TORKEMADA

Demasiado Tarde

2016-12-18

Perdonen que no me abstenga



Mis filípicas semanales, sin querer ser pretencioso, crean expectativa entre algunos colectivos que, como ya habrán captado, cuentan con mi más alta estima e incluso alguno de ellos, me ha reconocido, eso sí, por lo bajini, que respira aliviado al comprobar que mi dardo no va dirigido ni a él ni a su colectivo y recíprocamente, puesto a hacer confesiones, yo también le he reconocido que soy consciente de que mi foto pueda ser utilizada a modo de diana para los dardos en la oficina de alguno de ellos y que, todo ello, bien se podría ser evitado, si un servidor se abstuviese de opinar sobre determinadas cuestiones.

Como no le debo nada a casi nadie, a parte de la entidad financiera de referencia, y sólo tengo que responder, moral y profesionalmente al examen de mis superiores, los señores y señoras baserritarras, tampoco tengo intención de abstenerme en opinar sobre el nuevo gobierno Urkullu.

Quisiera creer que los buenos resultados obtenidos por Urkullu son fruto del apoyo explícito que le dí en el último artículo que aborde las elecciones vascas pero como uno ya peina canas, tengo que reconocer que la victoria es merito, única y exclusivamente, del propio Urkullu. Ahora bien, le tengo que puntualizar que no me gusta nada la tendencia a diseñar unos macrodepartamentos, tan grandes como inabordables y que la reducción numérica de consejeros, quizás sirva para contentar a los que piden recortes en el apartado político pero, que su consecuencia directa es la creación de unos mega-trasatlánticos difíciles de pilotar.

En lo que al sector primario respecta, continúa la consejera Arantza Tapia y con ella todo su equipo agrario con el vice Bittor Oroz al frente donde destaca la única novedad de la alavesa Irma Basterra al frente de la dirección de Desarrollo Rural y Litoral pero, como decía, al hasta ahora macrodepartamento de Desarrollo Económico se le ha añadido, un segundo apellido, que es el de Infraestructuras, osea, ¡casi nada!.

Por otra parte, igualmente, debiera abstenerme de repetirme con la cuestión de .....

2016-12-11

¿De qué se ríe Juncker?



El último informe PISA, a semejanza de la torre del mismo nombre, ha dejado bien torcida la imagen del sistema educativo vasco que no acaba de digerir los paupérrimos resultados obtenidos en este particular examen a la comunidad educativa que, como es lógico, es ensalzado por los que logran buenas notas y es puesto en solfa por los suspendidos. Nada nuevo bajo el sol, todos sabemos que cuando uno aprueba lo hace por méritos propios pero, cuando suspende, eso sí, no es por demérito propio si no porque el profe “me tiene manía”.
La cosa es que el conjunto de la sociedad vasca ha despertado del letargo y ha caído en la cuenta que no es oro todo lo que reluce, que ni somos tan buenos como nosotros mismos nos creemos y que, sin dormirnos en los laureles, debemos espabilar porque el resto del mundo no está, ni mucho menos, dormido.
Algo similar ocurre, salvando las distancias, con la gestión de los fondos europeos y más concretamente con el anticipo de las ayudas europeas agrarias que, año tras año, con una excusa u otra, demuestra que la maquinaria administrativa vasca es la más lenta del Estado y así, este año, una vez más, los productores vascos serán, junto con los madrileños, los únicos en no disfrutar de este anticipo que, si bien es minusvalorado por los gestores, es muy valorado por los baserritarras que necesitan de liquidez para hacer frente a los pagos.
Frente a la lentitud de la maquinaria vasca tengo que reconocer la insistencia de la maquinaria burocrática europea, con la Comisión Europea al frente, en renovar, reformar, reorientar y revolucionar, por enésima vez, la política agraria común europea que ya ha arrancado el motor de la siguiente Reforma post-2020 y así, esta misma semana, en el marco de la Conferencia anual sobre las perspectivas del sector agrario europeo hasta el año 2026, celebrada los días 6 y 7 de diciembre en Bruselas, las máximas autoridades de la Comisión han dado el pistoletazo de salida.
En ella, la máxima autoridad, el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, exprimer ministro luxemburgués que puso alfombra roja a las grandes trasnacionales para que se fuesen a cotizar a su diminuto país, anticipó que la Comisión ya trabaja sobre una nueva PAC pero que no será “revolucionaria” y al mismo tiempo, mostró su apoyo incondicional a la PAC –declarándose un “un fiel seguidor” de ella-, confirmó que no habrá una revisión intermedia pero esos sí, la apertura de consultas para establecer unas conclusiones a finales de 2017.

