TORKEMADA

Zapatero a tus zapatos

2019-04-21

Zapatero a tus zapatos


Mi amigo Patxi dice que soy un “zirikatzaile” (provocador) profesional que disfruto sacando a la palestra temas polémicos y/o poniendo negro sobre blanco lo que mucha gente de mi círculo (productores, pequeños elaboradores, gente del rural, etc.)  piensa y no se atreve a expresar, claro está, en público y publicadamente. De haber ostias, parecen concluir, que sean para Xabiertxo, el menda, ya que resulta más cómodo que los golpes los reciba uno sólo mientras el resto vive plácidamente tras el parapeto.
En fin, qué le vamos a hacer, me consolaré con que entra dentro del sueldo. Pues bien, hoy vengo con cosas más tranquilas y que no generan tanta polémica como son las cosas del comer porque está meridianamente claro que el placer de comer es un placer muy, pero que muy extendido.
Relacionado con la temática, recientemente he podido leer que la cesta de la compra española es una de las más baratas de la Unión Europea (UE) y si tomamos como referencia los 15 principales países, exceptuando Portugal, España tiene la cesta más barata incluso con 19 puntos de diferencia para con países de PIB muy similar al nuestro como es Italia y muy alejados de Alemania que nos saca 30 puntos.
Analizados diversos factores que pudieran explicar el porqué de dicho comportamiento y de los bajos precios de los alimentos en un país que alardea de comer fantásticamente, todo apunta que el factor diferencial sería la extensa red de de puntos de distribución, con diversidad de formatos  que, como era previsible, compiten a muerte entre ellos por su correspondiente cuota de mercado. En resumen, es la competencia en la distribución la que justifica que España cuente, en líneas generales, con una alimentación tan barata.
Adentrándome en la cuestión y ojeando un reportaje monográfico sobre la distribución de base alimentaria en el País Vasco y Navarra redactado por Rosa de Lera en la revista Alimarket del mes pasado, podemos observar que la superficie comercial en Euskadi creció en un 2,6% frente al 1,9% de media estatal y así, cerramos el ejercicio con 947 establecimientos con 598.005 m2 frente a las 925 tiendas y 582.824 m2 del año precedente. Navarra, por otra parte, sólo creció un 0,8%.

2019-04-14

Con los pies en tu tierra




Imagino a mi apreciado Carlos Etxeberri con el que comparto tribuna en el periódico Noticias de Gipuzkoa haciéndose el harakiri al conocer la noticia de que el fondo británico Zegona se ha convertido en el primer accionista de la empresa Euskaltel tras lograr una participación del 20,94% por delante del 19,8% que tiene Kutxabank. Todo los domingos dando (con razón) la matraca sobre la importancia que tiene para el futuro de nuestro país que las grandes empresas tractoras estén bien enraizadas y participadas por fondos autóctonos para que, vayan unos hijos de la gran bretaña, a comerse, coloquialmente, nuestra joya de la corona.

Incluso para mí, personalmente, ha sido un pequeño shock puesto que mantengo desde su inicio un vínculo sentimental con la marca naranja (incluso la sede central en Zamudio cuenta con una sala de nombre Legorreta, mi pueblo) y ahora esta noticia, ahondando aún más en el incomprensible abandono de su equipo ciclista por el que suspiraba todo el país, me deja totalmente perplejo y a la espera del devenir futuro para saber si mantengo mi vínculo o si por el contrario paso a un estado de orfandad y consecuentemente, me instalo en el mundo de las ofertas. Sé que el Lehendakari Urkullu ha salido a la palestra a tranquilizar a la gente, principalmente a empresarios y sindicatos, sobre las garantías estatutarias para el mantenimiento de la sede aquí pero, en mi humilde opinión, a parte de la cuestión empresarial y fiscal ligada a su sede social, creo que el tema va mucho más allá.

Hablamos del vínculo de una empresa con el país que lo acoge, eso que Carlos Etxeberri nos repite domingo sí y domingo también, y cuando digo vínculo hablo de compartir estrategias y retos de futuro, compartir los beneficios para el bien común porque, básicamente, en ello nos va el futuro de todos, de la empresa, de sus empleados, proveedores y clientes que, entre todos, conformamos eso tan etéreo como es la sociedad.

2019-04-07

Las cifras del paro




Este año celebro las bodas de plata. 25 años de casado con la misma mujer. No se crean que es mérito mío, el mérito es el de la parte contratante que ha sabido llevar, con infinita paciencia y humor, mis rarezas que, dicho sea de paso, no son pocas. Si a esos 25 les sumamos los 4 años de noviazgo, convendrán conmigo que visto el panorama social actual, soy (somos) un bicho digno de análisis y estudio sobre la fidelidad a una persona porque les tengo que reconocer, ahora que no nos oye nadie, que mi actual esposa también fue mi única novia, ósea, me rio yo de la puntería de algunos cazadores, en mi caso, 1 de 1.

Pues bien, hace 25 años viajamos a Nueva York (no sé olviden que la parte contratante es del gran Bilbao) y aparte de la dimensión gigantesca de todas las cosas, me llamó la atención sobremanera, al menos en los puntos turísticos y establecimientos hosteleros que frecuentamos, la fragmentación social papable siendo fácilmente constatable que los trabajos más elementales y por ello, peor retribuidos, eran ejecutados por personas de origen latino o de raza negra mientras los encargados, jefes y propietarios eran anglosajones.

25 años después, sin ser un agudo especialista del mercado laboral y sin querer descubrir el Cantábrico, creo que estamos muy cerca o cuando menos, acercándonos a pasos forzados a una situación similar a aquella, donde los trabajos más básicos de la hostelería, servicios, mantenimiento, agricultura, etc. son y serán ejecutados por personas inmigrantes, porque por muy asombrado y/o indignado que se ponga el autóctono de turno, la verdad sea dicha que los autóctonos no quieren (queremos) empleos en los que los horarios sean amplios y flexibles, en el que tengas que trabajar los fines de semana, el trabajo sea algo más duro que el de oficina y más aún, si los salarios no son boyantes.

En Euskadi, las cifras oficiales de desempleo apuntan que el número de desempleados registrado en los servicios públicos de empleo en la Comunidad Autónoma Vasca bajó en marzo en 1.911 personas respecto a febrero, el -1,59 %, y la cifra total de desempleados queda, así en 117.952, constatándose respecto a marzo de 2018, un bajón en la CAV en 9.212 personas, es decir, una bajada interanual del 7,24%. En una primera y rápida mirada, podemos calificar como buenos los datos, si bien, acercando la lupa, podemos caer en la cuenta el desigual comportamiento en función de la edad y del tipo de contrato.

Mirando los datos del mes de febrero último publicados por el LANBIDE de el Gobierno Vasco, me llaman la atención tres cuestiones, primero, que el 61% de los desempleados son de baja cualificación, es decir, que tienen como mucho estudios de enseñanza obligatoria, segundo, que los extranjeros (supongo que con papeles) suponen el 16% de los desempleados y tercero, únicamente el 30% de los desempleados tienen derecho a cobrar la prestación por desempleo y tras rumiar los datos, me surgen alguna preguntas: ¿qué hacen esos aproximadamente 73.000 desempleados, el 61% de los 120.000 desempleados totales, y/o hacemos como sociedad para que mejore su cualificación viendo que el nivel de cualificación es inversamente proporciona a la tasa de desempleo? ¿de qué sobreviven ese 16% de desempleados extranjeros, muchos de ellos, sin la red de seguridad que supone el entorno familiar y cómo lo hacen ese 70% que no percibe la prestación del paro?.

