sobre los chinos, chanzas sobre las distancias para con aquellos que no nos caían especialmente bien o en mi caso, sobre el posible cierre de nuestra sociedad gastronómica. Por cierto, la sociedad ha sido clausurada, como es normal, pero nuestro sanedrín semanal, sabio por naturaleza, ha optado por que cada uno de nosotros cene un mismo menú, huevos fritos con patatas fritas, y luego compartirla vía foto.
Con el alma compungida y el cuerpo dolorido vivimos confinados, pendientes de la tele, del periódico y de las redes sociales que nos van desgranando los fatídicos datos sobre la salud de la población y las penosas consecuencias que tiene y tendrá sobre el conjunto de la economía, pero muy especialmente, una vez más, sobre los autónomos.
En el caso de los baserritarras, la casuística es muy dispar. Por una parte, existe una cuestión generalizada como es la de los movimientos de los propios baserritarras y/o de sus propios empleados y cómo acreditar ante la Ertzaintza el motivo de sus movimientos. Por otra parte, están los baserritarras cuyo vía de comercialización es la vía directa (mercados, ferias, grupos consumo, pequeña hostelería, etc.) que son observados por cierta gente como cuestiones menores, como puntos de venta secundarios e incluso, prescindibles, y en mi opinión, es el momento oportuno para poner en valor este tipo de alternativas, minoritarias eso sí, y consolidarlas como puntos de abastecimiento alimentario a tener en cuenta. Regúlese, obviamente, al igual que ocurre (debiera al menos) en los establecimientos alimentarios al uso, la afluencia de gente y concienciemos a la población que los mercados, antes que para pasar la mañana, tomar un vino y un par de pintxos, son lo que son, mercados de alimentos.

2020-03-15

El virus de marras



Resuenan por toda la estepa castellana-aragonesa que rodea la capital que todo lo absorbe, las carcajadas de los paisanos al escuchar las ordenes administrativas de nuestras autoridades que recomiendan que dejemos un metro de distancia entre uno y otro en aquellos eventos de más de 1.000 personas . Ellos, los paisanos, que viven en nanopueblos y acostumbrados a distancias kilométricas para poder encontrar otro poblador estepario con el que simplemente mantener una conversación, flipan en colores al escuchar las ordenes que, al parecer, no van con ellos y por la paranoia generada en las urbes ante la imposibilidad de arrejuntarse masivamente en eventos lúdicos sin los cuáles su vida pierde todo el sentido.
Mientras tanto, uno que es obediente, siguiendo a pies juntillas las instrucciones de la autoridad competente, ha optado por el teletrabajo para afrontar la dura tarea semanal de juntar letras con el objetivo último de, además de chinchar a mis seguidores más acérrimos, reflexionar y poner altavoz a la realidad del agro, sin querer pecar de presuntuoso, al menos a parte de ella. Al optar por el teletrabajo me evito el contagio del puñetero virus que, al parecer, surgió de un mercado de abastos chino donde la tropa se hacía con bichos, murciélagos y alimañas de toda calaña para satisfacer su apetito culinario y que ha provocado un estallido socioeconómico-político de dimensiones insospechables.
El coronavirus de marras, mejor dicho su expansión y su letal afección a grupos de población como las personas mayores ha provocado que las autoridades públicas, muchas veces por responsabilidad, otras veces curándose en salud, no vayan a ser acusados de inacción, hayan impulsado diferentes medidas entre las que destacan el aislamiento de determinadas zonas o poblaciones y otras medidas, menores pero no menos impactantes, como son el cierre de centros educativos, eventos deportivos y culturales de cierta dimensión, etc.
Las medidas adoptadas por nuestras administraciones han hecho saltar las alarmas de la población y así hemos podido ver escenas de acopio salvaje de alimentos, tiendas vacías y gente haciendo las compras de noche no vaya a ser que el vecino de arriba les vaya a dejar sin nada. El miedo de la población, además de libre, es una poderosa arma que los desalmados utilizan en su favor y para arrimar la ascua a su sardina. Por cierto, quisiera destacar en este sentido, que las imágenes del histerismo en el acopio de alimentos pertenecen a esas cadenas de distribución a las que nadie acude, todo Dios pone a parir pero que, paradójicamente, se llevan la mayor porción de la cuota de gasto alimentario. Mientras tanto, las tiendas tradicionales de barrio y los mercados de productores no están vacíos de alimentos, pero sí de clientes.

