TORKEMADA

Incoherencia plastificada

2018-10-28

Flores para los muertos




Personalmente, les tengo que reconocer, que la cuestión me pilla ya un pelín mayorcito pero tengo que reconocer que la existencia de redes sociales especializadas en la búsqueda de pareja, si bien es algo nuevo, al parecer, es un tema bastante asumido por nuestra sociedad. Hay apps que buscan pareja a aquellos que buscan una relación estable, otros para los que buscan gente de su mismo nivel socioeconómico, los hay también para aquellos acuciados por las prisas que no buscan más que un “aquí te pillo, aquí te mato” e incluso, según leo, los hay para católicos practicantes que buscarán, supongo, pareja para casarse, rezar el rosario y entre oficio y procesión, procrear para incrementar el rebaño del gran pastor.

Ahora bien, lo que no sabía es que hubiese una red exclusiva para propietarios de perros, Doggytalky, que se define como el “whatssap para perros” y donde se aúna un importante, activo e influyentes colectivo que busca conectar a personas que tengan perros para intercambiar información, opiniones, o por qué no, compartir un paseo o una excursión. Nada extraño bajo el sol ni nada con la que morir de espanto si tengo en cuenta lo que cada vez más frecuentemente voy viendo a mí alrededor.

Tengo un amigo que se lamenta del perjuicio generado por Walt Disney con sus famosos dibujos animados protagonizados por unos entrañables animales y mucho me temo que de aquellos barros, hemos llegado a estos lodos donde los animales, parece, tienen las mismas características y los mismos derechos que los humanos y tal es así, que somos las personas que aún respetando y queriendo a los animales, por el mero hecho de creer que somos diferentes y que cada uno tiene su propio lugar en la vida y en el mundo, somos mirados como verdaderos bichos raros.

En estas estamos cuando un colectivo “antiespecista” de nombre NOR me invita a acudir el próximo 1 de noviembre a Bilbao a manifestarnos para acabar con la discriminación por especies y para acabar con los privilegios con que contamos los animales (humanos) frente al resto de animales. En el vídeo promocional de dicha movilización su portavoz informa que en Euskal Herria existen unos 30 mataderos (algo insólito cuando muchos ganaderos se quejan de la falta de mataderos cercanos a los lugares de producción) de los cuáles se han infiltrado en 10 donde se sacrifica el ganado proveniente, según ellos de ganaderías industriales, y se da cuenta de unos volúmenes de sacrificio tanto para Euskadi como para Nafarroa que, paradójicamente, nos situarían a nivel de gran potencia ganadera que, lamentablemente, no somos ni de lejos.

2018-10-21

Los miserables




Lo habitual es que a uno le aprecien más en el exterior que en su propia casa y que lo que habitualmente ninguneamos, incluso despreciamos, sea ensalzado por aquellos otros que, desde la lejanía, saben captar el valor de lo realizado por uno. Esta paradoja se manifiesta con mayor crudeza en el caso de aquellas entidades y asociaciones que impulsan proyectos globales y a muy largo plazo que, consecuentemente, no acarrean beneficio alguno en el corto plazo y esto, en la sociedad actual en que vivimos, donde la inmediatez es la regla de oro de nuestras vidas, es un pecado imperdonable. Ambas reflexiones son las que se apoderaron de mí esta semana en el viaje de vuelta de Roma donde asistí a diferentes reuniones y eventos de la Agenda Paralela del Comité de Seguridad Alimentaria organizado por la FAO, organismo de la ONU para la agricultura y la alimentación, en calidad de miembro de la Junta Directiva del Foro Rural Mundial y en el transcurso de las mismas se habló, entre otros temas, del Decenio de la Agricultura Familiar y de los derechos de los campesinos.

Les tengo que reconocer que vuelvo de Roma henchido de alegría al haber podido conocer, aunque muy superficialmente, una ciudad tan mágica y encantadora a la que, tras haber lanzado la monedita de rigor a la Fontana de Trevi, sueño volver; henchido de satisfacción gastronómica con la maravillosa pasta y muy especialmente con la carbonara recomendada por la mama de la Tratoria Da Bucatino (una típica tasca a la que aprovecho para hacer mi particular y gratuita propaganda) y henchido de orgullo tras constatar la importancia de la labor que una entidad tan pequeña como correosa como es el Foro Rural Mundial (FRM) desarrolla en el plano internacional porque, de una u otra forma, todos coinciden en reconocer que el copyright del Decenio de la Agricultura Familiar tiene su sello y que son ellos los verdaderos artífices de que la Agricultura Familiar se haya incluido en la agenda política internacional.