En lo que respecta a lo que yo sobrevuelo, el sector primario o primer sector, aún en un sector productivo tan pequeño y limitado como el sector primario de Euskadi, sufre una importante falta de mano de obra para sacar adelante las tareas del campo, la ganadería y la actividad forestal y algunas explotaciones hay que, por un mínimo contratiempo o enfermedad dentro de la familia, ni pueden acometer las actuales tareas y menos aún, pensar en posibles proyectos de futuro con mayor dimensión. Los ganaderos de leche, los horticultores, viticultores, pastores, etc, se las ven y se las desean para encontrar gente para trabajar en sus explotaciones y tal es el panorama que, olvidando cualquier tipo de condicionantes y exigencias, lo único que se busca es gente con ganas de trabajar y en el caso de los inmigrantes a los que se ayuda a tramitar los papeles, un mínimo de permanencia con el que dar estabilidad a la actividad.

En algunos casos, la escasa rentabilidad del sector impide abonar salarios que puedan competir con otros sectores, en otros casos es la dispersión, lejanía y soledad de los caseríos los motivos que retraen a la gente desempleada; en otros, porque negarlo, se niegan a trabajar de forma legal (sin caer en la cuenta del peligro que ello acarrea para el empresario) puesto que así pueden seguir percibiendo algunas ayudas y subsidios y en el caso de las personas inmigrantes es la falta de papeles (además del laberinto administrativo para conseguirlos) lo que dificulta su inserción laboral. Por una u otra razón, la cosa es que los profesionales del campo, aquí en Euskadi y no me quiero ni imaginar en otras latitudes peninsulares, no encuentran mano de obra para su actividad, ni inmigrante ni, menos, autóctona.

Viendo la situación de otros sectores y me estoy acordando de un amigo hostelero, quizás el único remedio que les quepa a los agricultores es aferrarse al dicho popular “mal de muchos, consuelo de todos (tontos)” que, a la postre, resulta tan popular como inútil.

Xabier Iraola Agirrezabala


2019-03-31

REVOLTOSOS



Bilbao, Derio más exactamente, ha sido esta semana última la capital mundial de la Agricultura Familiar que ha tenido su epicentro en el viejo seminario donde el Foro Rural Mundial (FRM) ha organizado la sexta Conferencia Global sobre el Decenio de la Agricultura Familiar.
El evento forma parte del Decenio de la Agricultura Familiar aprobado por la FAO, organismo internacional que ha considerado conveniente que este minúsculo grupo, el FRM, sea uno de los miembros de la Comisión de Pilotaje de ese Decenio y por ello, el Foro ha aprovechado esta Conferencia para debatir y aprobar su programa de acción que, a la postre, será una las claves sobre las que se sustentará el mencionado Decenio.
En el transcurso de dicho evento el FRM ha renovado su Junta Directiva que, tal y como dijo uno de los allá presentes, cada vez es más rural y cada vez más mundial, puesto que contará con la presencia de organizaciones, plataformas, centros de investigación, ONGs, etc. de los cinco continentes y también ha sido una excelente ocasión para materializar el relevo en su presidencia donde el impulsor y alma mater del Foro, Joxe Mari Zeberio, ha sido relevado por Martin Uriarte, representante de la Federación de Cooperativas Agroalimentarias de Euskadi.
Como decía, Joxe Mari Zeberio fue el artífice de la creación del FRM y ha sido a lo largo de sus 20 años el alma mater de dicha organización, el timonel que marca el rumbo en las complicadas aguas internacionales y que armado de humildad, optimismo, realismo también e insistencialismo, ha sabido rodearse de un magnífico equipo de trabajo y con su innegable humanismo ha sabido recabar el apoyo de diferentes organizaciones, colectivos e incluso líderes políticos que han quedado prendidos del magnetismo de su sencillez. Prueba de ello es la alta representación institucional con que ha contado la Conferencia Global.
No se crea que es baladí el tema. Por mucho que usted piense que los políticos están deseando sacarse fotos con todo pichichi, no se crea que resulta nada fácil atraer la atención de los políticos para un tema como éste, tan importante como poco glamuroso y por ello me ha sorprendido, gratamente, que los principales partidos políticos de Gipuzkoa hayan aceptado participar en un Encuentro productores y asociaciones del agro, organizado por ENBA, para dar a conocer sus propuestas políticas para el sector primario, posicionarse públicamente ante los temas candentes que plantee la organización y finalmente, para que los productores puedan preguntar, preguntar, agradecer y/o quejarse, en directo, a los candidatos a diputado general. La cita, haciendo propaganda, el viernes 5 de abril en la Escuela Agraria de Fraisoro.
Recabar la atención de la clase política hacia el sector primario, como decía, fuera del periodo electoral, es más que difícil por ello es más patente, necesario y urgente que la gente del campo despierte, se movilice y comience a reclamar lo suyo con guante de seda pero con puño de hierro. Los baserritarras y productores en general deben saber que tienen más poder que el que creen, que no son tomados en consideración mientras estén adormilados y callados pero que son muy temidos una vez que toman la decisión de movilizarse puesto que los políticos son sabedores que si un agricultor recurre a la revuelta y protesta, es porque está hasta los mismísimos.

2019-03-24

El león de mi cuñado




No sé si sabrá que cada día del calendario es adoptado como el día internacional de numerosas efemérides, causas loables y de paso, de un montón de peregrinas chorradas. Pues bien, le informo que el pasado 21 de marzo se celebraba, entre otras cosas, el Día del Síndrome de Down y el Día de los Bosques.

Mi vinculación con el Síndrome de Down es familiar puesto que mi cuñado Aitor es un claro ejemplo de persona con un trastorno genético en el cromosoma 21 que, al menos en su caso, se caracteriza por su afabilidad, alegría (salvo cuando pierde el Athletic), empeño en su trabajo (en un taller protegido de Lantegi Batuak), su apego a la familia y porqué no decirlo, su amor a la carne y muy especialmente, a la txuleta. Como buen león es un gran carnívoro que supera con creces los 8 kilos/año de carne de vacuno que consumimos como media los vascos (bastante más que los 5,19 kilos de media estatal) y mucho me temo que será uno de los pocos que compensará la reducción del 27% en los últimos 10 años que trae por la calle de la amargura a carniceros, distribución y además, también a los ganaderos.

A Aitor, más allá del bocadillo matutino del blanquecino pavo recomendado por el sanitario de turno, lo que le priva es la carne de vacuno, por lo que imagino que no alcanzará a comprender que en el conjunto de la Comunidad Autónoma Vasca, el consumo de carne fresca en total, incluyendo todas las subespecies (cerdo, conejo, ovino-caprino, pollo y vacuno) con 33,96 kg/año ( un kilogramos menos que la media estatal) se haya reducido “sólo” en un 5% en los últimos 10 años mientras, como decía antes, el vacuno ha bajado el 27%. Tanto es así que desde el año 2014 el consumo de carne de cerdo supera a la carne de vacuno y la diferencia se va incrementando con el paso de los años.

Queriendo informarme sobre la cuestión, arrimo la lupa al último Informe Anual del Consumo Alimentario del Ministerio correspondiente al año 2017 y compruebo que si bien en términos de volumen, el 37,1% de los kilos de carne fresca consumida en el hogar pertenecen a pollo, el 29,3% a cerdo, y el 14,8% restante a vacuno, debemos tener en cuenta que en términos de valor, lidera la categoría la carne fresca de cerdo con el 28,9%, seguida del pollo con el 25,7% y por último el vacuno con el 23,5%. Es decir, según mi aguda vista, podemos afirmar que el consumo es inversamente proporcional al precio.