2020-03-08

El paraíso público



Conozco gente que tras semanas de consumismo desenfrenado y despendole incontenible, cuando van al cajero a sacar dinero es cuando caen en la cuenta de que, a lo largo de los últimos tiempos, han actuado de forma irresponsable y sin tomar en consideración las consecuencias, tan directas como innegables, de su irrefrenable pasión consumista.
Algo similar, salvadas las distancias, le ha ocurrido a la sociedad vasca con el drama del vertedero de Zaldibar que a la vez que enterraba dos vidas (confío en pronto hallazgo) desenterraba, afloraba mejor dicho, una debilidad de nuestra sociedad y de nuestro sistema productivo, la gestión de los residuos industriales, cuestión a la que, como sociedad, poca o nula atención hemos venido prestando hasta que, fatídicamente, un deslizamiento nos ha puesto frente al espejo de nuestras miserias.
Paradójicamente, ninguno, incluso aquellos que utilizan la cuestión para desgastar políticamente al Gobierno de turno, han planteado en el pasado reciente preocupación, menos aún planteamientos alternativos, por la gestión de los residuos industriales, limitándose siempre a la gestión de los residuos domésticos.
Ahora, una vez más, según algunos, la solución pasa por una gestión pública de los residuos, tanto domésticos como industriales, estimando que una cuestión tan importante como ésta no puede estar en manos de empresas que, cómo no, son por naturaleza, agentes carroñeros cuyo único fin es especular y exprimir a todo y todos con el ánimo de lograr el máximo beneficio en el menor tiempo posible. Por ello, según ellos, la gestión de los residuos debiera ser, pública.
Similar planteamiento nos presentan para la sanidad, aunque en los convenios colectivos se pelee por complementar la sanidad pública con seguros privados, también para la educación, mientras muchos de sus hij@s acuden tranquilamente a centros concertados, también para el sistema de pensiones, mientras sus correosos sindicatos plantean EPSVs para complementar el sistema público de pensiones, también para la gestión de residencias de mayores o guarderías para los niños, aunque sus chiquillos o abuelos vayan a residencias o guarderías privadas, incluso para la gestión forestal, nos plantean una gestión pública que supere la codicia de los malvados forestalistas privados emperrados en esquilmar la madre tierra con sus plantaciones de pinos y eucaliptos, etc. y así, podría seguir, con otros muchos aspectos de la vida social y económica para los que, algunos, sólo ve la gestión pública como solución posible.

2020-03-01

Low Cost




Don Luis, el ministro plano, ha decidido dar, forzado por las imparables movilizaciones de los agricultores y con el ánimo de cortar de raíz la agrorrevuelta antes de que derive en algo parecido a los chalecos amarillos franceses, un pasito adelante con la publicación en el BOE de un Real Decreto con medidas urgentes en materia de agricultura y alimentación. El BOE, a decir de mi amigo Iñaki, es la implacable maquinaria que el Estado utiliza para evidenciar su poder quasi absoluto pero si nos atenemos a lo publicado, la verdad sea dicha, no parece ser tanto el poder que atesora.

Don Luis nos dice en su boletín que el precio del contrato alimentario se hará en base a unos factores objetivos  que “En todo caso, uno de los factores deberá ser el coste efectivo de producción del producto objeto del contrato, calculado teniendo en cuenta los costes de producción del operador efectivamente incurridos, asumidos o similares. En el caso de las explotaciones agrarias se tendrán en cuenta factores tales como las semillas y plantas de vivero, fertilizantes, pesticidas, combustibles y energía, maquinaria, reparaciones, costes de riego, alimentos para los animales, gastos veterinarios, trabajos contratados o mano de obra asalariada”. Quiero ser positivo y creer en las buenas intenciones de Don Luis, pero más allá del buenismo quisiera saber cómo se determina lo que él llama el “coste efectivo de producción” en un sector tan heterogéneo como el campo, tarea que, por otra parte, atisbo harto difícil.

Igualmente, cuando Don Luis dice  que los contratos deben recoger la “Indicación expresa de que el precio pactado entre el productor primario agrario, ganadero, pesquero o forestal o una agrupación de éstos y su primer comprador cubre el coste efectivo de producción.”, me imagino la cara de incredulidad que se les debe quedar a los productores que se sientan a firmar un contrato con un agente comprador infinitamente más poderoso que ellos. Pensar que los eslabones que compran para transformar y comercializar los productos agroganaderos firmarán, sin rechistar, los contratos en base al precio señalado por el productor o cooperativa en cuestión como precio que cubre su “coste efectivo de producción” es, cuando menos, ser un ingenuo y tanto como decir que mi brillante calva va a ser repoblada por el crecepelos adquirido en el mercadillo del pueblo.