Juncker definió a la PAC como una política “fundamental e indispensable” que representaba en la UE a más de 22 millones de agricultores y 44 millones de trabajadores, incluso llegó a decir que “la agricultura genera más puestos de trabajo que la industria de la automoción y aeronáutica juntas” y si bien estas afirmaciones grandilocuentes son acogidas con agrado por parte de la bancada agraria, no es menos cierto que es éste mismo presidente quien hace bien poco afirmó, en relación a los fuertes desequilibrios que se dan en la cadena alimentaria,  que “no podría aceptar que un litro de leche fuera más barato que uno de agua”, aunque al mismo tiempo cercena todas aquellas políticas comunitarias que intenten erradicar la posición de dominio, y por lo tanto de abuso, que las grandes corporaciones industriales y distribuidoras, ostentan frente a los productores a los que, unos y otros, intentan mantener maniatados bien a la pata de la vaca o al volante del tractor.
Dice Juncker en esa misma tribuna que la PAC debería ser simplificada –aligerar la carga administrativa de los agricultores-, modernizada para acercar las posibilidades de la tecnología para producir “más con menos” y que debería también responder a los objetivos de desarrollo sostenible y a la volatilidad de los precios.
Ahora bien, los productores europeos saben que cuando Juncker, Hogan y su panda hablan de simplificar la PAC están hablando de podarla y reducirla a la mínima expresión frente a la necesidad de los productores de eliminar burocracia superflua, que cuando ésta gente habla de acercar la tecnología del “más con menos” lo que realmente están pretendiendo es abrir aún más las puertas a las grandes empresas tecnológicas, biotecnológicas y de insumos que disfrutan de un lucrativo oligopolio a costa de la limitada rentabilidad de los productores, que cuando hablan de responder a los objetivos de desarrollo sostenible están hablando de aumentar la incomprensible burocracia verde que asfixia a los productores mientras alimenta a una ingente cantidad de técnicos, inspectores y controladores y que cuando el insigne luxemburgués habla de hacer frente a la volatilidad de los precios, se está refiriendo a ampliar los acuerdos comerciales internacionales donde la agricultura es sacrificada en beneficio de otros sectores productivos como la industria, servicios, tecnología, etc.
Dice el refrán que uno cosa es predicar y otra bien distinta es dar trigo y por ello, señor Juncker y compañía, deben saber que los 22 millones de agricultores esperan de ustedes que sean coherentes con las bellas palabras de sus discursos y que cuando se sienten a negociar y legislar piensen en la situación de estos millones de agricultores y no tanto, en esos miembros de poderosos consejos de administración de empresas exportadoras, tecnológicas, industria alimentaria sin alma y distribuidoras cuyo único objetivo es el máximo dividendo aún a costa de esos millones de productores.
Ahora bien, como no soy ingenuo, imagino que para usted, será mucho más atractivo escuchar las promesas de estos poderosos que quizás le prometan un hueco en sus consejo de administración, al igual que su predecesor Barroso, que hacerles casos a esos millones de agricultores que, solo, le podrán agasajar con una cesta de productos.


Xabier Iraola Agirrezabala

2016-12-04

Las picardías de Jordi Évole



Lo tuyo sí que tiene mérito, es lo que me suelen lanzar a la cara aquellos que se sorprenden por la interminable matraca que doy con los temas de siempre (agricultura, alimentación, baserritarras, medio natural, ecologistas, …) y yo les respondo que no tiene ningún merito porque la temática, aunque teóricamente muy limitada, es amplísimala y la realidad es tan rica y variada que nunca falta de lo que hablar y sobre lo que pontificar, eso sí, desde mi rinconcito y con los ojos que me dio Dios y que me han moldeado mis amigos los baserritarras.