Ahora bien, y refiriéndome ya en concreto a la carne de vacuno y cuando se pretende fijar una estrategia de futuro para el sector vacuno conviene tener en cuenta diferentes aspectos y entre ello, uno, el perfil del consumidor que consume el tipo de carne que uno produce, por ello, los ganaderos y sus cooperativas deben ser conscientes que el perfil del hogar consumidor es el constituido por parejas con hijos mayores, también destacan con un consumo intensivo tanto parejas adultas sin hijos como retirados, así como adultos independientes y llama la atención sobremanera que son los hogares formados por retirados quienes mayor consumo per cápita realizan de la categoría con una ingesta media de 8,56 kilos por persona y año. Mal asunto, por otra parte, que el mayor consumo de carne de vacuno (ocurre algo similar con otras carnes salvo en el pollo) esté vinculado a gente adulta, mayores y retirados y el peso de los más jóvenes sea más bien escaso.

2019-03-17

Dar la espalda






Mi amigo Joxemanuel Etxeberria nos ha dejado. Un infarto colosal ha segado su vida que, a sus 74 años, estaba llena de proyectos y de vitalidad. Cuando estaba activo laboralmente en el mundo de las aseguradoras compaginó su brillante trayectoria profesional con no pocas inquietudes socio-políticas y son muchos los ejemplos de su trabajo en pro de la democracia, contra la tiranía del dictador y de ETA, su lucha en pro del euskara y de las ikastolas y tras su retiro laboral, fue cuando se volcó en la faceta más social entregándose en cuerpo y alma a los más vulnerables, desfavorecidos y en especial, a las personas ancianas. Era humano a más no poder y fiel reflejo de ello es el dolor que le causaban ciertas decisiones empresariales que, en aras a lograr el máximo beneficio, se olvidaban de que tras cada cifra y porcentaje existen personas con sus circunstancias y vicisitudes. No era partidario de grandes proyectos y forzados protagonismos si no de innumerables pequeños proyectos que, concatenados, modelaban una gran tarea puesto que era consciente de la importancia de los pequeños detalles. Puestos a filosofar, me atrevería a llamarlo “la grandeza de lo diminuto”.

Algo parecido deben haber pensado algunos cabezas pensantes de la política que han caído en la cuenta que ese desierto central que alberga la Península Ibérica, eso que hemos venido llamando la España Vacía es, a pesar de su gran extensión pero ínfimo peso demográfico, vital para el gigantesco objetivo de ganar las elecciones al Gobierno Central. Así, hace unas semanas veíamos a Pablo Casado en una ganadería de leche de Ávila, Santiago Abascal apelando, día sí y día también, al mundo rural, a la caza y la tauromaquia y hasta el mismísimo Pedro Sánchez lo hemos visto entre vacas.

Estas miniprovincias han recabado el interés de las maquinarias electorales de los diferentes partidos políticos quienes conscientes de la volatilidad del voto y de la fragmentación del mismo, a la diestra y a la siniestra, son sabedores que cualquier pequeño incidente o revuelta puede acabar con el oasis electoral que hasta el momento disfrutaban los del bipartidismo, especialmente el Partido Popular y tanto es así que según los analistas de la cosa, en los restos de esas miniprovincias se hallan aproximadamente unos 25-28 votos que serán pueden inclinar la balanza hacia uno u otro lado. Les prometerán el oro y el moro. Les distraerán con cuestiones de banderas y con grandes temas que poco tienen que ver con nuestro día a día. Mientras tanto, sus pueblos, territorios y su vida seguirán marchitándose sin que sus habitantes sepan, sepamos, reaccionar y acertar.

Soy de la opinión, seguramente errónea, que gran parte de la culpa de la dramática situación de la España Vacía es de sus propios habitantes y de aquellos miles de personas que la abandonaron en los últimos años que con su apoyo y sus votos mantienen a aquellos que, aún hablando del carácter estratégico del mundo rural, legislan y gobiernan el día a día mirando, única y exclusivamente, a las ciudades y dando la espalda al rural.

Creo que cada vez que un gobierno, sea de la escala que sea, legisla sobre ratios y mínimos inhumanos de pacientes en sanidad, alumnos en educación, … se está dando la espalda al rural. Cada vez que se invierten ingentes presupuestos en megainfraestructuras (autopistas, trenes, …) mientras se abandonan los trenes de cercanías y las carreteras comarcales se está dando la espalda al rural. Cada vez que la expansión de las infraestructuras digitales más básicas y vitales para la vida moderna se limitan a las urbes y su alcance al rural se retrasa hasta tiempos inmemoriales donde dicha tecnología ya nace obsoleta, entonces también se está dando la espalda al rural. Cada vez que un gobierno legisla y actúa guiado por las sinsorgadas de conservacionistas de sofá y se ignora la realidad de la gente que vive y trabaja con, por, para y de la tierra y los animales, también se está dando la espalda al rural. Cada vez que un gobierno gobierna siguiendo los cantos de sirena de los animalistas más radicales y se olvida de la función social y medioambiental de la caza, nuevamente, estará dando la espalda al rural. Cada vez que un partido político “coloca” un candidato ajeno a su provincia aún a sabiendas que no tiene apenas vinculación con la misma y que nada más gana el escaño no la volverá a pisar en los siguientes cuatro años, ¡cómo no!, también se está dando la espalda al rural.

Podría estar así, dando innumerables ejemplos de actuaciones donde los diferentes gobiernos y los partidos que los soportan dan la espalda al rural, pero me conformaría con que al final de esta columna la gente del rural reflexionase sobre quiénes son sus verdaderos aliados y quiénes son sus detractores. Quiénes son los que en el día a día defienden sus intereses y mejoran su calidad de vida y quiénes son los que esperan engatusarles con susurros al oído. Quiénes son los que buscan enredar y medrar y quiénes, aunque fracasen, intentarán ayudarle.

Reflexione. Sea coherente y consecuente y al quiera engañarle, mándelo a ese lugar donde la espalda pierde su casto nombre.

Xabier Iraola Agirrezabala

2019-03-10

Ojo Avizor




El sector agroalimentario vasco respira aliviado al conocer que la cadena de distribución EROSKI ha alcanzado un acuerdo con la banca para refinanciar su deuda, al menos con aquellas que suponen más del 75% de su deuda a refinanciar que asciende a un importe aproximado de 1.540 millones de euros.

Este acuerdo despeja su horizonte financiero hasta el 31 de julio de 2024 y supone, en vísperas de su celebración del 50 aniversario, un chute de confianza para los miles de trabajadores que emplea la cadena pero también supone un horizonte de estabilidad y esperanza para sus miles de proveedores entre lo que se encuentran cientos de empresas agroalimentarias y baserritarras particulares y cooperativas que proveen de verduras, legumbres, carne, leche, sidra, txakoli, queso, etc. y que tienen en la cadena cooperativa, además de un cliente, un aliado para su viabilidad. Por todo ello, no queda más que alegrarse de dicha noticia porque para criticarle, ya surgirán ocasiones pero como decía Aznar cuando no quería responder alguna pregunta incómoda, “hoy, no toca”.