Parto de la base que todo lo que se haga por reequilibrar la cadena alimentaria, por aportar transparencia tanto a los propios eslabones que la conforman como a los consumidores finales y por empoderar a los productores, el eslabón claramente más débil, frente al resto de eslabones es tan  necesario como urgente puesto que la rentabilidad, mejor dicho su falta, es la base sobre la que pivota el monumental cabreo que anida en el sector y que ahora, finalmente, ha acabado por estallar. Es, tal y como lo define el catedrático de Economía Agraria y exministro de Agricultura en tiempos de la UCD, Jaime Lamo de Espinosa, la llamada 'presión inversa', esa asfixiante presión que que los productores llevan pegada al pecho provocada,  por un lado, por los elevados costes de producción, y, por el otro, por la caída libre de los precios de sus productos ante la presión de la distribución.    

2020-02-23

El Tijeretazo





Los tractores han tomado las calles y con ello, la población, cuando menos, ha creído conocer lo que hasta ahora decía desconocer, ósea, la asfixia permanente en la que viven, malviven sería quizás más apropiado, por culpa de unos precios miserables por los alimentos producidos. Queda patente que para una gran parte de la ciudadanía, su relación con los alimentos, comienza en la estantería del súper y finaliza en la caja registradora. Como suena, tan triste como real.

No hace muchos meses fueron las gentes de los miles de pueblos rurales que conforman 
eso que se ha venido denominando la España Vacía, Vaciada, Ignorada, Ninguneada, etc. los que acudieron a la capital del Manzanares para manifestarse y poner ante los focos la triste realidad de esos pueblitos que van perdiendo sus gentes y con ello el aliento hasta la expiración final. Cuando se materializó aquella revuelta rural, cuyo consecuencia más visible fue el nacimiento de Teruel Existe, cavilé sobre la situación de los pueblos de Euskadi y recordé aquel informe elaborado por la organización agraria ENBA que recogía los numerosos municipios que no tenían oficina bancaria y bastantes, ni un triste cajero.

Hoy, una vez más, quiero dejar patente mi enfado con esta situación que se mantiene o empeora con actuaciones como la acontecida en mi pueblo, Legorreta, con 1450 habitantes, cuya oficina de KUTXABANK ha restringido su atención de 5 a 2 días únicamente, lo cual, como se imaginará,n afecta directa y gravemente, a aquellas personas mayores ajenas a la banca online. Una vez más, queda patente que el compromiso social de algunos con el mundo rural, con sus gentes y con sus pueblos es muy endeble si nos atenemos a casos como éste donde la entidad de mayor solvencia del Estado no es capaz de asegurar un cajero en todos los municipios vascos y si en municipios de cierta entidad como el mío, su servicio se reduce tan drásticamente.

En fin, una vez externalizado el enfado que me quema las entrañas, me gustaría hacerles llegar la preocupación de la gente del campo ante la propuesta inicial y oficial de presupuesto de la Unión Europea para 2021-2027, que ha sido presentada públicamente por el presidente del Consejo Europeo, el belga Charles Michel que plantea un montante global de 1,09 billones de euros, el 1,07 % de la renta nacional bruta conjunta, e introduce importantes tijeretazos a las partidas de la política agraria común (PAC) y de política de cohesión.

La propuesta de Michel, una propuesta que como en ocasiones anteriores es un marco de gasto máximo para un periodo de siete años, es inferior al del marco financiero actual (2014-2020) para los Veintisiete que suponía el 1,16 % de la renta nacional bruta conjunta (1,082 billones). Con la propuesta del 1,07%, el belga se encuentra incluso por debajo de la propuesta de la Comisión Europea que plantea que el presupuesto suponga un 1,11 % de la renta conjunta (1,13 billones de euros), para así hacer frente al entuerto de entre 10.000 y 12.000 millones de euros anuales que deja la marcha del Reino Unido.

