TORKEMADA

La leche del futuro

2016-01-17

INSISTENCIALISTA



No sé si le ocurrirá a usted, estimado lector, que cuando anda trabajando sobre un tema, el grado de concentración es tal que, a riesgo de ser un pesado, no ve más que cuestiones relacionadas con el dichoso tema y para más inri, le es mentalmente imposible, abordar otra serie de cuestiones diferentes al tema de marras.

Pues bien, últimamente ando muy centrado en la cuestión del relevo generacional en nuestros caseríos y por lo tanto, ya me perdonará la insistencia (utilizo la expresión de “insistencialista” para referirme cariñosamente a los miembros de ELKARRI, grupo pacifista caracterizado por su insistencia en sus postulados), siguiendo la estela de un artículo anterior titulado “Orgullo Rural” creo conveniente abordar nuevamente esta cuestión y/o problemática.

Comienzo refiriéndome a un magnífico documento cuya lectura acabo de finalizar titulado “La sucesión en la ganadería familiar: El ovino de leche en el País Vasco” que es la tesis doctoral de la socióloga Guadalupe Ramos Truchero que, si bien actualmente trabaja en la Universidad de Valladolid, es una buena conocedora de la nuestra realidad.

En dicho documento se analizan 24 explotaciones de ovino de la Comunidad Autónoma y en todos los casos analizados, dejando previamente aclarado que todos los jóvenes son provenientes de familias con explotación ovina, se subraya la gran influencia que tiene la familia en el futuro de sus hijos y muy especialmente, en lo relativo al futuro profesional ligado al sector primario.

Los padres, como es normal, insisten a sus hijos/as para que estudien más allá de la educación básica y es en este momento de la adolescencia donde se concitan una serie de factores (sociales, familiares, económicos, vitales, etc) que hacen que sea clave en la decisión de ese joven sobre si dedicarse o no, profesionalmente, al noble arte de la agricultura.

La insistencia de los progenitores en alargar su formación es interpretado por los hijos, bastante frecuentemente, como un deseo expreso de expulsarles de la explotación (actitud que se observa con mayor fuerza en el caso de la madre) o por alejarles definitivamente por si hubiera alguna “tentación” de quedarse en el caserío.

Guadalupe Ramos plantea diferentes escenarios en función de la actitud de éstos jóvenes y así nos plantea el caso de los jóvenes vocacionales, el segundo caso de los pragmáticos y finalmente, un tercer escenario protagonizado por aquellos jóvenes que rechazan claramente cualquier vínculo con la explotación agraria y que por, lo tanto, los voy a obviar. Tal y como he mencionado anteriormente la tesis está basada en el sector del ovino de leche, osea pastores, pero creo esta división de diferentes escenarios es fácilmente trasladable al conjunto del sector primario, independientemente del subsector productivo al que nos refiramos.

Los jóvenes vocacionales son ....



jóvenes que han mamado su pasión por la actividad del campo del pecho de su madre, la han abonado desde su infancia y la desarrollan, a pesar de las incomprensiones de los más cercanos, en su juventud apostando, firme y decididamente por la actividad. Su pasión por el campo, sea ganado, huerta o viñas les hace creer (¡Error! Como diría el famoso anuncio televisivo) que ellos ya poseen los conocimientos básicos para llevar adelante la explotación y consecuentemente, rechazan (nuevo error) cualquier complemento formativo a lo meramente agrario puesto que ello es considerado como una estratagema familiar para alejarles de su verdadera pasión, el campo.


En el segundo escenario están los jóvenes pragmáticos conformado por jóvenes cuya relación con el campo viene también desde la cuna pero, a falta de un fuerte componente vocacional, compaginan su colaboración en las tareas familiares con un cierto desinterés, sin llegar al rechazo, lo cuál unido a un temprano abandono de los estudios les lleva a “picar” laboralmente fuera de la explotación en sectores económicos inestables (hostelería, construcción, etc.) y de baja retribución. La prolongada inestabilidad laboral y su cercanía al negocio familiar, además de un patente rechazo en trabajar para otros, hacen que estos jóvenes reconsideren el negocio familiar como una alternativa laboral aceptable donde los conocimientos básicos adquiridos desde la infancia compensan, al menos en su opinión, su patente laguna formativa.

No es mi intención abordar la tesis en su conjunto pero tras su lectura y posterior reflexión, creo que sí debemos subrayar la importancia que los padres tienen en ese momento tan especial en la vida de sus hijos reforzando la vocación innata con unos estudios específicos y bien orientados a la actividad o complementándola con una serie de competencias en otras áreas, no tan genuinamente agrarias (gestión, economía, ventas, transformación, veterinaria, etc) pero que le vendrán de perlas en su quehacer diario y para el segundo grupo, el de los pragmáticos, creo necesario impulsar y reforzar una buena formación “intensiva” o “express” que les permita adaptarse a las crecientes necesidades que se van a encontrar al volver a casa y ponerse al frente de la explotación familiar.

Insisto, y aquí acabo, en ninguno de los dos casos es admisible que la formación de los jóvenes se limite a la transmisión de conocimientos de padres a hijos y por lo tanto, es más necesario que nunca, destacar la necesidad de formarse. El mundo agrario, a semejanza de lo que ocurre en el resto de profesiones, avanza tan vertiginosamente que es inaceptable ese planteamiento castrante para el futuro de estos nuevos baserritarras.

Xabier Iraola Agirrezabala

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