TORKEMADA

Mi suegra no tiene desperdicio

2018-03-18

Cosas de Mujeres



Cada vez que llegan fechas tan señaladas para las mujeres como el 8 de Marzo o el propio 15 de octubre (Día de la Mujer Rural), aparte de las miles de mujeres trabajadoras tanto en el campo como fuera del mismo, me acuerdo en especial de dos personas, ambas ya fallecidas: mi abuela Sebastiana y mi amiga Kontxi.
Mi abuela Sebastiana en el caserío Amebi de Lazkao era el vivo ejemplo de otras muchas mujeres de la época que trabajaban la tierra y gobernaban el ganado, entre parto y parto, que fueron unos cuantos, mientras su esposo era más dado a ser el representante de relaciones exteriores de la familia y el interlocutor con las fuerzas vivas de la localidad, léase, el alcalde, el párroco y el médico-boticario. Conozco más casos y no creo equivocarme en exceso que esta casuística era bastante habitual, eso sí, ya hace bastantes años.
En el caso de Kontxi, una mujer tan brillante como luchadora, tras un periplo vital por otras tierras europeas decidió emprender su aventura vital y familiar en las profundidades de Lastur y allí con arduo trabajo y tesón, acompañado del silencioso Guillermo, echó raíces en el caserío Arruan Haundi e impulsó un proyecto de caserío, como le gustaba a ella, pequeño, familiar, diversificado y sostenible. Cuando le conocí, ella misma me reconocía que era una rara avis dentro de la fauna imperante en el sector pero era tal la fuerza y energía que irradiaba que era capaz de sacar adelante todo aquello en lo que creía. Tal era su generosidad que incluso fue de voluntaria a colaborar a Haití tras los terribles terremotos pero, la fuerza del mal, en forma de ELA pudo más que ella y acabo por decirnos adiós.
Ambas dos, Sebastiana y Kontxi, Kontxi y Sebastiana, no tenían en su interior el demonio como ha afirmado el obispo Munilla en unas declaraciones que debieran suponer su fulminante cese por parte del Papa Francisco, sino una fuerza que lo irradiaba todo, empezando desde la tierra que labraban hasta su entorno familiar y su vida social.
Queriendo olvidar las impresentables afirmaciones episcopales, me centro en cosas más serias .....




pero queriendo tratar el tema de las mujeres agricultoras, comienzo haciendo alusión a la nota emitida por la organización agraria ENBA, nota basada en informe recientemente publicado por el FEGA (Fondo Español de Garantía), entidad que lleva el control de todos los fondos europeos y por lo tanto de las archifamosas ayudas de la PAC, pues bien, según este informe, en Euskadi, en el ejercicio 2016, hubo un total de 8.331 personas beneficiarias de las ayudas directas europeas, de las cuales 3.193 eran mujeres y 5.138 hombres, es decir, las mujeres eran el 38,32% del total. Además, las mujeres percibieron, de media, un importe de 2.684 euros mientras los hombres alcanzaron los 4.712 euros, es decir, el importe medio de las mujeres era un 40% inferior al de los hombres. ¡Ahí es nada!.
El informe FEGA coge como criterio la percepción de ayudas, ayudas que se dan a la actividad, particularmente en algunos subsectores productivos, pero tampoco son más halagüeños los datos hechos públicos por la asociación de mujeres baserritarras EBEL, vinculada al sindicato EHNE, que afirma que sólo solo una de cada diez tiene un salario asignado a su trabajo en el caserío, es decir, son profesionales.

Volviendo al comunicado del FEGA  y mirando el peso de la mujer en función del estrato de edad, podemos comprobar que entre los beneficiarios menores de 25 años, en Euskadi hay sólo 43 personas pero de ellas sólo hay 5 mujeres, es decir, apenas suponen el 11,6%. Entre los perceptores de 25 y 40 años, hay un total de 681 personas, 523 hombres y 158 mujeres, es decir, las mujeres suponen un 23,20%. En la franja entre 40 y 65 años, hay un total de 4.569 perceptores, 2.914 hombres y 1.655 mujeres, es decir, un 36,22% son mujeres y finalmente, en la franja superior a los 65 años, con un total de 3.038 perceptores, hay 1.633 hombres y 1.375 mujeres, es decir, las mujeres ya suponen un 45,26% del total. En conclusión, el peso porcentual de las mujeres en la agricultura crece, lamentablemente,  con la edad y reflejo de ello es que mientras los más jóvenes de 25 años suponen un 11,6% mientras se llega a alcanzar un 45% entre los mayores a 65 años. Ósea, tenemos casi el 50% de las mujeres del agro vasco en edad, oficial, de jubilarse y por lo tanto es urgente incoporar nueva savia, a poder ser femenina, a este envejecido sector. Eso sí, convendrán conmigo que las penosas pensiones agrarias, que rondan los 600 euros, y las “magníficas” expectativas de mejora que ha anunciado recientemente nuestro Marianico en el Congreso, por mucho que se merezcan un descanso, no va a quedarles más remedio que seguir arreando hasta el final.
Trabajo no leas va a faltar y menos aún si hacemos caso al informe de EBEL en el que se recoge que las mujeres titulares de explotación  trabajan una media de 51,5 horas semanales y si tenemos que son ellas, en un 80% de las familias agrarias, las que asumen, cargan diría yo, con el cuidado de familiares, ya sean personas mayores o niños.
Resumiendo, en un tuit como dicen ahora los jóvenes: si los hombres del campo no cambian el chip y se bajan del tractor para integrarse en las tareas domésticas y/o familiares, los años venideros, lamentablemente, seguiremos hablando en similares términos.


Xabier Iraola Agirrezabala

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