Charles Michel plantea, haciendo suya la máxima de que no quitarás de donde no hay, meter la tijera en los capítulos más importantes, las partidas agrícolas y de cohesión, y así plantea un recorte del 13,9 % en la PAC y del 12,1% en los Fondos de Cohesión. ¡Ahí es nada!


A muchos de ustedes, estas cosas se las traerán al pairo, pero aún así quisiera trasladarles, una vez más, un único apunte con el que podrán comprender mejor las movilizaciones de los agricultores de estas últimas semanas.

Según datos oficiales proporcionados por el propio Ministerio de Agricultura, la renta media de la actividad agraria frente al resto de actividades económicas, apenas supera el 71% de esta renta del trabajo tomada como referencia, por lo tanto, los datos indican que la rentabilidad de la actividad agraria no permite remunerar todos los factores de producción, incluyendo el trabajo aportado por el agricultor pero, aún peor, si proyectásemos estos datos a un escenario sin PAC, donde obtendríamos que la renta agraria sería el 35% de la renta media.

Como comprenderán, aunque ni uno solo de los productores quiere las ayudas puesto que lo único que quieren es vivir dignamente del precio de sus productos, no podemos olvidarnos que las odiadas ayudas PAC conforman una importante red de seguridad sin la cuál aquí, sobre la piel del toro, no quedaría ni el tate.

Ahora, cuando enciendan la tele o lean el periódico, estoy seguro que empatizarán más con los agricultores movilizados. Ahora bien, lo que realmente necesitan es que ustedes y yo, empaticemos con ellos, cada vez que hagamos un acto de compra de alimentos.

No lo olviden.
Xabier Iraola Agirrezabala



2020-02-16

Radio María



Les tengo que reconocer, valiéndome que la  todopoderosa  ministra ecológica Teresa Ribera no lee este tipo de artículos,  que mi coche, viejo y diesel, es un portento de la mecánica moderna  porque además de contar con un buen radiocasete que, en función de los baches, va saltando de la radio al casete de rancheras, cuenta con una poderosa antena que capta, sobretodo, a la emisora de Dios, ósea, Radio María que, ríanse ustedes, es la más potente del radial al contar, parece, con el apoyo del más allá y con el respaldo de esos oyentes que buscan el dial con una mano mientras con la otra manejan el rosario o se flagelan por sus pecados.
Convendrán conmigo sobre la importancia de contar con una buena antena para captar lo que fluye por el aire, por la atmósfera o por donde ustedes quieran apuntar porque en caso contrario, como bien sabemos los propietarios de coches antiguos, puedes pasarte todo el viaje intentando encontrar una emisora que, ¡qué menos!, se escuche en condiciones.
Pues bien, leo estos días que el Ministerio, antena mediante,  ha escuchado las quejas de las protestas y movilizaciones de los agricultores y que consecuentemente está más que decidido a impulsar una serie de cambios en la regulación de precios, interceder ante las grandes cadenas de la distribución e introducir las modificaciones pertinentes en la Ley de Cadena Alimentaria. Ley de la Cadena, impulsada por el correoso Cañete, que si bien fue un buen inicio, no ha tenido ni el desarrollo necesario ni la aplicación ni resultados previsibles.
Pues bien, el plano ministro se ha despertado de la siesta con el ruido y escandalera generada por los baturros del campo y al parecer, se pone al frente de una administración que, ahora sí, quiere poner algunos remedios a las graves heridas por las que se desangra el sector.
Visto lo visto, me surgen algunas cuestiones que quiero compartir con ustedes. En primer lugar, me pregunto qué clase de pituitarias olfativas tienen nuestros responsables, actuales y pasados, políticos y/o qué tipo de antenas cuentan nuestras administraciones, desde la más cercana hasta la más lejana, que no han sido capaces de detectar los graves problemas que sufre el sector productor. ¿Será que el alcanfor de las alfombras palaciegas les anula el olfato para detectar el mal genio y el olor a ese gas metano que genera nuestro sector primario al fermentar las numerosas injusticias acumuladas a sus espaldas? ¿Será que ningún asesor, director, jefe de servicio, director de oficina comarcal, etc. ha sabido trasladar con éxito a sus superiores el malestar reinante y la asfixia económica en que viven esas gentes del campo que, diariamente, acuden a la ventanilla institucional correspondiente? ¿Será que la antena de las alarmas palaciegas no ha detectado el deterioro de la situación del sector productor y ha tenido que ser el humo de las protestas, cortes de carreteras y los gases lacrimógenos de los mamporreros apaleadores de agricultores los que las han hecho saltar?
No creo, para nada, que nuestros responsables políticos no fuesen conscientes de las dimensiones y profundidad del problema, que hayan sido capaces de asumir sin problema lo que está ocurriendo, lo cual, si me lo permiten, creo que  todavía es peor en tanto en cuanto a la falta de olfato de nuestros dirigentes debiéramos sumar su pasividad, inactividad y desidia.  

