TORKEMADA

Demasiado Tarde

2019-04-28

Burrómetro




Hoy, 28 de abril, con la celebración de las Elecciones Generales al Congreso y Senado, vivimos una nueva edición de la fiesta de la democracia con una campaña tan bronca como insípida. Bronca en cuanto que algunos partidos y candidatos han vivido una auténtica carrera en el “burrómetro” que consiste en decir la mayor de las burradas con el único objetivo de conseguir un titular para posteriormente moverlo en redes sociales. Insípido, porque en la mayoría de los casos, excepciones haberlas haylas, se ha entrado poco en harina y no se le ha hincado el diente a los temas que verdaderamente interesan a los ciudadanos.
Esta misma semana, el miércoles precisamente, la villa de Ordizia celebraba su mercado semanal, un mercado que desde 1.512 celebra un verdadero festival de la alimentación local sustentada en baserritarras, mayoritariamente mujeres, que ofrecen a sus clientes lo mejor de sus huertas, de sus frutales y la leche, queso, cuajada, etc. de las ovejas que pastan en sus tierras. Además esta semana, se celebraba el Artzain Eguna (Día del Pastor) que supone la presentación en sociedad del nuevo queso Idiazabal y en el seno de dicha fiesta, pastores de la sierra de Aralar cruzan el casco histórico con sus rebaños escenificando así, la subida a los pastos montanos que se abrirán el 1 de mayo próximo y da la casualidad, que mientras las ovejas desfilaban por una calle, por otras calles y plazas andaban las comitivas políticas repartiendo su propaganda y pidiendo el voto para su formación.
Unos y otros reivindicaron el papel estratégico que juega el sector primario y especialmente, el sector ovino con el queso Idiazabal como estandarte pero subrayando sobremanera el papel medioambiental que los pastores ejercen con sus rebaños en la sierra. Mientras tanto, los ganaderos escuchan escépticos los cantos de sirena y las ovejas enfilan el camino ascendente a la Sierra esperanzadas con que dicho apoyo electoral se traduzca, una vez termine el ciclo electoral el próximo 26 de Mayo, en un impulso firme y decidido a todas aquellas actuaciones e infraestructuras que ellas y sus pastores necesitan para vivir dignamente en la Sierra.

2019-04-21

Zapatero a tus zapatos


Mi amigo Patxi dice que soy un “zirikatzaile” (provocador) profesional que disfruto sacando a la palestra temas polémicos y/o poniendo negro sobre blanco lo que mucha gente de mi círculo (productores, pequeños elaboradores, gente del rural, etc.)  piensa y no se atreve a expresar, claro está, en público y publicadamente. De haber ostias, parecen concluir, que sean para Xabiertxo, el menda, ya que resulta más cómodo que los golpes los reciba uno sólo mientras el resto vive plácidamente tras el parapeto.
En fin, qué le vamos a hacer, me consolaré con que entra dentro del sueldo. Pues bien, hoy vengo con cosas más tranquilas y que no generan tanta polémica como son las cosas del comer porque está meridianamente claro que el placer de comer es un placer muy, pero que muy extendido.
Relacionado con la temática, recientemente he podido leer que la cesta de la compra española es una de las más baratas de la Unión Europea (UE) y si tomamos como referencia los 15 principales países, exceptuando Portugal, España tiene la cesta más barata incluso con 19 puntos de diferencia para con países de PIB muy similar al nuestro como es Italia y muy alejados de Alemania que nos saca 30 puntos.
Analizados diversos factores que pudieran explicar el porqué de dicho comportamiento y de los bajos precios de los alimentos en un país que alardea de comer fantásticamente, todo apunta que el factor diferencial sería la extensa red de de puntos de distribución, con diversidad de formatos  que, como era previsible, compiten a muerte entre ellos por su correspondiente cuota de mercado. En resumen, es la competencia en la distribución la que justifica que España cuente, en líneas generales, con una alimentación tan barata.
Adentrándome en la cuestión y ojeando un reportaje monográfico sobre la distribución de base alimentaria en el País Vasco y Navarra redactado por Rosa de Lera en la revista Alimarket del mes pasado, podemos observar que la superficie comercial en Euskadi creció en un 2,6% frente al 1,9% de media estatal y así, cerramos el ejercicio con 947 establecimientos con 598.005 m2 frente a las 925 tiendas y 582.824 m2 del año precedente. Navarra, por otra parte, sólo creció un 0,8%.

