TORKEMADA

Incoherencia plastificada

2018-07-29

Lo tienes crudo



Cuando yo era pequeño, realmente hace bastante, mi madre me mandaba a por leche al caserío Ajobin donde Periko ordeñaba sus pocas vacas y su hermana Maritxu me llenaba la marmita que, alguna que otra vez, no llegaba íntegra al destino final. Nada más llegar a casa, unos 300 metros escasos, mi madre la hervía y tras ello, si estaba de humor, hacía unas pastas con la nata que la verdad sea dicha y si la memoria no me engaña, estaban de rechupete.

Ahora, la leche cruda ha vuelto al “candelabro” que decía aquella y tras la reciente aprobación por parte de la Generalitat catalana del Decreto que autoriza la venta directa de leche cruda de vaca en Catalunya se ha montado tal revuelo que, cómo es lógico, ha atraído al río revuelto a todo tipo de pescadores, pescadores que se acercan de forma desinteresada y bienintencionados pero también otros muchos pescadores que se acercan al revoltijo para medrar y acercar el ascua a su sardina. Me explico, mientras la Generalitat ha aprobado una normativa cuyo fin es ayudar a la diversificación de la producción ganadera y fortalecer al sector lácteo catalán regulando la actividad comercial entre el ganadero y el consumidor final, son numerosos los contrarios a dicha normativa quienes alegando una defensa del consumidor final y muy especialmente de su seguridad alimentaria, se oponen ferozmente a la comercialización de la leche cruda y abogan por seguir consumiendo la leche tratada y que podemos adquirir en el mercado habitual. Creo que nos encontramos ante una polémica artificial, una tormenta de verano en un vaso de leche auspiciada por la sequía informativa habitual de los periodos estivales que ha conllevado que periódicos, radios y tertulistos se lancen en tromba a opinar, entre otras muchas cosas, sobre las bondades y/o peligros de la leche cruda y donde los prebostes del sistema industrial han puesto toda la carne en el asador.

Quiero entender que tanto la Generalitat como los ganaderos impulsores de dicha medida lo único que buscan es una pequeña alternativa al destino principal que no es otro que la industria láctea y todo ello con el lógico y loable empeño de garantizar una mayor rentabilidad para el productor así como, al mismo tiempo, una alimentación más fresca y auténtica para los consumidores. Quiero entender asimismo que ambos, Generalitat y ganaderos, son más que conscientes que esta opción es algo menos que minoritaria, residual diría yo, y que por lo tanto si está bien autorizar dicha práctica, no conviene generar falsas expectativas que nos lleven, una vez más, a un fracaso que defraude a los productores necesitados de buenas noticias y de expectativas positivas de futuro. Por eso mismo, dado el carácter minoritario del tema, es difícilmente comprensible la ferocidad con la que ha sido atacada por los supuesto defensores del consumidor final quienes alegando un inmenso peligro para su salud se afanan en taponar cualquier alternativa a las vías oficiales e industriales.

Personalmente y hasta donde yo conozco el sector agroalimentario, creo que los contrarios a dicha regulación están sobreactuando en un claro intento de desviar la atención del verdadero problema que tiene el sector lácteo estatal que no es otro que la falta de rentabilidad para sus productores actuales y consecuentemente, la falta de garantías de futuro de abastecimiento para la industria láctea.

En un sector lácteo estatal incapaz de impulsar el consumo de leche pasteurizada ( la leche fresca, en algunos sitios conocida, como la del día) por chocar con los hábitos dominantes de consumo actuales donde la leche es tratada banalmente por la distribución y asumida como tal por los consumidores que, al parecer, solamente valoran su precio y su alargada caducidad; en un sector lácteo donde las maquinas expendedoras de leche, salvo excepciones, languidecen de pena a pesar de contar con el teórico respaldo de los consumidores y en una sociedad que opta mayoritariamente por leche semidesnatada o desnatada, como comprenderán, la comercialización de leche cruda, por muy loable y digna de apoyo que sea, es cuando menos, anecdótica.