Tratándose de distribución y consumo, comentarles que acabo de ojear el informe Observatorio de Innovación en Gran Consumo en España 2019 elaborado por el Institut Cerdà que hace hincapié en la necesidad de adaptar la cadena de gran consumo a los nuevos hábitos de dieta de los ciudadanos que se centran en una alimentación sana, nutritiva, equilibrada y consciente. Dicho informe, señala cuáles son a su entender los diez retos para 2019 (sólo haré mención a 7 de ellos) a los que se enfrenta la cadena de gran consumo entendiendo por cadena de gran consumo la conformada por los diferentes agentes económicos, comenzando desde el productos, la industria, la logística, la distribución en su amplia diversidad, el canal Horeca y finalmente, el consumidor.

Leyendo dicho informe, uno se siente identificado en algunos de los fenómenos y realidades que se dan en el mundo del consumo, principalmente porque los retos planteados apuntan, primero, hacia la digitalización, conectividad y automatización con cuestiones como la sensorización, el internet de las cosas, el blockchain, la realidad aumentada, los drones y los robots cuyo fin es optimizar costes, dar un mejor y más rápido servicio al consumidor, etc. y se señala como ejemplo la puesta en marcha por parte de Walmart, líder de la distribución en Norteamérica, de una plataforma que permite obtener la completa trazabilidad de sus productos en un tiempo récord de 2 segundos en el propio smartphone del cliente.


2019-03-03

Disfraces de Carnaval


Soy de la opinión que en el momento en que vivimos lo que importa es la juerga y la cuchipanda por lo que somos capaces de asimilar y fagocitar tanto tradiciones propias como ajenas que adaptamos rápidamente, despojándolas de todo aquello que sea serio y requiera esfuerzo y/o compromiso, quedándonos, única y exclusivamente, con la parte lúdico-festiva de las tradiciones. Asimilamos el Halloween yanqui despojándolo de todo sentido religioso y nos quedamos con la parte festiva de los disfraces, dulces, etc. mientras ninguneamos el autóctono Día de Todos los Santos que es triste y luctuoso sin margen alguno para el jolgorio.
En los carnavales ocurre otro tanto, nos olvidamos que el Carnaval, originalmente al menos, no es más que la despedida a la carne en los días previos al Miércoles de Ceniza, fecha en la que comienza la Cuaresma que es un periodo de 40 días hasta el domingo de Ramos, día en la que comienza la Semana Santa y así, dejados de lado la abstinencia, recogimiento y ayuno, nos quedamos únicamente con la juerga y el disfraz, cada vez más, comprado en tiendas especializadas que hacen su agosto particular estos días.
Tolosa es la referencia principal de los Carnavales en Euskal Herria (sin olvidar por ello los carnavales rurales de determinados pueblos de Nafarroa) donde el ingenio y la agudeza de los tolosarras brilla con una fuerza especial que atrae a propios y extraños. En Tolosa no hay gran despilfarro económico en los disfraces sino ingenio a borbotones y una firme voluntad de pasárselo bien sin molestar y herir a nadie por mucho que se le critique.
Algo bien diferente a lo que ocurre con aquellos que se disfrazan de inocentes abuelitas, una imagen dulce y cariñosa, bajo la que se esconden, emulando al cuento de Caperucita Roja, las temibles garras de unos irracionales supuestos amigos del lobo que aún sabedores que la población del lobo se ha incrementado en la Península Ibérica en los últimos años en un 20% (de 229 a 297 manadas conformadas cada una de ellas por aproximadamente 8 ejemplares) y que su área de distribución se ha incrementado en un 859%, casi ná, aún así, estos irracionales disfrazados de abuelitas pretenden que el Gobierno Vasco introduzca el lobo en el Catálogo Vasco de Especies Amenazadas con calificación de especie en vía de extinción.  Lo que no saben ellos es que la careta de abuelita no nos impide ver que bajo esa amigable imagen se quiere dar un zarpazo de muerte al sector ganadero en extensivo y particularmente al pastoreo extensivo de montaña.
Otro tanto ocurre con aquellos que se disfrazan de rudos leñadores y que salen a la calle pertrechados de hacha o motosierra en sus manos pero sólo con acercarte un poco es facilísimo caer en la cuenta que son conservacionistas extremistas que lo único que buscan es talar todos aquellos árboles plantados por la especie humana  y particularmente, aquellas especies arbóreas cuyo destino sea el vil negocio a través de las  cortas y su uso bien para muebles, construcción, papel, biomasa, etc. Ellos, bajo sus coloridas camisas de cuadros, quieren hacernos creer que están a favor de los bosques cuando lo único que pretenden es que sólo pervivan aquellas masas forestales cuyo exclusivo destino sea el disfrute, el paseo y la conservación. Eso sí, ellos, los rudos leñadores ni tienen ni quieren tener un solo árbol, lo único que pretenden es dictar las normas que deben cumplir otros.
El carnaval da para mucho y así, avanzamos y nos encontramos  con  Heidi y Pedro el cabrero con sus sonrosados mofletes y ataviados de los trajes propios de estos entrañables dibujos animados bajo los que, lamentablemente, se esconden los supuestos amigos de los pastores y de la montaña a los que, emulando al cabrero, les quieren conservar en una vitrina, con formol, con las condiciones de vida de hace un siglo y son estos personajes los que, desde su confortable sofá,  impiden que los pastores tengan accesos y condiciones de vida y trabajo dignas en la montaña.
Sigo avanzando y observo a unos cuantos bomberos pero, nada más arrimarme a ellos, compruebo que son aquellos otros que quieren prohibir el uso del fuego para la gestión de la montaña y si bien las cosas hay que hacerlas bien, cumpliendo la legalidad, con la autorización oportuna y tomando todas las precauciones posibles. No obstante, antes de que me pongan a caer de un burro, quiero dejar bien patente mi rechazo y contundente condena a la vil actuación de los pirómanos pero de ahí a prohibir el uso del fuego, va un trecho muy amplio.
Finalmente, cuando ya oteo el final de la Calle San Francisco, veo un grupo de talibanes con la cabeza cubierta por sus turbantes y cuando me acerco a ellos, compruebo que ésta vez no son gente disfrazada de talibanes sino que son auténticos talibanes del animalismo como esos  irracionales animalistas que utilizando triquiñuelas legales pretenden erradicar la caza en su totalidad. En Castilla y León, ya han logrado la suspensión cautelar de la caza y mucho me temo que estos talibanes llamarán a la guerra santa a nuestros talibanes autóctonos para que luchen por lograr algo similar en nuestra Comunidad.
De vuelta a casa pienso en el disfraz que voy a utilizar en los Carnavales de mi pueblo que se celebran una semana más tarde que en Tolosa y puestos a cansar la cabeza, he decidido que me voy a disfrazar de camarero. No crean que voy a ir de camarero normalito, no. Iré de camarero elegante, camarero de coctelería y no se crean que es por ir de guapo (harto imposible) sino porque, visto lo visto, creo que se están acumulando suficientes argumentos y materias para que el sector primario y el mundo rural en su conjunto, estallen como un coctel.
¡Tiempo al tiempo! como decía el gran Xabier Arzalluz.


Xabier Iraola Agirrezabala

2019-02-24

Campo de Oportunidades





En las reuniones de cada jueves del sanedrín gastronómico de mi cuadrilla, tras estar media cena hablando de los achaques que comenzamos a sufrir y de los rifirrafes con nuestros hijos adolescentes y la otra media, con el queso sobre la mesa y el vaso de sidra en la mano, solucionando los numerosos problemas que tiene la Seguridad Social y la poca esperanza que tenemos en la pensión por jubilación que, lamentablemente, cada vez tenemos más cerca, pues bien, tras esta variopinta temática que se viene repitiendo semanalmente, además de los obvios comentarios despellejadores hacia todo bicho viviente, los miembros de tan selecto Club, hemos caído en la cuenta que nos estamos haciendo viejos. Aún así, emulando a la Asociación de Jubilados del pueblo vecino, Alegia que se llama Beti Gazte (Siempre Jóvenes), nosotros también nos identificamos con ellos y aquí seguimos, siguiendo la estela de mi querida Tina Turner, en la brecha.