Me explico. El Foro Rural Mundial es una asociación sin ánimo de lucro que se creó hace 20 años y que constituye una red de asociaciones agrarias, entidades rurales y centros de investigación de los cinco continentes cuyo fin principal, en pocas palabras, es el impulso de la Agricultura Familiar. El FRM es un frondoso árbol con profundas raíces en la tierra vasca pero cuyo tronco apunta altísimo y cuyas ramas se extienden por todos los rincones del globo, repito, impulsando la agricultura familiar que a mí, personalmente, me gusta llamarla, la agricultura a escala humana.

2018-10-14

Mi suegra no tiene desperdicio




Donostia ha sido durante unos días la capital gastronómica mundial con la celebración del fantástico y mediático congreso GASTRONOMIKA que este año ha celebrado su vigésimo aniversario. El congreso es un evento que suscita el máximo interés y atrae a cientos de asistentes entre los que destaca la presencia de numerosos cocineros, desde el más sencillo hasta el más galáctico, críticos gastronómicos, publicaciones y medios especializados y, cómo no, empresas agroalimentarias. Unos y otros, además de trabajar y hacer contactos que fructificarán posteriormente asisten, quizás contagiados por tanto galáctico de la sartén allí reunidos, para dejarse ver y reforzar su papel en el mundillo gastronómico.


Apagados los cegadores focos y los flashes de las cámaras, despejadas las escalinatas del Kursaal, nos encontramos con que este martes la comunidad internacional, ósea el mundo mundial, celebra el Día Internacional de la Alimentación que suele ser una efemérides que todos utilizamos para arrimar el ascua a nuestra sardina y así argumentar, reforzar y/o rechazar los planteamientos que defendemos, cada uno desde su sitio, bien sea uno, productor de alimentos, transformador, comercializador, consumidor o varias cosas simultáneamente.

Mientras unos incidirán en la necesidad de aumentar la producción agrícola para así alimentar al imparable aumento de la población mundial, otros señalarán que la producción actual es suficiente para alimentarla y que dónde hay que actuar es en la correcta distribución de los alimentos para combatir la perenne hambruna y, en esas estamos, inmersos en un pin-pam-pum donde los consumidores, al menos hasta el momento, somos meros observadores de la partida cuando se comienza a introducir en la agenda política el fenómeno del despilfarro alimentario en su más amplia dimensión como la social, económica y/o medioambiental.

En este contexto, el pasado 3 de octubre, el sector agroalimentario en su conjunto (productores, industria, cooperativas, distribución, hostelería, …) así como instituciones, consumidores, ONGs y otros muchos colectivos, presentamos la Plataforma contra el Despilfarro de Alimentos de Euskadi en un acto sencillo pero contundente que sirvió, con la implicación de los medios de comunicación, para dar un aldabonazo a la conciencia de los ciudadanos y fomentar que como consumidores de alimentos, seamos plenamente conscientes de las dimensiones de la cuestión.