Por todo ello creo que no debemos dejarnos enredar en falsas polémicas por una parte y en falsas expectativas por la otra y centrarnos en lo fundamental que no es otra cosa que valorizar la leche y los lácteos como alimento esencial para nuestra nutrición, organizar y estructurar el sector productor en cooperativas que puedan transformar su propia leche y finalmente, reducir la dependencia que el sector tiene de la leche líquida donde la rentabilidad es nula para la casi totalidad de la cadena agroalimentaria.

Dignidad para el productor. Dignidad para el producto. Dignidad para el consumidor.

Xabier Iraola Agirrezabala

2018-07-22

El ascua y la sardina




Esther es una mujer de rompe y rasga que no te deja indiferente. Es un torbellino cuya fuerza sacude sus alrededores y que a través de un trabajo de hormiguita se ha labrado su hueco, su parcela, en el Parlamento Europeo y fruto de ello, además de por la fuerza de su grupo popular europeo, ha sido designada ponente del informe principal del Parlamento Europeo sobre la reforma de la Política Agrícola Común (PAC), por lo que estará a cargo de la redacción del primer borrador de posición de la Eurocámara y a la cabeza del equipo que negociará con los gobiernos de los países miembros de la UE para alcanzar un acuerdo final.  
  
La riojana Esther, Herranz para más señas, estuvo en el mes de enero en Hernani participando en una mesa redonda sobre la PAC en el contexto de una Jornada organizada por la organización agraria ENBA y ya en el arranque de dicha mesa dejó constancia del dominio de la materia agrícola y la vehemencia con la que defiende sus postulados con los que, como imaginarán, uno no comparte el cien por cien. Ahora bien, siendo consciente que la PAC ya no es únicamente el fruto de una noche de copas entre los jefes de estado de Francia y Alemania, como ocurría en tiempos de Chirac y Schröder, y que la aprobación es el resultado de una negociación trilateral (Comisión Europea-Parlamento Europeo-Consejo Europeo), comprenderán que el papel, papelón mejor diría yo, que ha obtenido Esther en la escena comunitaria es, cuando menos, de coprotagonista.

Las negociaciones de la PAC ya han arrancado y ya conocemos las líneas generales de las Propuestas Legislativas para la PAC 2021-2027 por lo que, todo apunta a que en los próximos meses, ¿año?, el sector en su conjunto, productores, técnicos, políticos y demás gente, además de los diferentes colectivos que sobrevuelan la materia queriendo darle su particular toque, andará inmerso en un sinfín de reuniones, jornadas, congresos y analizando borradores y alegaciones ante dicho documento original con el fin último de arrimar el ascua a su sardina y hablando de sardinas, no estaría mal que cada uno definiese cuál es su sardina actual y, más difícil aún, cuál es la sardina que quiere producir y vender en un futuro cercano a una sociedad todista, incoherente y alejada del campo al que, paradójicamente, cada vez reclama más funciones, empezando por la producción de alimentos, siguiendo por la guarda del territorio y modelación del paisaje, aportación a cuestiones medioambientales alineadas en la lucha contra el cambio climático y si esto era poco, además se le reclama que aporte su granito de arena en la política de migración, poniendo a disposición de los nuevos habitantes su vasto territorio despoblado.

2018-07-15

TORQUEMADA

 

Recientemente, al salir de un entierro, acudí a una sociedad gastronómica de Antzuola donde un parlamentario le advirtió al estiloso camarero, hijo de la difunta, que se asegurase bien del origen de las bebidas que iba a servir puesto que al estar yo entre los congregados, en caso de detectar alguna bebida que no fuese “Made in Euskadi”, se podía ver “ascendido” a las redes sociales por este humilde juntaletras que, sin pretenderlo, es visto por algunos como un Torquemada agroalimentario y ello, por el único hecho de ir mostrando las incoherencias de algunas gentes y/o instituciones que con la boca grande dicen defender el producto local y con la boca pequeña, con la de todos los días, nos demuestran día sí y día también, que sólo miran al precio. Eso sí, en este tipo de renuncio pillo a alguna institución, como se imaginarán, soy implacable pero para otros casos (privados) procuro, desde la discreción, comunicárselo al afectado y buscar que se corrija la actuación incorrecta o mejorable. Todo ello, sabedor como soy que uno mismo incurre en todo tipo de incoherencias a lo largo del día.

