TORKEMADA

Lo tienes crudo

2015-09-27

A los incompetentes de Competencia


Hace unos meses escribí un artículo sobre la complicada supervivencia del comercio minorista en el medio rural con el titulo “Joxepi ha bajado la persiana” y lo que era un homenaje al comerciante rural, personalizado en mi amiga Joxepi, acabó siendo un trágico anticipo del fallecimiento de mi amiga puesto que a los pocos días supe que una voraz enfermedad se había apoderado de sus entrañas.

Pues bien, este verano los nuevos emprendedores, Eneko y Beatriz, que cogieron las riendas de este comercio familiar acometieron una importante obra de remodelación de la tienda, ampliándola, modernizándola y haciéndola más accesible a mayores y parejas con niños además de profundizar, por lo que yo percibo, aún más, su relación con la cooperativa Coviran y tal es así, que la fachada y cartelería es de la propia marca y así, como de rondón, pasamos de tener una tienda de pueblo a tener un verdadero supermercado de la cadena Coviran.

Viene esto a cuento porque los últimos años estamos asistiendo a una progresiva transformación del sector de la distribución donde los grandes centros comerciales ubicados en el extrarradio de la ciudad son complementados, cuando no sustituidos, por pequeños y medianos supermercados integrados en la trama urbana que hacen que también se modifique nuestra percepción hacia dichas cadenas que, paulatinamente, ya no son percibidos como grandes monstruos sino como unos pequeños centros, cercanos físicamente, y con una mayor conexión humana entre cliente y empleados.

Las grandes cadenas de distribución, salvadas las excepciones, ya no impulsan megacentros comerciales y optan por pequeños supers que, a semejanza de las tiendas de barrio, son visitadas,a pie, unipersonalmente, con mayor frecuencia (varios visitas por semana) y así los importes por ticket de compra cada vez son menores y más fáciles de digerir por la economía familiar dado que, salvo en los mundos de yuppie en que vive algún dirigente, la cosa está muy, pero que muy, “apretá”.

Ahora bien, si bien la ventanilla de venta es el pequeño, cercano y diverso super de barrio (cuestión más patente aún en el caso de las cadenas que se expanden a través de centros franquiciados) no debemos olvidar que, salvadas las excepciones, la ventanilla de compra sigue siendo única, lejana y grande y por lo tanto, las cadenas a través de sus centrales de compra, nunca mejor dicho, siguen “centralizando” sus provisiones en base a factores dominantes como el volumen y el precio mientras humaniza su imagen en el punto de venta.

El poder de las cadenas de distribución es enorme y creciente, tal es así que las 5 primeras empresas tienen un 50% de la cuota de mercado español, destacando sobremanera Mercadona con un 22% a gran distancia de los siguientes, Dia con 9%, Carrefour con un 8,3% y Eroski con un 6,2%, por lo que podríamos afirmar que estamos, en la práctica, ante una situación de oligosopnio (oligopsonio, son unos pocos compradores que están en capacidad de dominar el mercado en cuanto a cantidad y precios, en perjuicio de sus proveedores) en el sector de la distribución. Las empresas van creciendo, como los reinos medievales, fruto de acuerdos, bodas y fusiones, van fortaleciéndose según sea la zona de interés con la adquisición de pequeños grupos regionales y consecuentemente, reduciéndose el número de interlocutores con los que tanto agricultores como empresas agroalimentarias tienen que negociar las condiciones de compra, entre otras, el precio de sus productos.



Por otra parte, el Informe ministerial sobre consumo alimentario publicado el pasado año recoge información sobre la cuota de mercado que tiene cada uno de los canales de compra y en el mismo, observamos que entre hipermercados, supermercados y tiendas de descuento acaparan el 72,6% del gasto total en alimentación, la cifra se reduce hasta un 47,7% en el caso de la alimentación fresca. ¡Ahí es nada!

Por ello, si tenemos en cuenta la cuota de mercado de cada una de esas pocas empresas y su cuota de mercado en lo que respecta a alimentación, convendrá conmigo que comemos y bebemos lo que quieren estos cinco señores puesto que en la mayoría de las casos, introducimos en nuestra cesta lo que hemos elegido entre los productos que ellos nos presentan en sus estanterías donde, previamente, ellos han hecho una preselección entre aquellos productos de mayor o menor calidad, entre aquellos productos de mayor o menor precio pero, impepinablemente, entre aquellos productos con mejor margen para ellos frente a aquellos otros que le reporta un menor margen.

Por ello, no acabo de entender tanto remilgo por parte de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), perdón por la expresión pero !menudo atajo de incompetentes!, que ampara y permite los abusos de algunas cadenas que, valiéndose de su omnipotencia y de la situación de dependencia de los agricultores, cooperativas o empresas para con dichas cadenas, estrujan al conjunto de la cadena, dejándola sin oxigeno y por extensión, sin futuro.

Esta misma semana he leído con pavor el Informe que la CNMC ha emitido sobre el Código de Buenas Prácticas Mercantiles recogido en la Ley de la Cadena Alimentaria, una vez más, esta Comisión cierra los ojos a la evidencia, ampara los abusos y lo que es peor, es débil ante los poderosos a la vez que cruel y despiadado con los débiles.

No sé si, tal y como recoge el siempre sabio Tomás Garcia-Azcárate, liberado de sus altas responsabilidades en la Comisión Europea y a pleno rendimiento nuevamente en el CSIC, la solución debe buscarse a nivel comunitario trabajando y desarrollando la excepción potencial al derecho a la competencia que el Tratado de Roma ha previsto para el sector agrario, lo que tengo bien claro es que el sector agrario y agroalimentario estatal no puede quedarse atado de pies y manos a las injustas directrices de esta Comisión.

Por cierto, y termino, estaría bien que el Gobierno Central fomentase una mayor competencia entre diversos organismos o se revisasen los objetivos o se reduzca el poder de decisión de dicha Comisión para así, acabar con el monopolio de la verdad que actualmente ostenta la CNMC y que paraliza y obstruye, incluso, la voluntad de acción política de los representantes públicos.

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