2020-02-09

Ése no es el problema




Visitaba el ministro Planas una feria en Extremadura cuando las movilizaciones agrarias fueron recibidas a palos no fuera que Don Luis fuese interpelado por los furiosos productores que estaban a las puertas del recinto ferial. Los televidentes se sentaron a la mesa de la cocina impresionados con las imágenes de la sarta de palos que los policías propinaron a aquellos agricultores que pretendían arrimarse al ministro y compañía para susurrarles al oído las verdades del barquero que no es otra que la falta de rentabilidad que asfixia al actual sector productor, vacía los pueblos y mata toda esperanza para el sector en su conjunto.

Luis pensando que la protesta era un calentón más, algo momentáneo, pensó quizás que sería suficiente con salir por peteneras y así, agarrando el rábano por las hojas, refiriéndose a la subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI), en su particular minuto de gloría, dijo la frase de oro: “ése no es el problema”.

Cuando los agricultores de Extremadura protestaban por los bajos precios de sus productos e incluían en su argumentario la cuestión del SMI, algo por otra parte comprensible para regiones como esa donde la agricultura requiere de mucha mano de obra, Luis, intentando restar importancia al argumento principal, la falta de rentabilidad, y queriendo desenfocar, mediáticamente hablando, la cuestión acabó diciendo aquello de “ése no es el problema”.

Cuando los ganaderos escuchan, día sí y día también, los griteríos de los animalistas en contra de la ganadería, insultando a los profesionales, denostando la actividad y colocándolos en la diana mediática como verdaderos delincuentes y cuando, tras la actuación de estos alocados, en vez de una defensa del sector, se encuentran con una administración que se coloca de perfil pero que al mismo tiempo avanza, estruja y asfixia con la legislación de bienestar animal hasta el punto que muchos animales viven mejor que los propios ganaderos, en ese momento escuchan decir al funcionario de marras, las palabritas mágicas: “ése no es el problema”.

Cuando agricultores europeos protestan por los acuerdos internacionales y transcontinentales que va firmando la UE para así poder acceder a los mercados industriales, tecnológicos y de servicios de países terceros aún a costa de sacrificar el sector agrario europeo y cuando tras la firma del acuerdo, pomposamente firmado entre flashes y banderas, comienzan a llegar a nuestros puertos los containers de producto proveniente de aquellos otros países, con condiciones laborales y sanitarias inferiores a las europeas , haciéndonos la puñeta en nuestra propia casa, entonces, el comisario europeo de marras, recurre a la frasecita de las pelotas: “ése no es el problema”.


2020-02-02

La Nevera Vacía




De pequeño, tanto en la catequesis del pueblo como en mis años de colegio en los Padres Reparadores, me inculcaron reiteradamente sobre la existencia de la Santísima Trinidad conformada por tres personas, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, que conjuntamente mostraban (ya me perdonarán los teólogos) las tres “caras” de un mismo Dios.
Pues bien, este último domingo asistí a un homenaje a la Santísima Trinidad personificada en el gran Nikolas Segurola que aúna en su persona tres facetas, tan diferentes como inseparables de su persona, puesto que nuestro afable protagonista es fraile franciscano, pastor y bertsolari a la vez. Los baserritarras de ENBA le distinguieron con el galardón Baserritarron Laguna (Amigo de los Baserritarras) conscientes del inmenso y fructífero trabajo desempeñado por este grandioso a la vez que humilde franciscano en pro del pastoreo.
Por el contrario, estos últimos días, otros amigos de los baserritarras, ésta vez de los ganaderos de la Sierra de Aralar han sido llevados a sede judicial por haber votado, como representantes municipales de sus correspondientes municipios, a favor del acondicionamiento de un camino en terrenos pertenecientes a la Mancomunidad de Enirio-Aralar. Los 7 corporativos (a los que les acompañarán técnicos y responsables forales en las próximas semanas) han sido denunciados por un colectivo ecologista por lo dicho, acondicionar y mejorar un camino previamente existente con el único objetivo de meterles el miedo en el cuerpo, a ellos siete y por extensión a todo aquel que se atreva a algo similar en el futuro, mostrándoles bien a las claras el calvario que les deparar siempre que apoyen algún proyecto que, según ellos, incumple la legalidad.
Este mismo colectivo y los que les amparan políticamente con su silencio, callaron mansamente cuando los responsables de dicha Mancomunidad mantuvieron una patente inactividad, un pasotismo descarado y cuando no se ha realizado inversión alguna para mejorar las condiciones de vida y de trabajo de los ganaderos de montaña pero, eso sí, saltan como muelles cuando hay algún responsable político que osa en llevarles la contraria y salirse del redil de lo ecológicamente correcto y del imperio del buenismo medioambiental.