La vejez, o falta de juventud y con ello la falta de relevo generacional en el campo es un tema tan recurrente como cansino para propios y ajenos que dada la enorme dimensión del reto, resulta inabarcable y por ello no es de extrañar que siga, año va año viene, en la agenda de prioridades de todas las administraciones, organizaciones y entidades que viven del y por el campo. Creo, por otra parte, que no merece la pena ahondar en la herida y dar una retahíla de datos tan terroríficos como inquietantes que más que incitarnos a la acción nos empujan al desánimo cuando no a salir corriendo despavoridos. Pero permítame apuntar un dato, sólo el 11 de los titulares de explotaciones agrícola en la UE tenían, en 2018, menos de 40 años de edad.

Sí, por mucho que le cueste creerselo, la Unión Europea considera joven agricultor a todos aquellos que estén por debajo de los 40 años y visto el dato antes apuntado, ni me extraña que nadie se atreva a bajar el listón, no vaya a ser que el porcentaje baje hasta el único dígito, ni me sorprenden aquellas voces que reclaman subir el listón de la juventud hasta los 45 años.

Tal y como reconocen los propios responsables europeos, el sector agrícola de la UE se enfrenta al reto de una población europea cada vez más envejecida, y así los más críticos sugieren que si prosigue esta tendencia, se pondrá en riesgo la sostenibilidad del sector agrícola a largo plazo si no se actúa en la PAC y el relevo generacional por todo ello, comprenderá que es más necesario que nunca abordar el tema en su integridad (tierra, fiscalidad, apoyos a la incorporación y a la inversión en tecnología e innovación, expansión de la banda ancha, reequilibrio de la cadena alimentaria, servicios en el mundo rural, etc.) y fijando de forma nítida las prioridades políticas.

Como imaginará, la dimensión del problema es de tal magnitud que no existen ni soluciones sencillas ni varitas mágicas y únicamente, la conjunción de un paquete de medidas, audaces y sostenidas en el tiempo, alineadas entre sí y con la participación de las diferentes administraciones y del conjunto de agentes agrícolas y rurales posibilitarán que, poco a poco, se revierta la situación.

Mi amigo Iñaki suele decir que para que los jóvenes opten por la agricultura deben sentir que cuentan con prestigio profesional por la calidad de sus productos y con un prestigio social donde la profesión de agricultor sea reconocida por el conjunto de la sociedad. Ese prestigio hará que los jóvenes estén orgullosos de ser profesionales del campo y orgullosos de suministrar alimentos sanos y de calidad a sus convecinos y será este sentimiento de orgullo el que suplementará con creces la dedicación y el sacrificio que conlleva este oficio donde la rentabilidad es, más bien, justita.


Por ello, creo que campañas como la impulsada por las juventudes de COAG bajo el lema #somoslatierra y la impulsada por la organización agraria ENBA de Euskadi con su lema #BaserritarrazHarro (Orgullosos de los agricultores) con su apelación al orgullo que tanto los propios jóvenes como el propio sector primario deben sentir por su trabajo y modo de vida, como decía, este orgullo debiera ser compartido y extendido al conjunto de la sociedad.
Personalmente, creo que el prestigio social y profesional puede ser un buen acicate para lograr atraer talento hacia el mundo rural y la actividad agraria que dejándose de actitudes victimistas y pesimistas debe luchar para que tanto descendientes de las familias ahora en activo como jóvenes ajenos al campo se incorporen al frente de las explotaciones y desde su alta cualificación impulsen nuevas metodologías, tecnología y modos de comercialización flexibles y adaptados a los nuevos hábitos de consumo. Recientemente, he tenido conocimiento de la existencia de una experiencia catalana llamada Odisseu cuyo objetivo es atraer talento al mundo rural y de forma proactiva, salir al encuentro de esos jóvenes que por su formación (agrónomos, veterinarios, biólogos, nutricionistas, empresariales, marketing, …) pueden tener en el campo y en el mundo rural un extenso campo de oportunidades.

Si no impulsamos una mejor formación de los jóvenes de las actuales explotaciones para que sean capaces de abordar mayores retos y si como sector nos autolimitamos a lo que tenemos en casa, el finiquito es cuestión de (poco tiempo). Si empoderamos a los jóvenes de las actuales explotaciones y abrimos las puertas a jóvenes formados, por el contrario, el futuro estará garantizado.


Xabier Iraola Agirrezabala

2019-02-17

Astros alineados




El patio político español anda más que revuelto. La moderación fracasa por ser demasiada anodina en esta sociedad del tuit, del griterío y del espectáculo, donde lo que vale es la estridencia y así en la dinámica del “que más grita, capador”, los extremistas se adueñan del micro, reconfortan a sus incondicionales, se refuerzan entre sí y el que no les siga, ¡cómo no!, será tildado de “cobarde, maricomplejines y pastelero”. En este museo ibérico de los horrores sólo cabe la brocha gorda, no hay matices, no hay gama de grises, ¡o blanco o negro!.

 Pues bien, tras el más que previsible rechazo multilateral de los Presupuestos Generales del Estado en el Congreso ya conocemos la fecha de marras para las elecciones, el 28 de abril, por lo que vayan petrechándose de sira y katiuskas porque la que va a caer, va a ser terrible. Los presupuestos de un Gobierno, al menos en lo que a Agricultura se refiere, que pasa con más pena que gloria y si me apuran, les diría, sin querer ser cruel, de un Gobierno del que ni nos hemos enterado de lo poco que haya podido hacer el plano ministro. Gestionar la inercia, que diría aquel.

Llegarán las elecciones. Sufriremos el chaparrón y finalmente, sabremos por dónde escampa, si por el este o por el oeste, si por la derecha o por la izquierda y esperaremos a que terminen sus acuerdos para conocer quién será el sustituto de Pedro. Él mismo, o Pablo (con permiso de Albert) que le noto, si me permiten el comentario, algo impaciente.

Impaciente, según la Real Academia de la Lengua Española es aquella persona que espera con desasosiego y algo así, o peor, es el sentimiento que se ha apoderado de los ganaderos vascos ante la decisión del Gobierno Vasco, más concretamente de su Departamento de Medio Ambiente, de incluir el lobo dentro del Catálogo Vasco de Especies Amenazadas con categoría de especie de interés especial.

Desasosiego es el sentimiento aludido pero creo haberme quedado algo más que corto y que debiera utilizar expresiones como alarma, miedo, zozobra, temor, horror, pena y otra amplia lista de términos que definen mejor el estado de ánimo, desánimo mejor dicho, que anida en el corazón de muchos ganaderos que ven perplejos e indignados como la vida de todo bicho viviente y de toda fauna salvaje es mucho mejor valorada que la vida de sus propios animales, por muy de raza autóctona que sean, y obviamente, que su propia vida.