Uno de los temas, por ejemplo, sobre el que no tengo más remedio que hablar hoy, es el programa Salvados que dirige el periodista Jordi Évole que el domingo pasado emitía un reportaje sobre Mercadona donde trataba, principalmente, dos cuestiones como son su relación con los trabajadores y por otra parte, su relación con los proveedores, mejor dicho, los interproveedores.

Me senté ante el televisor con gran interés dado que esta empresa distribuidora es vital para mis amigos, los ganaderos de vacuno de leche de Euskadi, dada su relación empresarial con IPARLAT, y según avanzaba el programa, me iba sintiendo más incómodo y si les digo la verdad no sé porqué.
La imagen que dio Mercadona, en mi opinión, fue la de una empresa que funciona con gran eficacia, como una maquina bien engrasada pero de escasa permeabilidad y, por mucho que se esforzaron sus responsables la imagen que dieron es de total hermetismo. Una empresa hermética, piramidal y donde los argumentos se repiten como mantras que retumban machaconamente en las mentes de los televidentes.

La otra faceta, su relación con los interprovedores no me pilló tan de sopetón porque considero las relaciones interproveedor-Mercadona ni son tan idílicas como las manifestaba el empresario mostrado ni tan maquiavélicas como las enunció el empresario oculto en la sombra. Son tan normales y al mismo tiempo complicadas como las que puede tener la PYME que fabrica determinadas piezas para grandes empresas del sector automovilístico o para la mismísima CAF.

Lo he manifestado alguna otra vez y lo vuelvo a decir, aunque haya desconcertado a más de uno, la apuesta de IPARLAT por Mercadona es buena puesto que es la apuesta de una pequeña empresa (no olvidemos, liderada por los ganaderos de la cooperativa KAIKU) por alcanzar al mercado mayoritario y porque, dicho acuerdo, dota de estabilidad al sector productor (al garantizar la comercialización de toda su leche) además de una rentabilidad para sus explotaciones ganaderas.

Creo que todo es mejorable y por ello conviene ir, como en toda relación entre comprador-vendedor, limando aquellos aspectos que más problemas generan como pueden ser la frágil rentabilidad que cierra las puertas a la incorporación de los jóvenes (¿sería utópico hablar de subir 6 céntimos al ganadero para así asegurar su viabilidad actual y futura?) , el impulso de productos con un mayor valor añadido y por otra parte, yendo más allá de lo meramente económico, la relación entre los diferentes eslabones de la cadena alimentaria para que, compartiendo objetivos y metas, no caigamos en la tentación de promover estructuras de integración, cuando no sumisión, donde uno de los eslabones fija los criterios a cumplir por parte de los eslabones restantes.

Aún así, dejando bien clarito que existen aspectos a mejorar, vuelvo a reiterar (aún a sabiendas que mi opinión no interesa a nadie) mi apoyo a dicha relación comercial entre IPARLAT y Mercadona y a pesar del desconcierto generado por mis manifestaciones al respecto en las redes sociales, aprovecho la coyuntura para cambiar de tercio, y adelantarles mi total desconcierto con la alarma generada en Donostia tras la aparición de unos cuantos jabalís en el barrio de Intxaurrondo y más aún, con la posterior polémica desatada por los animalistas tras abatir unos ejemplares por parte de los cazadores que actuaron a requerimiento de las autoridades públicas.



Un jabalí en la puerta de su casa le ponía yo a cada uno de estos animalistas que, increíblemente, se lamentan de que hayan abatido unos pocos jabalís aún a sabiendas que en Gipuzkoa, y creo que sería algo extensible a muchos otros territorios, convivimos con una verdadera plaga de jabalís y corzos que, además de provocar numerosos accidentes de tráfico, están amargando la vida y perjudicando económicamente a cientos de baserritarras y forestalistas con sus hazañas a las que, graciosamente, nos solemos referir como “picardías”.

Los jabalís pueden arrasar maizales, levantar praderas y dañar cierres a lo largo y ancho del territorio rural sin que por ello nadie, salvo los directamente afectados, se alarme. Ahora bien, basta que sólo uno de ellos aparezca por los aledaños de cualquier ciudad para que salten todas las alarmas y se genere una verdadera polvareda. Una vez más, queda claro, que reaccionamos, única y exclusivamente, cuando nos afecta directa y personalmente. Mientras tanto, ¡que les den!.

Xabier Iraola Agirrezabala