2020-01-26

Todo un profesional



El pastelero me llamaba de joven un compañero de batallas cuando según él, era capaz de negociar, retocar y retorcer mis argumentos sobre todo aquello que él consideraba intocable, la esencia a preservar y la columna vertebral sobre la que, según su opinión, se asentaba toda nuestra filosofía.

Con la edad, como se imaginarán, la cosa no ha ido a mejor, según el punto de vista de mi amigo de lucha y creo seguir siendo una persona con ideas y criterio propio pero, precisamente por eso, al estar tan seguro de lo que opino, al mismo tiempo, ello mismo me permite ser lo suficientemente flexible, tolerante y pragmático para, en la medida de lo posible, sacar adelante mis propuestas.

Estos últimos días donde el país gira ante el conflicto inexistente del pin parental que nos han colado los voxeros, huyo como gato del agua de dichos conflictos virtuales para centrar mis neuronas en otros temas más reales y que me preocupan y ocupan algo más. Precisamente,  recientemente leía una información sobre la numerosa gente que percibe ayudas directas de la PAC (Política Agraria Común) aún ejerciendo otra actividad ajena a la agricultura. Resumiendo, la gente que en nuestra argot sectorial denominamos “agricultores mixtos” en tanto en cuanto tienen, además de la actividad agroganadera, otra remuneración proveniente de la fábrica, servicios, funcionariado, etc.

Estos productores mixtos, pluriactivos los llamaría yo, son la inmensa mayoría de los productores vascos (situación trasladable a otras muchas comunidades autónomas) que comparten tiempo y fatiga entre la actividad primaria con el objetivo de complementar su renta base proveniente de otras actividades no agrarias y con otro objetivo, no menos importante, al menos en la vertiente cantábrica, como es el mantenimiento y cuidado de las tierras y bosques familiares que en gran parte están ubicados en la proximidad de la casa familiar.

2020-01-19

El relato




El relato es, según mi amigo Iñaki, lo más importante en el momento de comunicar bien sea un producto, un plato o un acuerdo político. Incluso tan importante, o más, que el propio producto, plato o acuerdo político.

Cuando uno intenta comercializar un producto nuevo, al menos en lo que a alimentación se refiere, en el momento de comunicar resulta clave que el producto tenga una historia, un relato con el que llegara sensibilizar y emocionar el hipotético consumidor. Incluso, hay asesores que, sibilínamente, te aconsejan, en caso de que el producto no tenga nada especial que transmitir, que te inventes un relato con el que envolver, cuál celofán, el producto a comercializar.

Con el nuevo gobierno español ocurre otro tanto. En primer lugar, tuvimos que escuchar el relato con el que justificaban la falta de acuerdo en las elecciones de Abril, posteriormente, nos dieron los detalles del nuevo relato sobre la idoneidad del momento para alcanzar un acuerdo entre las fuerzas de la izquierda y finalmente, escuchamos el relato sobre las bondades del acuerdo programático y sobre la elección de los miembros ( y miembras) del nuevo ejecutivo.

En lo que respecta al apartado agrario-rural, lo admito, el chasco ha sido monumental. Empezando por las personas y dado que no es secreto alguno para mis lectores, creo que la reelección de Luis Planas como Ministro de Agricultura es una pésima noticia para el sector primario puesto que este político de amplio bagaje por Andalucía y por las instituciones europeas, en mi humilde opinión, es un político plano, sin arrojo, sin arranque que diría mi madre, sin ideas propias y lo que es peor, un político que afronta las cuestiones con su perenne sonrisa pero sin entrar al tajo, sin pisar callo alguno, rodeando cualquier charco y ejercitando el noble oficio taurino, muy propio de su tierra andaluza, con unas bellas chicuelinas con las que manda los toros (problemas) al rincón del olvido.

