TORKEMADA

Mi suegra no tiene desperdicio

2016-11-27

El paraíso terrenal de algunos



Hace un año exactamente iniciaba mi artículo semanal mencionando a Mikel y Antonio, ganaderos asociados en una Comunidad de Bienes (ahora, Sociedad Civil) junto con sus respectivas y viendo que ambos tenían que ausentarse frecuentemente por sus obligaciones, presidente de ENBA el primero y concejal el segundo, yo les solía decir jocosamente que su explotación era una Comunidad de Bienes para ellos y una Comunidad de Males para sus esposas.
Pues bien, algo parecido me vino a la mente cuando esta semana acudí al Congreso Euskal Hiria 2016 que se celebró en Donostia y donde, bajo el lema Lurraldea 2040, se daba un paso más en el largo proceso de participación ciudadana que el Gobierno Vasco ha contemplado para la revisión de las actuales Directrices de Ordenación Territorial, popularmente conocidas como las DOT.
Este documento, desarrollado posteriormente  por otros de menor rango como son los Planes Territoriales Parciales y Sectoriales, proyectan el modelo de país y su ordenación territorial constituyendo la auténtica Biblia a la que todas las instituciones (departamentos gubernamentales, diputaciones y ayuntamientos) acuden para comprobar cuántas viviendas pueden impulsar, por dónde pueden ampliar los polígonos o en su caso, si las carreteras, vías, etc. tienen encaje, o no, en el territorio que pretenden actuar.
El documento, al menos lo poco que he podido leer, tiene una aportación fundamental para el mundo rural y es la apuesta decidida por frenar al máximo la artificialización de la tierra agraria y consecuentemente, la prioridad absoluta, a políticas de rehabilitación y recuperación de espacios degradados, tanto en su vertiente industrial como habitacional. Estimo que es una buena base para diseñar el futuro y asegurar la base territorial del actual sector agrario (agricultura, ganadería y foresta) como de las generaciones venideras impidiendo la tendencia expansiva que tanto éxito cosechó en la época del boom inmobiliario.
Dicho esto, no puedo dejar sin apuntar que, saltándonos la gama de grises al completo, creo que vamos a pasar del negro directamente al inmaculado blanco y así, mucho me temo, que vamos a pasar de....



... un tiempo donde se consideraba suelo rural aquello que todavía no había sido desarrollado o utilizado para levantar viviendas, pabellones, centros comerciales, etc. a un tiempo, nuevo pero ya en ciernes, donde el suelo agrario pasará a ser un paraíso terrenal, intocable, virgen en su aspecto naturístico y donde incluso las actividades propias y tradicionales, la agrícola, ganadera y forestal, son consideradas (al menos por unos cuantos) molestas y sospechosas o susceptibles de erradicar para así, mantener, el territorio rural inmaculado.
Se habla de integrar la totalidad del suelo agrario y forestal en un concepto como la “Infraestructura Verde” donde además de nuestras tierras agroforestales se incluyen los espacios públicos protegidos, las vías verdes, los parques naturales, los parques periurbanos, los huertos urbanos de ocio, los tejados verdes, etc.  para que así, este totuum revolutum, conforme el medio en el que la población urbana tenga el pulmón oxigenador que requiere, viva con unos altísimos estándares de calidad, disfrute del paisaje y de la naturaleza y por todo ello, según consideran las cabezas pensantes, esta infraestructura verde debe ser fruto de un estricto control y regulación por parte de la sociedad, y más concretamente, de las administraciones públicas.

Pues bien, volviendo al inicio de mi artículo y más concretamente, a la comunidad de bienes o males, depende de cómo se mire, creo que esta bipolaridad se da también entre aquellos que, por una parte, aluden y destacan constantemente en sus discursos teóricos los numerosos e importantes bienes públicos que el sector primario frente a aquellos otros que, sin teoría pero con la práctica diaria, generan los bienes públicos.
No sé cuál es el motivo de tal desencuentro porque cada vez que los primeros cavilan sobre cómo impulsar y fortalecer los bienes públicos (paisaje, biodiversidad, calidad del aire, agua, etc), los segundos, son incapaces de verse como beneficiarios de esas teorías y lo que es peor, incluso, se sienten atacados y ninguneados por aquellos primeros que, no lo dudo, actúan de buena fe.
Desconozco si el motivo de tal desconexión, preocupante a la vez que creciente, es el desconocimiento de los primeros de la realidad de los segundos o la incapacidad de los segundos por hacer ver y poner en valor su trabajo al conjunto de la sociedad, teóricos incluidos. Ahora bien, soy de la opinión que ambas partes deben trabajar por encontrar campos de entendimiento para, a través de un trabajo conjunto, ser capaces de hacer ver al conjunto de la sociedad y particularmente, a los responsables políticos, de la naturaleza estratégica del sector primario.
No puede ser que, emulando a la comunidad de Bienes antes mencionada, la comunidad intelectual, la clase política y por extensión, la sociedad en su conjunto sean beneficiarios de los bienes públicos a costa, al menos así lo sienten, del bien privado de unos pocos agricultores, ganaderos y propietarios forestales.
Finalizo con la siguiente pregunta: ¿se imaginan que el próximo 3 y 4 de Junio del próximo año, con motivo de la celebración del Día Mundial del Medio Ambiente el día 5, los baserritarras y propietarios forestales impidiesen el libre tránsito a montañeros, paseantes, moteros, quads ,bicicleteros, senderistas, trailers, cazadores, naturalistas, etc por sus praderas y bosques? Quizás, sea una buena oportunidad para que alguno capte la importancia de aquellos que ningunea.


Xabier Iraola Agirrezabala

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