2019-04-14

Con los pies en tu tierra




Imagino a mi apreciado Carlos Etxeberri con el que comparto tribuna en el periódico Noticias de Gipuzkoa haciéndose el harakiri al conocer la noticia de que el fondo británico Zegona se ha convertido en el primer accionista de la empresa Euskaltel tras lograr una participación del 20,94% por delante del 19,8% que tiene Kutxabank. Todo los domingos dando (con razón) la matraca sobre la importancia que tiene para el futuro de nuestro país que las grandes empresas tractoras estén bien enraizadas y participadas por fondos autóctonos para que, vayan unos hijos de la gran bretaña, a comerse, coloquialmente, nuestra joya de la corona.

Incluso para mí, personalmente, ha sido un pequeño shock puesto que mantengo desde su inicio un vínculo sentimental con la marca naranja (incluso la sede central en Zamudio cuenta con una sala de nombre Legorreta, mi pueblo) y ahora esta noticia, ahondando aún más en el incomprensible abandono de su equipo ciclista por el que suspiraba todo el país, me deja totalmente perplejo y a la espera del devenir futuro para saber si mantengo mi vínculo o si por el contrario paso a un estado de orfandad y consecuentemente, me instalo en el mundo de las ofertas. Sé que el Lehendakari Urkullu ha salido a la palestra a tranquilizar a la gente, principalmente a empresarios y sindicatos, sobre las garantías estatutarias para el mantenimiento de la sede aquí pero, en mi humilde opinión, a parte de la cuestión empresarial y fiscal ligada a su sede social, creo que el tema va mucho más allá.

Hablamos del vínculo de una empresa con el país que lo acoge, eso que Carlos Etxeberri nos repite domingo sí y domingo también, y cuando digo vínculo hablo de compartir estrategias y retos de futuro, compartir los beneficios para el bien común porque, básicamente, en ello nos va el futuro de todos, de la empresa, de sus empleados, proveedores y clientes que, entre todos, conformamos eso tan etéreo como es la sociedad.

2019-04-07

Las cifras del paro




Este año celebro las bodas de plata. 25 años de casado con la misma mujer. No se crean que es mérito mío, el mérito es el de la parte contratante que ha sabido llevar, con infinita paciencia y humor, mis rarezas que, dicho sea de paso, no son pocas. Si a esos 25 les sumamos los 4 años de noviazgo, convendrán conmigo que visto el panorama social actual, soy (somos) un bicho digno de análisis y estudio sobre la fidelidad a una persona porque les tengo que reconocer, ahora que no nos oye nadie, que mi actual esposa también fue mi única novia, ósea, me rio yo de la puntería de algunos cazadores, en mi caso, 1 de 1.

Pues bien, hace 25 años viajamos a Nueva York (no sé olviden que la parte contratante es del gran Bilbao) y aparte de la dimensión gigantesca de todas las cosas, me llamó la atención sobremanera, al menos en los puntos turísticos y establecimientos hosteleros que frecuentamos, la fragmentación social papable siendo fácilmente constatable que los trabajos más elementales y por ello, peor retribuidos, eran ejecutados por personas de origen latino o de raza negra mientras los encargados, jefes y propietarios eran anglosajones.