Ya desde su entrada, tras la moción de censura a Rajoy, nos dejó bien claro que él venía a gestionar el status quo, mantuvo el mismo equipo de la ministra Tejerina (algo lógico al ser una legislatura ya comenzada) y por lo que me cuentan los mentideros ( o mentidores) de la capital, actualmente trabaja sobre la idea de continuar con el mismo equipo y sobre parecidas ideas o líneas de trabajo. En definitiva, por muy gobierno de coalición que sea y por muy progres que sean sus compañeros de fatigas, que nadie espere revolución o revolcón alguno del Palacio de Atocha ( sede ministerial). Aún así, les relato, no vayan a creerse ustedes que son ellos los únicos que poseen relato, que me encantaría errar en mis previsiones. Ya lo iremos viendo.

Pues bien, como decía el relato es, al parecer, lo realmente importante y en estos tiempos de la sobreinformación, donde se sitúan al mismo nivel y se mezclan, intencionadamente, estudios científicos rigurosos, con mensajes publicitarios, engaños llamados fake news, etc. , es en estos momentos de tanto tuit y guaxap de marras cuando resulta invisible o imperceptible el mensaje de alarma que nos lanzan los ganaderos de vacuno lechero de nuestro país, un grito desgarrador puesto que la cadena alimentaria, ósea la distribución y/o la industria transformadora, les tienen amarrados a la pata de la vaca, con un exiguo halo de oxigeno que imposibilita sacar adelante sus familias, con un sistema de organización similar a la integración pura y dura y lamentablemente, sin espacio alguno para el futuro de los más jóvenes.

2020-01-12

Talento y Talante


Talento y talante

Vuelvo de las vacaciones navideñas con un par de kilos adosados a la cintura como la cartuchera que lucía John Wayne en sus películas, fondón y desentrenado porque aunque les tengo que reconocer que uno es adicto al ejercicio de juntar letras, las vacaciones hacen estragos y uno pierde agilidad mental y agudeza visual para captar lo que es noticia o noticiable de lo que es simplemente, bazofia.



Eso sí, por muy relajado y ocioso que esté uno, no sé si es por defecto de fábrica o por habilidad innata pero es inevitable que uno mire la realidad que le rodea , las noticias que lee y/o escucha con las agrogafas que no acabo de quitármelas y que como imaginará, irremediablemente, condicionan mi mirada. Pues bien, en esas estamos cuando cae en mis manos una publicación titulada GITalent, impulsada por el diario Noticias de Gipuzkoa con la colaboración de la Diputación Foral de Gipuzkoa, la Cámara de Comercio y la patronal ADEGI. Abordo la lectura de forma rápida, diagonal, desde la distancia que me causa este lenguaje técnico tan propio de las consultoras empresariales cuando las sabias palabras de Nerea Burgoa de ULMA me cautivan y provocan en mí un torbellino de reflexiones sobre cuestiones tan diferenciadas y entrelazadas al mismo tiempo como son el talento, la oferta de valor, cuestiones extra monetarias, etc. Según Burgoa, las claves para atraer y retener talento en una empresa es ofrecer una buena oferta de valor para el empleado que, por lo que cuenta, no tiene por qué estar ligada a un gran sueldo. Habla de una oferta de conciliación entre ámbito profesional y personal, de tener un entorno de vida saludable y disponer de infraestructuras de primer nivel en las que desarrollar sus profesiones.

Unas páginas más adelante, el emprendedor Hasier Larrea afirma lo siguiente: “no se trata de retener el talento en una prisión para que no se vaya, el talento tiene que fluir y moverse. Como empresa o como territorio hay que conseguir ser una parada en el que crezcan, cambien o se vayan. Aunque, lógicamente, hay que conseguir que como organización el talento que se va pueda igualarse cono el que viene.”.

Leo y entrelazo ambas reflexiones, las paso por la mirada de mis agrogafas y me surgen infinidad de reflexiones sobre la gestión del talento en el mundo agrario, bien sea la atracción de nuevos talentos bien sea la retención del talento que anida en nuestras explotaciones familiares. Por cierto, unas explotaciones familiares, pequeñas y diseminadas por el abrupto territorio.