Si usted, estimado lector, aún no es consciente de la gravedad del tema, le invito a que lea los siguientes datos: Un tercio de los alimentos destinados al consumo humano se pierde o desperdicia en todo el mundo, lo que supone unos 1.300 millones de toneladas al año. Por contra, 800 millones de personas no tienen comida suficiente para asegurar sus necesidades nutricionales básicas. La huella de carbono de la comida producida pero no consumida es de 3,3 gigatoneladas de CO2. Si se tratara de las emisiones de un país, este se situaría en el tercer puesto del ranking de mayores emisores, por detrás solo de EEUU y China. Los alimentos no consumidos ocupan unos 1.400 millones de hectáreas de tierras, el 30% del total de la superficie cultivada. Se estima que cada año se pierden o desperdician en Europa entre un 30% y un 50% de los alimentos comestibles, por lo que la generación anual de pérdidas y desperdicios alimentarios en los 27 Estados miembros de la UE es de unos 89 millones de toneladas. Esto equivale a un desperdicio de 179 kilos por habitante, y ello sin contar los residuos de origen agrícola generados en el proceso de producción, ni los descartes de pescado arrojados al mar. En Europa, se estima que el desperdicio de alimentos en los hogares alcanza el 42% del total, y en la fase de fabricación, el 39%. El resto se atribuye a la restauración (14%) y al comercio minorista (5%).Los hogares españoles tiraron a la basura 1.326 millones de kilos de alimentos en 2015. lo que significa que se desechan unos 3,7 millones de kilos diarios. Esto representa casi el 5% del total de productos alimentarios comprados. En Europa, los hogares españoles son los que más desperdician en la cadena alimenticia, pero   a los residuos generados por este colectivo hay que sumar además los desechos resultantes de los procesos de fabricación, los servicios de restauración y la distribución. En Euskadi, para acabar de rematar, se estima que el desperdicio total alcanza las 350.000 toneladas al año, unos 160 kg/persona/ año cuyo transporte, si les es más fácil visualizarlo, supondrían unos 17.500 trailers por nuestras carreteras.

¿Cómo se le ha quedado el cuerpo? Espero que mal y que consecuentemente, reaccione y se ponga a revisar su forma de comprar, consumir, gestionar los alimentos en el día a día y tenga en mente, el modo de actuar de nuestras amonas que aprovechaban hasta el último hueso y peladura para hacer caldo y que, por no tirar, no tiraban ni saliva.

Si todos y cada uno de nosotros somos conscientes de la cuestión y somos mínimamente consecuentes con ello, creo que podremos dar pequeños pasos que nos llevarán lejos y que los beneficios de esta nueva actitud redundarán en pro de todos y ahora que lo digo, me acabo de acordar de unos melocotones que al no tener sabor alguno (al estar recolectados verdes e inmaduros y mantenidos largamente en cámara frigorífica) se están quedando “aparcados” y que, si no lo remedio, acabarán en el cubo de la basura. Ya les decía, entre otras cosas, aprender a comprar. “Consejos vendo que para mí no tengo” apuntillaría mi suegra.



2018-10-07

No hay pescado grande que pese poco




Cada vez que voy a Francia, sea por el motivo que sea, lo reconozco, vuelvo con un sentimiento agridulce; dulce al comprobar el respeto con el que se trata a los agricultores y el apego al terruño y a sus productos alimentarios y agrio, por otra parte, al recordar la falta de aprecio por nuestros productos alimentarios y porqué no decirlo, el desprecio con el que aquí nos referimos a las gentes del campo.
Soy consciente de lo cansino que puedo llegar a ser pero mientras en el país galo ya llevan casi 2 años con un decreto que obliga a etiquetar obligatoriamente el origen de la leche, lo que ha provocado que las importaciones hayan descendido en un 45%, en el estado español este paso no se ha dado hasta hace unos 15 días y veremos qué ocurre cuando entre en vigor dentro de 4 meses y cuál es el comportamiento de los consumidores, especialmente, de ese 88% que en las encuestas afirma que quiere conocer el origen de la leche que toma puesto que atribuye al origen cercano unos mayores parámetros de calidad.
Pues bien, siguiendo con la cuestión francesa, recientemente, en la bella localidad landesa de Vieux-Boucau, pude comprobar que la leche de marca de distribución (a la distribución no le gusta nada que la llamemos, marca blanca) estaba a 1,15 €/litro y que hasta la oferta más baja (la correspondiente a una segunda-tercera marca con la que intentan reventar el mercado y de paso, dejar a buen recaudo, la marca propia) estaba por encima del euro. Basta con echar un simple vistazo a los lineales de nuestros supermercados para observar la desigualdad de trato que se dispensa a un alimento tan básico e importante como es la leche, comprobando que una gran parte de la leche está por debajo de los 0,65 €/litro y si bien es verdad que existen marcas de reconocido prestigio cuyo precio supera este umbral, no es menos cierto que, lamentablemente, dichas marcas cada vez venden menos leche mientras la marca blanca se aproxima al 70% de las ventas de leche.