Ahora bien, si lo del origen de los alimentos, y particularmente en lo que se refiere a su correcto etiquetado es una de las cuestiones que me hincha la vena, en estos últimos tiempos, existen otro tipo de cuestiones que me encienden como un mechero y entre ellas destacan los nuevos hábitos alimentarios y consiguientemente, los hábitos de compra que, para más INRI son radicalmente incoherentes y/o contrarios con lo que, teóricamente, decimos defender.
Estos días, como ejemplo, veo en televisión unos anuncios de una empresa que instala bidones de agua en los domicilios particulares, al estilo de lo que aún se ve en algunas oficinas, y yo me pregunto cómo puede ser que haya gente tan sinfuste que, teniendo actualmente un agua potable de alta calidad en nuestras casas y oficinas, pueda ser tan snob y opte por instalarse esta solemne chorrada en el salón de su casa. Igualmente, tal y como perfectamente expone mi amigo Jaime Izquierdo, numerosas cadenas de distribución, sacando pecho y haciendo bandera de ello, han anunciado que progresivamente irán eliminando los huevos de jaula y sustituirlos por huevos de gallinas en suelo. Personalmente, no estoy en contra y además creo que es una tendencia imparable, ahora bien, debemos ser consciente que los productores subieron las gallinas del suelo a las jaulas porque alguien pensó que este sistema era mejor, más higiénico y más controlable sanitariamente hablando, frente a la antigualla del tradicional sistema de gallinas que correteaban por el suelo y que comían vete a saber qué, pues bien, ahora, paradójicamente, también como signo de modernidad y naturalidad, nos dicen que las gallinas deberán volver a tener los pies en la tierra. ¿Dónde tienen los pies, o mejor dicho la cabeza, los propulsores de ambas medidas? 

2018-07-08

Segurolas




He pasado unos pocos días de asueto familiar en Sevilla y les tengo que reconocer que vuelvo abrumado por la riqueza patrimonial de la capital hispalense y transformado en un verdadero “capillitas” cuya fe adormecida ha sufrido un fuerte revolcón al comprobar lo que allí se estila. Vino blanco y pescaito a tutiplén pero al mismo tiempo, en lo que a cuestiones de comer y beber se refiere, inquietado por la pujante presencia de franquicias alimentarias por doquier que arrinconan a las tascas y bodegas tradicionales que, como la Bodega Hijos de Mayoral con sus tinajas de barro, mantienen la esencia de la tradición propia de la tierra. En tierras de Triana conocí la muerte de mi amigo Patxi Ezkiaga, hermano de La Salle, poeta y legorretarra de pro, de hondas convicciones humanistas y que mamó su amor patrio de su propia madre, la gran Manuela, por lo que no me queda más que recordarle y aprovechar la coyuntura para hacerle este sencillo pero merecido homenaje.

Sevilla, entiéndase su provincia, tienen un fuerte peso agrícola tanto en la propia Comunidad Autónoma andaluza como en el conjunto del estado y precisamente de ahí proviene el nuevo ministro de agricultura del gobierno socialista, Luis Planas, que tal y como dije anteriormente, es un viejo conocido del sector productor andaluz (dos veces consejero en diferentes gobiernos) y por ello mismo, gran conocedor de los entresijos de la política comunitaria (en nuestro sector primario, teniendo en cuenta la trascendencia de las decisiones adoptadas en Comisión y Europarlamento, quizás, debiéramos referirnos a ella como PAI - Política Agraria Interna) donde el pasilleo y el trabajo de persuasión ante otros estados miembro, a la postre, son fundamentales.