Prioridad Nacional
Acabamos de celebrar el primer aniversario del apagón que nos
dejó a dos velas al país entero. Vivimos aquel día con angustia y tras
recuperarse la corriente, nos dimos cuenta de que la sociedad moderna en la que
vivimos, sin luz, no somos nada. Nada funciona y entonces caemos en la cuenta de
que no estamos preparados para hacer nada sin suministro eléctrico, y no nos quedó
más remedio que, hacer algo tan sencillo y básico como conversar con la gente
que te rodea.
Algo parecido nos ocurre cuando vamos a una zona montañosa
y/o rural lo suficientemente alejada para que, lo que es normal en la urbe, sea
algo inusual o inhabitual y comprobamos que no hay cobertura para el móvil, ni
hay recogida de basuras o, algo aún más básico, no hay abastecimiento de agua
potabilizada en el grifo del domicilio.
Algo así ocurre en cientos, o miles, de caseríos de Euskadi
donde el abastecimiento de agua potabilizada es inexistente y, aunque en las
últimas décadas la situación ha mejorado, no es menos cierto que, todavía, sea
muy común que los caseríos no se abastezcan de la red municipal y que, en consecuencia,
sean ellos mismos los que tengan buscarse su alternativa particular.
Por cierto, esta lamentable situación se da, aunque la Ley
7/1985, de 2 de abril, Reguladora de las Bases del Régimen Local, la normativa
base que regula las competencias y deberes de los municipios, establece que el
abastecimiento de agua potable a domicilio es una competencia propia de los
ayuntamientos y esto, simple y llanamente significa que no es algo
"opcional" para el Ayuntamiento, sino que es una responsabilidad de
la que debe hacerse cargo por derecho legal. Es más, en su artículo 26.1.a),
establece que el abastecimiento domiciliario de agua potable, además del
alcantarillado, son servicios obligatorios en todos los municipios, independientemente
de su población y, añado yo, de su configuración.
Pues bien, como decía anteriormente, son miles los ciudadanos
del ámbito rural vasco, situación extensible a todo el territorio peninsular,
que ante la inacción, imposibilidad o falta de respuesta del ayuntamiento ha
tenido que solicitar una concesión a la confederación hidrográfica
correspondiente, pagar al abogado de turno por ello, contratar una empresa para
efectuar la captación en alguna de sus fincas, hacer la acometida hasta el
domicilio, la cuadra o alguna de las parcelas, y en algunos casos, instalar un
depósito y una cloradora, u otras cuantas historias más, para poder contar con
suministro de agua en el grifo de casa y en las instalaciones de la explotación
agropecuaria. Todo ello, pagado a tocateja de su bolsillo y lo que es peor, sabedores
de que, en adelante, el mantenimiento y renovación de lo hasta ahora relatado,
también corre de su cuenta. Mientras, en el núcleo urbano, desconocedores de la
situación narrada, se llevan las manos a la cabeza cada vez que hay un pequeño
corte de agua por alguna obra o cada vez que falla el agua caliente de las
duchas de las piscinas municipales.
Eso sí, sin querer hacer un chiste con la cuestión, lo que
está verdaderamente caliente es el ánimo de todas estas personas, vecinos de
zonas rurales tanto en pueblitos como en barrios rurales de ciudades medianas y
grandes, a los que les hierve la sangre cuando reciben cartas requiriéndoles a
instalar un contador de caudal de su captación para poder comprobar que
respetan las cantidades de agua reconocidas en su concesión oficial pero también,
de paso, para recordarles que tienen que hacer ellos mismos la lectura del
contador y trasladarle la lectura a la entidad competente, URA del Gobierno
Vasco, para poder liquidarles el canon ecológico que, al parecer, está basado
en la Directiva Marco del Agua de la Unión Europea.
Como decía, la administración competente en el abastecimiento
de agua para el domicilio, el ayuntamiento, incumple lo establecido en la ley,
los habitantes del rural, cuando menos, muchos de ellos, se buscan la solución,
se la pagan de su bolsillo, la mantienen y reparan, pero, eso sí, en el momento
de inspeccionar el posible mal uso de la concesión, ni que fuesen una central
nuclear que extraigan cantidades
ingentes de agua del subsuelo, y para poder cursarles la irrisoria factura del
canon del agua, reconociendo que en la mayoría de los casos, la mera tramitación
cuesta más de lo que se cobra, entonces, entonces sí que sí, la administración,
sí aparece.
Cada administración, en su nivel, tiene sus competencias y
deberes. Ahora bien, se agradecería una cierta colaboración interinstitucional,
cuando menos, para hacer frente al deficitario sistema de abastecimiento rural.
Estos vecinos rurales no debieran ser tratados como ciudadanos de segunda. El
abastecimiento de agua, por lo tanto, debiera ser prioridad nacional. Una más.
Xabier Iraola Agirrezabala

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