El Gobierno Vasco, como decía, ha decidido incluir el Lobo como especie de interés especial en el Catálogo antes mencionado y si bien la categoría propuesta, la de especie de interés especial, es algo más liviana que la calificación que solicitaban los grupos ecologistas comandados por Grupo Lobo, calificación del Lobo como especie en peligro de extinción, no es menos cierto que la mera inclusión del Lobo en el Catálogo de especies amenazadas conllevará, lógicamente, la redacción e implementación del consiguiente plan de gestión y con ello, impepinablemente, un avance de la alimaña por nuestros montes y territorios. Además, todo ello, para más INRI, con informes solventes sobre la mesa que reconocen que el lobo como especie salvaje no tiene peligro alguno de extinción puesto que en zonas y comunidades limítrofes como Castilla-León, Cantabria y Asturias, etc. cuentan con una población numerosa y consolidada. Ello, no obstante, no resulta suficiente para unos ecologistas que quieren al Lobo en todos y cada uno de los territorios históricos o provincias.

Los ganaderos, como nos lo vienen recordando constantemente, consideran que la expansión del lobo es claramente incompatible con la ganadería extensiva que se practica en muchos montes de nuestra amada tierra, más allá de las emblemáticas sierras que todos tenemos in mente, y que el depredador exige la vigilancia permanente del ganado lo cual es imposible de compatibilizar con las otras muchas tareas que nuestros ganaderos, muy especialmente los pastores, tienen que llevar a cabo como son la elaboración de queso, la venta de producto bien desde el propio caserío bien en ferias, mercados y tiendas de cercanía así como otras muchas tareas que son inherentes a la actividad, al mismo tiempo que desconocidas para el gran público y consiguientemente, para los grupos ecologistas que tanto amparan al depredador.

La expansión del Lobo, así de contundente lo dicen los pastores y vaqueros que gestionan la montaña, sabedores de la imposibilidad de gobernar el ganado con una prole de mastines en unos montes y territorios tan humanizados como los nuestros, conllevará el fin de la ganadería extensiva y consecuentemente, en algunos casos, provocará la reorientación del modelo productivo hacia un modelo estabulado e intensivo, desvinculado del monte. Eso sí, teniendo la escasa productividad de nuestra raza autóctona, en el ovino me refiero a la oveja latxa, esta reorientación acarrearía el cambio de razas, optar por otras más productivas y paralelamente, el fin de nuestra joya gastronómica, el queso de denominación de origen Idiazabal que, sólo, se puede producir con leche de oveja latxa.

En fin, parece ser que se han alineado todos los astros para que lo que es su momento no logró la industria lechera, una industria que quería que los ganaderos optasen por razas foráneas de mayor producción para así adquirirla a un menor precio, lo van a lograr la alineación de los astros del Gobierno con los astros del ecologismo.

Verdaderamente, una pena.


Xabier Iraola Agirrezabala



2019-02-10

Quien quiera peces, que se moje el culo




He relatado numerosas veces abundantes ejemplos del menosprecio y/o desapego que sienten nuestros productores por parte de sectores de la sociedad que les critican como trabajan y como interaccionan con el territorio, fauna y flora. Se sienten ninguneados y abandonados, muchos de ellos al menos, tanto por gente ajena al sector primario como por la clase política, comenzando por los más cercanos, alcaldes y concejales.

Entramos en época pre-electoral, aunque quizás debiera hablar más directamente de época electoral, por lo que suponemos que es una época propicia para pedir y reclamar una mayor y mejor atención a los municipios y barrios rurales, mejores infraestructuras (accesos, red eléctrica, agua, fibra óptica, etc.), mejores servicios para niños, jóvenes y mayores y así, suma y sigue, hasta completar un listado más largo que la carta al Olentzero y/o Reyes Magos de un niño en época prenavideña.

Los productores, como cualquier otro vecino, han aprendido que tan importante como elegir bien el tipo de proyecto y/o inversión que reclamar, es elegir correctamente la forma y el momento de trasladar la petición. Son conscientes que cada vez son menos y consecuentemente tienen un menguante peso social y una menor trascedencia electoral por lo que los políticos, incluso los más cercanos, antes de decidir qué y cómo invertir en el ámbito rural, previamente, se aseguran que hayan ejecutado todas las prioridades del ámbito urbano, del casco, para así, con los restos, invertir en lo rural.

Personalmente y coincidiendo con lo que recientemente me reconocía un joven pastor, la situación de ninguneo y abandono hunde sus raíces en la apatía y falta de compromiso de los productores con su propio pueblo, comarca y lo que quieran añadirle. Los productores son de la opinión que su función es limitarse a la producción y que para cuestiones de lo público ya están los vilipendiados políticos, apostillando el lapidario “que para eso les pagamos”.

En muchos núcleos rurales tenemos una red eléctrica deficiente, una red de abastecimiento que apenas llega un poco más allá del núcleo y que condena a los caseríos a sus captaciones particulares, una inexistente red de fibra óptica, ni hay cajero ni se le espera, el comercio brilla por su ausencia y mientras tanto, en el centro urbanos, andan con todos los servicios imaginables y con unas infraestructuras que para sí quisieran en muchos de los países más avanzados.

Pues bien, si los productores siguen autoexcluyendose de la acción pública y de las responsabilidades políticas, que luego no se lamenten y lloren por las esquinas que ya no hay alcaldes pedáneos ni concejales de agricultura y que para colmo, la persona que lleva lo rural ni sabe ni tiene la más mínima sensibilidad para con la realidad del campo, puesto que el hueco que ellos no cubren, alguien ajeno al rural, lo ocupa rápidamente.

Mi amigo Errota, en un alarde de traducción libre, suele recurrir frecuentemente al dicho “qui volis piscis, mojis culis” para decir el acertado “quien quiera peces, que se moje el culo” que apela a la necesidad de auto-implicarse en la cosa pública para mejorar la calidad de vida de todos los habitantes del medio rural, obviamente, empezando por uno mismo. Y digo empezando por uno mismo porque no será ni el primero ni el último, tanto en lo rural como en lo urbano, de los que se integra en una lista electoral y posteriormente en la corporación para solucionar lo suyo y una vez logrado el objetivo particular, abandonar el servicio público.

En los ayuntamientos, instituciones en general y por extensión, en el conjunto de asociaciones y entidades que conforman la sociedad civil es más necesaria que nunca la implicación y participación de la gente con una visión que trascienda los límites de su propiedad y con la mirada puesta en el colectivo. En cualquier caso, salvo excepciones, lo que beneficia al colectivo, también beneficia a uno mismo.

Por todo ello, en este trascendental momento en que los dirigentes locales y comarcales de todos los partidos políticos, sean del color que sean, andan buscando gente para impulsar y dirigir las políticas agrarias y rurales de las diferentes instituciones, quiero animar a todos (bueno, quizás, sea pasarse lo de todos) los productores a que dejen la pereza y las diversas excusas a un lado y se impliquen en la cosa pública, sea por el partido que sea, bien llevando directamente el área rural y, porque no, la máxima responsabilidad de su pueblo.

¡Anímese! Aprenderá mucho, se lo digo por propia experiencia.

