Hasta las trancas

 



Este jueves, fue un día de gloria para mí. Tenso e intenso, pero gratamente satisfactorio. Durante la mañana estuve siguiendo, en directo, la sesión del Congreso que trataba la Ley de desperdicio alimentario y por la noche, en la cena de cuadrilla semanal, nuestro amigo Joxemari, el molinero, nos obsequió con un revuelto de pikatxa (sangrecilla) y una extraordinaria baratzurizopa (sopa de ajo), por lo que, la cuadrilla, sumándose al espíritu de la recién aprobada ley, no dejo ni rastro. Miento, quedó un poco de sopa, que se lo llevó uno, ya se pueden imaginar quien, en un túper para casa. Ósea, desperdicio cero.

Pues bien, como decía, por la mañana, en el congreso de los diputados había movida con la ley de desperdicio alimentario y aunque la ley, en principio, parecía de lo más ingenua y su tramitación tranquilita, la cuestión es que, las enmiendas añadidas en su trámite, tanto en el congreso como en el senado, hacían prever que la tormenta que se avecinaba era de dimensiones colosales.

Lo que, como decía, era una ley menor, se convirtió en un verdadero ómnibus que trataba, más allá del desperdicio alimentario, diversas cuestiones que nada tenían que ver con el fin a tratar. Unos introdujeron la cuestión de la representatividad de las organizaciones agrarias, otros metieron la prórroga de las ayudas a las plantas de cogeneración para los purines ganaderos, las ayudas al olivar y viñedo afectados por la sequía, etc. pero, permítame, estimado sufridor, centrarme en la enmienda, introducida por el PP en el Senado, que abogaba por la salida del lobo del listado LESPRE.


La introducción de la enmienda del lobo suscitó un terrible cabreo en las fuerzas de la izquierda, puesto que consideraban que el PP se había valido de su mayoría absoluta en el Senado para introducir un tema tan importante como delicado, que no venía a cuento. No les fata razón, digo yo, pero también aprovecho la oportunidad para recordarles, por enésima vez, a estas fuerzas de la izquierda, que el año pasado se aprobó una proposición de ley que promovía la salida del lobo del listado LESPRE, única y específicamente para esa cuestión, de cara y sin caretas, que fue aprobada en el pleno por PP, PNV, Junts, UPN, Coalición Canaria y Vox, y que está atascada, deliberadamente, en la mesa del congreso, por la mayoría que en ella ostentan PSOE y Sumar. Por lo tanto, me reconocerán, unos y otros que, para sacar adelante la cuestión del lobo, no había más remedio que recurrir a esta martingala del trámite parlamentario.

Volviendo al pleno del congreso de este jueves, como le decía, la mañana amaneció calentita, los ecologistas presionado a los grupos parlamentarios, tanto directa como indirectamente vía artículos en la prensa escrita, los impresentables del partido político PACMA publicando un montaje fotográfico donde Feijoo (PP), Esteban (PNV), Puigdemont (Junts) y Abascal (Vox) aparecían calificados como MATALOBOS y por otra parte, las organizaciones agrarias, con sus limitados medios, presionando también a los diputados, desde el otro extremo, para que no olvidasen los daños y perjuicios que los lobos vienen ocasionando a los ganaderos de su circunscripción electoral.

Yo, personalmente, y no lo oculto, he tratado con varios diputados para que apoyasen la dichosa disposición final que suponía la salida del lobo del listado LESPRE y por lo tanto que, en la gestión de la población del lobo, entre otras medidas, pudiese incorporarse, siempre con su previo informe de daños y con su permiso de la administración competente, el uso de la caza y aunque, en varios de los casos, me ha correspondido recurrir a diputados que se salían de mi área natural, Euskadi, hoy quisiera centrarme en los diputados vascos y en su comportamiento al respecto de dicha votación.

Comienzo por los diputados del PSOE y Sumar que, una vez más, votaron en contra y, por lo tanto, dieron la espalda a los ganaderos vascos de extensivo. Sigo, con un fuerte aplauso para los diputados de PNV y PP que, una y otra vez, el año pasado en el Congreso y este año, en el senado y congreso, votaron a favor de la ganadería extensiva y de la gestión de la creciente población del lobo y finalmente, mi más rabiosa crítica hacia EHBILDU que, una vez más, decidió esconderse detrás de la abstención.

EHBILDU, esta ocasión y en otras anteriores, no acaba de mojarse con el sector ganadero y en cuestiones como ésta, se refugia en una vergonzante abstención para no enfadar a los movimientos ecologistas y amparándose en frases rimbombantes como que lo que ellos promueven es la convivencia entre el lobo y la ganadería extensiva, aún siendo sabedores que no es posible.

EHBILDU debiera saber, y soy consciente que lo sabe, que, al no querer enfadar a los ecologistas, lo que hace es enfadar a los ganaderos que, por mucho que les doliera, hubieran preferido que hubiesen ido de cara y no ponerse de perfil ante una cuestión tan importante como ésta.

Algunos ganaderos, los acérrimos a la causa, le quitan importancia al asunto puesto que la cuestión salió adelante, pero yo me pregunto, y les pregunto, ¿qué hubiesen pensado si el resto de los partidos se hubiesen puesto, igualmente, de perfil y se hubiesen abstenido, impidiendo la aprobación de dicha disposición?

Cuando hay que mojarse, hay que mojarse. Hasta las trancas.

 

Xabier Iraola Agirrezabala

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