25 años después, sin ser un agudo especialista del mercado laboral y sin querer descubrir el Cantábrico, creo que estamos muy cerca o cuando menos, acercándonos a pasos forzados a una situación similar a aquella, donde los trabajos más básicos de la hostelería, servicios, mantenimiento, agricultura, etc. son y serán ejecutados por personas inmigrantes, porque por muy asombrado y/o indignado que se ponga el autóctono de turno, la verdad sea dicha que los autóctonos no quieren (queremos) empleos en los que los horarios sean amplios y flexibles, en el que tengas que trabajar los fines de semana, el trabajo sea algo más duro que el de oficina y más aún, si los salarios no son boyantes.

En Euskadi, las cifras oficiales de desempleo apuntan que el número de desempleados registrado en los servicios públicos de empleo en la Comunidad Autónoma Vasca bajó en marzo en 1.911 personas respecto a febrero, el -1,59 %, y la cifra total de desempleados queda, así en 117.952, constatándose respecto a marzo de 2018, un bajón en la CAV en 9.212 personas, es decir, una bajada interanual del 7,24%. En una primera y rápida mirada, podemos calificar como buenos los datos, si bien, acercando la lupa, podemos caer en la cuenta el desigual comportamiento en función de la edad y del tipo de contrato.

Mirando los datos del mes de febrero último publicados por el LANBIDE de el Gobierno Vasco, me llaman la atención tres cuestiones, primero, que el 61% de los desempleados son de baja cualificación, es decir, que tienen como mucho estudios de enseñanza obligatoria, segundo, que los extranjeros (supongo que con papeles) suponen el 16% de los desempleados y tercero, únicamente el 30% de los desempleados tienen derecho a cobrar la prestación por desempleo y tras rumiar los datos, me surgen alguna preguntas: ¿qué hacen esos aproximadamente 73.000 desempleados, el 61% de los 120.000 desempleados totales, y/o hacemos como sociedad para que mejore su cualificación viendo que el nivel de cualificación es inversamente proporciona a la tasa de desempleo? ¿de qué sobreviven ese 16% de desempleados extranjeros, muchos de ellos, sin la red de seguridad que supone el entorno familiar y cómo lo hacen ese 70% que no percibe la prestación del paro?.

En lo que respecta a lo que yo sobrevuelo, el sector primario o primer sector, aún en un sector productivo tan pequeño y limitado como el sector primario de Euskadi, sufre una importante falta de mano de obra para sacar adelante las tareas del campo, la ganadería y la actividad forestal y algunas explotaciones hay que, por un mínimo contratiempo o enfermedad dentro de la familia, ni pueden acometer las actuales tareas y menos aún, pensar en posibles proyectos de futuro con mayor dimensión. Los ganaderos de leche, los horticultores, viticultores, pastores, etc, se las ven y se las desean para encontrar gente para trabajar en sus explotaciones y tal es el panorama que, olvidando cualquier tipo de condicionantes y exigencias, lo único que se busca es gente con ganas de trabajar y en el caso de los inmigrantes a los que se ayuda a tramitar los papeles, un mínimo de permanencia con el que dar estabilidad a la actividad.

En algunos casos, la escasa rentabilidad del sector impide abonar salarios que puedan competir con otros sectores, en otros casos es la dispersión, lejanía y soledad de los caseríos los motivos que retraen a la gente desempleada; en otros, porque negarlo, se niegan a trabajar de forma legal (sin caer en la cuenta del peligro que ello acarrea para el empresario) puesto que así pueden seguir percibiendo algunas ayudas y subsidios y en el caso de las personas inmigrantes es la falta de papeles (además del laberinto administrativo para conseguirlos) lo que dificulta su inserción laboral. Por una u otra razón, la cosa es que los profesionales del campo, aquí en Euskadi y no me quiero ni imaginar en otras latitudes peninsulares, no encuentran mano de obra para su actividad, ni inmigrante ni, menos, autóctona.

Viendo la situación de otros sectores y me estoy acordando de un amigo hostelero, quizás el único remedio que les quepa a los agricultores es aferrarse al dicho popular “mal de muchos, consuelo de todos (tontos)” que, a la postre, resulta tan popular como inútil.

Xabier Iraola Agirrezabala