Xabier Iraola Agirrezabala


2019-02-03

El Corte Inglés




Imagino la cara de poker que habrá puesto mi amiga Lurdes, cartera de profesión, al leer la información periodística en la que se afirma que Correos se valdrá de su vasta red de oficinas con 2.396 puntos para prestar otros muchos servicios como pueden ser los financieros, administrativos, etc. en aquellos municipios que, por su reducido tamaño, no cuenten con oficina bancaria u organismo oficial alguno.
Ella, particularmente, se libra de dicha diversificación al contar nuestro pueblo con sucursal bancaria y por lo tanto, releyendo la noticia puede sentirse ciertamente aliviada. Ahora bien, mucho me temo, que los dirigentes de Correos, al menos si las expectativas de negocio se cumplen, no se limitarán a los pueblos sin sucursal y no resultará muy raro que sean los propios carteros quienes, ante la creciente disminución de oficinas bancarias también en las ciudades, sean los encargados de hacer determinadas gestiones con los clientes finales y así, mientras te entrego un folleto publicitario, una carta de la compañía eléctrica y un paquetito de Amazon, la amable cartera te quitará una firma con la que abrir una cuenta corriente para el hijo o la nieta.
Yo, particularmente, cuando leía la noticia me acordé del Corte Inglés de Itsasondo, mi pueblo vecino, donde en los bajos de la casa Ibarre había un establecimiento comercial-hostelero por el que los hipsters actuales beberían los vientos al comprobar que mientras tomabas un vino podías comprar el pan, unas alpargatas y un paquete de garbanzos que se te habían olvidado y todo ello, con un horario amplísimo puesto que la familia vivía allí mismo.
Hace muchos años, en los pueblos, en casi todos diría yo, teníamos de todo y ahora, por una u otra razón, por los cambios legislativos, por el cambio de los hábitos de consumo y finalmente con la omnipresencia de internet, los pueblos, sus servicios y su comercio subsisten a duras penas y en muchos de los casos, son los propios consistorios quienes tienen que interceder, cuando no ceder sus propios locales, para que determinados servicios se mantengan, regalar concesiones de explotación de bares y tienditas municipales y aún así, la cosa está muy, pero que muy cruda.
Desertificaron, ¿o quizás debiera decir desertificamos?, los pueblos y sus comercios que fueron aspirados por la enorme potencia y gran atracción ejercida por los hipermercados situados en las afueras de las ciudades. Las administraciones, más que menos, allanaron cuando no pusieron alfombra roja para su aterrizaje, adaptaron a sus necesidades las normativas urbanísticas, construyeron los accesos a medida y resulta que con la llegada de la última crisis este hipermodelo comienza a resentirse por los nuevos hábitos de consumo que, al parecer, optan por una compra en establecimientos más cercanos, a los que poder acceder fácilmente andando, sin coger el vilipendiado vehículo privado, y donde el acto de compra es ejercitado por una única persona, en vez de ser un acto familiar como viene siendo en los grandes centros comerciales donde el marido y el niño hacen trizas los planes de ahorro de la señora que va pertrechada de su lista de compra.
El modelo del Hiper se resiente y así, tenemos que, según la consultora Kantar Worldpanel, el hipermercado desciende hasta el actual 13% de la cuota de mercado en la cesta de la compra en el año 2018 frente al 60% que acapara el formato de supermercados y aún así, bastante alejado del aún incipiente comercio online con un 1,6%, al parecer, entre otras cosas, por el peso que tienen los productos frescos en el momento de determinar el lugar de compra. En Euskadi, por mucho que nos creamos diferentes, tenemos porcentajes parecidos con un 63,7% en supermercados, 19,8% en hipermercados y 16,5% en autoservicios.
La expansión de los supermercados es tal que incluso hay quien comienza a hablar de la burbuja de los supermercados y que se empiezan a vislumbrar los primeros síntomas de agotamiento con un crecimiento del 0,3% bastante menor que los años precedentes donde se daban crecimientos que rondaban el 1,5%. Ahora bien debemos ser conscientes que el crecimiento del formato supermercado imbricado en los propios municipios y ciudades, ha sido impulsado por las propias cadenas de distribución que no han hecho más que adaptar el formato, de hiper a super, siendo su crecimiento a costa de la tienda tradicional gobernada por autónomos y familias que acaban extenuados, cuando no ahogados, por la imparable carrera de megaofertas perennes.
Como decía, simplificando en exceso quizás, el hiper aspiró al comercio urbano, con la crisis los hipers flaquean y las cadenas de distribución se reconvierten en super que se zampan a las pocas tiendas tradicionales que quedaban y ahora, unas y otras, temerosas e inquietas ante el imparable avance de la compra online que amenaza con llevarse todo por delante. Incluso, la vida de nuestros pueblos y ciudades.
Cuando Amazon (la marca de la inquietante sonrisa) y su cuadrilla acaben de rematar a todos, mucho me temo que volveremos a formulas como el Corte Inglés de Itsasondo, experimentos como el de Correos u otras formulas hiperflexibles que yo, al menos, soy incapaz de imaginar.
Aunque puestos a imaginar no estaría mal que mi amiga Lurdes, junto con las cartas y paquetes, nos trajese a casa, todas las mañanas la leche fresca del día. ¡Ahí va la idea, por si Kaiku la quiere hacer suya!.


Xabier Iraola Agirrezabala

2019-01-27

La epidemia





Soy de la generación en que todavía había jóvenes, los menos, que eran enviados a colegios religiosos a modo de internado. Soy de esos, sí, y echando la vista para atrás, ni reniego ni me arrepiento de nada porque tanto en Puente la Reina (Navarra) como en Alba de Tormes (Salamanca) pasé unos buenos seis años de mi juventud, de los 11 a los 17 añitos, donde además de buenos amigos, adquirí unos hábitos de estudio y disciplina que me han venido de perlas.
Ahora en Euskadi, parte de la educación concertada, principalmente la Escuela Cristiana (Kristau Eskola) que tiene como patrones a diferentes ordenes religiosas, se encuentra inmersa en un importante conflicto laboral que ha derivado en una huelga de varios días con todas las consecuencias que ello tiene tanto en la organización familiar como en la educación de los propios alumnos. A diferencia del colegio donde yo estuve donde el profesorado, salvo excepciones, eran los propios frailes, en estos colegios concertados, por el contrario, la inmensa mayoría del profesorado son trabajadores ajenos a las ordenes religiosas con todo lo que ello acarrea en sus planteamientos socio-laborales.
Independientemente del conflicto puntual y coyuntural que haya provocado esta huelga, mucho me temo, que la inquietante bajada de la natalidad, aproximadamente un 15% del 2008 al 2016, pesa como una losa en la situación del sistema educativo en su conjunto pero muy especialmente en el sector concertado con una patronal religiosa, finamente dicho, menguante y con una clientela, también menguante, y unas familias alejadas del hecho religioso. Por todo ello, la conjunción de ambos factores, me hace pensar que el horizonte final de algunos de los convocantes, más allá de lo puntual, es la publificación de la concertada y con ello, la funcionarización del profesorado.
Una aspiración legítima por otra parte y que, seguramente, suscribirá gran parte de mis lectores puesto que ser funcionario es el objetivo último de muchísimos trabajadores en activo y no digamos, de los más jóvenes que se quieren incorporar al mercado laboral. El emprendizaje, sobre el papel, es algo muy bonito y todos flipamos en colores con los llamativos casos de emprendedores de éxito, pero no es menos cierto que los batacazos son más numerosos y por todo ello, la gente prefiere la seguridad de papá Estado, o cuando menos, trabajar para un tercero que tire del carro y arriesgue. Los autónomos sueñan con trabajar para otros y los empleados por cuenta ajena de las empresas pequeñas sueñan con trabajar en una grande o ser funcionario mientras, los empleados de las grandes empresas sueñan con ser funcionarios. Es como una escalera de objetivos donde el funcionariado es lo más de lo más.

2019-01-20

Villarejo




Gorra madrileña, barba recortada, gafas de pasta, portafolios de cuero negro contra su pecho y con unos andares ciertamente bastos es la imagen que todos tenemos en la retina sobre un señor que tiene a medio país, acojonado, agarrados de sus partes nobles, al conocer todo sobre su vida particular y profesional. Me refiero, cómo no, al inspector Villarejo al que hasta hace muy poco casi nadie conocía y ahora, por el contrario, es alguien cotidiano en nuestras vidas además de el demonio en persona que tiene de los nervios a todo pichichi de la villa y corte, particularmente, a todos aquellos elementos que conforman lo que popularmente conocemos como la élite.
No me dirán que más allá de las nauseas que nos produce saber, o mejor dicho comprobar, que el sistema,en su sentido más amplio, estaba bastante putrefacto, como decía, no me reconocerán que los mortales de a pie estamos disfrutando y queremos seguir disfrutando conociendo las intrigas palaciegas, los sobornos a chóferes y porteros y confiamos que, más pronto que tarde, salgan a relucir secretos de alcoba que tanto nos entretienen, sobretodo, si son ajenos.
Conociendo la capacidad del inspector Villarejo y su amplitud de miras, no alcanzo a entender que nos quejemos de la escasa productividad del funcionariado dado que este elemento hacía todas sus tropelías en horario de trabajo pero lo que no llego a entender es cómo nuestras autoridades judiciales no recurrieron en su momento a este personaje para investigar el acuerdo bajo mesa que algunas empresas lácteas del estado habían alcanzado para pagar el menor precio al ganadero y así, mantenerlo asfixiado y bien amarradito a la pata de la vaca. ¡Sin moverse,coño!.
Durante un tiempo, bastantes empresas lácteas se reunían en la penumbra, allá donde no alcanzaban ni las grabadoras del propio Villarejo y tuvo que ser la documentación aportada por un más que oportuno ángel de la guarda, la que abrió las puertas de un tortuoso camino judicial que derivó allá por el 2015 en una propuesta de resolución que proponía una multa superior a los 88 millones de euros para unas cuantas empresas pero, casualmente, los demandados se dieron cuenta que, al parecer, existía algún defecto de forma al que alegar con el que se echó para atrás todo el proceso. Quizás, jugando a malpensados, debiéramos elucubrar que el juzgado no pero los demandados sí, recurrieron a los servicios del ínclito inspector y de ahí, el éxito de su artimaña.


2019-01-13

Dolores post-navideños


Las fiestas navideñas, al menos en nuestra casa, comienzan allá por el día de la Inmaculada Concepción, 8 de diciembre para aquellos que no lo sepan, cuando mi señora esposa le dice a su madre, ósea mi suegra, esa frase que retumba por toda la casa al afirmar “ama, este año no nos vamos a complicar y vamos a poner menús sencillos y ligeros”. Como se imaginarán, la frase resulta tan contundente como hueca y al cabo de unas horas, cae en el olvido y una vez más, como viene ocurriendo desde hace bastantes años, la familia se sienta alrededor de una mesa con alimentos como “si no hubiese un mañana”. Resulta triste, pero tengo más que asumido que este intercambio de pareceres entre hija y madre es un ritual más de los muchos que conforman el hábitat navideño de nuestras familias. 
Con el cuerpo maltrecho, con un bloque de cemento incrustado entre pecho y espalda, retomamos la rutina laboral que comienza con una agradable charla con un remolachero alavés que vaticina, si alguien no lo remedia, que el cultivo de la remolacha puede desaparecer de tierras alavesas si la azucarera de Miranda, propiedad de una multinacional británica, se sale con la suya imponiendo, tras un cambio unilateral a mitad de partida, unos irrisorios precios a abonar al agricultor que hacen totalmente inviable su cultivo. Según parece, el mercado del azúcar, tras la desaparición de las cuotas por parte de la Unión Europea, está
totalmente desregulado y en mano de cuatro multinacionales que prefieren hacer seudo-azúcar con materias primas traídas de terceros países en vez de apostar por la remolacha de la zona. Al igual que les traslado mi indignación, lamentablemente, les tengo que reconocer que no me sorprende lo más mínimo. 
Quizás será por su proximidad o quizás por su dimensión, pero la verdad es que algo que me produce un gran dolor de estómago es la plaga de jabalís que estamos sufriendo en nuestro país y, porque no decirlo, en el conjunto del continente europeo. Los jabalís campan a sus anchas por montes, bosques y praderas, incluso se arriman a los caseríos y hacen incursiones en los pueblos y ciudades, destrozan los hierbales, se comen el maíz recién sembrado, tumban los maizales una vez crecidos y, lo que más miedo me da, es un eficaz transportista de enfermedades animales que va expandiendo a velocidad crucero tanto la Peste Porcina Africana (PPA) como otras enfermedades que afectan a otras especies como el vacuno. 
La PPA avanza, de forma natural, a unos 20 km/año, pero la enorme movilidad de transportistas, turistas, cazadores y demás transacciones comerciales hacen que la PPA se haya expandido en muy poco tiempo de tierras rumanas hacia Bélgica y de allí, en muy poco tiempo, la tenemos a pies de los Pirineos con todo lo que ello supone para la ganadería del estado español, sector vacuno, pero muy especialmente, para el sector porcino donde España es una potencia mundial. 
La Unión Europea ha asumido la necesidad de impulsar una estrategia de ámbito comunitario, superando y a la vez complementando las diferentes estrategias estatales pero, permítanme la licencia, tengo que adelantarles que la disminución de la población de jabalís no puede ni debe limitarse a la actividad cinegética porque, lamentablemente, la capacidad procreadora de estos bichos es bastante más poderosa que la capacidad de matar de los cazadores europeos (incluso hay algún país que recompensa económicamente por cada ejemplar cazado) y por todo ello, soy de la opinión que la estrategia, sea del nivel institucional que sea, debe superar la actividad cinegética propiamente dicha e incluir otra serie de medidas más contundentes, radicales con las que afrontar esta plaga. Como les digo, la caza y los cazadores son necesarios, muy necesarios diría yo, ahora bien, no es suficiente. 
Por si no fuesen suficientes la remolacha y los jabalís, en la mitad de las fechas navideñas se celebró en Ordizia una nutrida asamblea de ganaderos de la Sierra de Aralar, más concretamente los pastores y ganaderos de la Mancomunidad de Enirio-Aralar, y en la misma se nos informó del importante esfuerzo inversor que se ha impulsado esta última legislatura con casi 2 millones de euros invertidos en la rehabilitación de chabolas, la adecuación de chabolas y habilitación de queserías para su integración en el proyecto de Queso de Montaña, adecuación y apertura de caminos, cierres, mangadas, desbroces,etc. pero, una vez escuchadas las buenas noticias para los ganaderos, un fuerte retorcijón de tripas se apoderó de mi al concluir que todo esta ingente labor y los planes de futuro pueden irse al garete si los contrarios a la ganadería y pastoreo en la Sierra se imponen en la Junta de la Mancomunidad a consecuencia de las elecciones municipales previstas para el 26 de mayo. ¡A buen entendedor ….!. 
Menos que mal que Dios aprieta pero no ahoga y por eso, para reconfortar el espíritu, me tendré que acercar a dos eventos gastronómicos de alto nivel, esos que tanto nos gustan a los vascos y así el día 16 iré a la sidrería Gartziategi para asistir al acto de apertura de la temporada del Txotx donde además de catar la nueva sidra, imagino, degustaremos una buena txuleta y al día siguiente, para no perder comba, el día 17, día de San Antón, me acercaré hasta Getaria a catar la nueva cosecha de Txakoli, eso sí acompañado de anchoas y bonito del Cantábrico. 
Como ven, las Navidades acabaron y seguimos comiendo y bebiendo como si no hubiese un mañana.

Xabier Iraola Agirrezabala