Desamparo
Preguntan, en un chiste, por un
afligido señor que llora desconsolado por la muerte de su esposa, ¿qué tal se
siente el marido de Amparo?, a lo que su interlocutor le responde, obvia,
lógica y tajantemente, “desamparado”.
Así nos sentimos medio mundo,
desamparados, al ver que Donalda Trump, a modo de matón de patio de colegio, secuestra
al máximo mandatario venezolano, Nicolás Maduro, un dictador caribeño al uso,
por el simple hecho de que quiere para sí, para su país y sus empresas, el
petróleo que Venezuela tiene bajo sus pies. Veníamos del proyecto de construir
un resort en Gaza, de ayudarle armamentísticamente a Ucrania siempre y cuando
le cedan el control de las tierras raras y ahora, nos abocamos a una pelea por
Groenlandia y todo, por que el matón del patio dice que él necesita esa isla
para su protección. Sin olvidar, la fijación de aranceles de forma unilateral.
Pues bien, igualmente desamparado
se siente el sector ganadero europeo de vacuno de carne, al comprobar que estos
días, los gobiernos europeos han dado luz verde a la firma del acuerdo
comercial entre la Unión Europea y Mercosur (Brasil, Argentina, Uruguay y
Paraguay). La UE, en su renovada gobernanza, contempla que para este tipo de
acuerdos, debe contarse con el voto afirmativo de una mayoría cualificada (el
55% de los estados y más del 65% de la población) pero también puede darse una
minoría de bloqueo (mínimo de 4 países que superen el 35% de la población) y
así, mientras Francia, Hungría, Polonia, Austria, Irlanda e Italia se
presentaban, hasta hace un mes, como el frente de rechazo, resulta que, esta
semana, tras un truco de magia presupuestaria de Ursula Von der Leyen, el
gobierno italiano comandado por Giorgia Meloni, amiga y aliada de Vox, ha cambiado
de bando, dejando la minoría de bloqueo y pasándose a la mayoría cualificada. Y
todo ello, con su sector agrario, en contra.
Ahora, este acuerdo gubernamental,
necesita ser ratificado en el Parlamento Europeo y todo apunta a que no está
garantizado su respaldo puesto que además del rechazo de partidos derechistas, cada
vez más numerosos, también están los encuadrados en la Izquierda y, además, tenemos
a numerosos europarlamentarios que suelen votar libremente, sin disciplina
partidista, por que son conscientes que un acuerdo como éste será difícilmente vendible
entre su electorado rural. Por lo tanto, todavía hay partida para todos
aquellos que quieren tumbar (o mejorar) el acuerdo y muestra de ello es que el
todopoderoso sindicato francés, FNSEA, ha convocado una movilización ante el
Parlamento Europeo para el próximo 20 de este mes y aquí, en nuestro ámbito,
los ganaderos vascos se movilizarán el día 15 en la frontera de Irún. Además,
si ello no fuera suficiente, existe un importante número de europarlamentarios
que han decidido llevar ante el Tribunal de Justicia de la UE dicho acuerdo
para impedir su entrada en vigor y dilatar el proceso.
Dicho lo dicho, conviene hacer
una doble lectura del momento, por una parte, vivimos en un endiablado momento geopolítico
donde, como decía, el matón del patio por una parte, Donald Trump, el dictador
chino de sonrisa perenne, Xi Jinping, y sin olvidar el gélido Vladímir Putin
por la otra, en esta lucha de titanes que lo único que buscan es cargarse la
gobernanza mundial desde un prisma de multilateralidad y donde prime la fuerza
como único argumento político, la Unión Europea necesita de ir tejiendo una
serie de acuerdos que le permitan seguir siendo algo en la escena internacional
y que su economía no dependa tanto de esos tres países comandados por estos titanes.
Por otra parte, estaría la
lectura meramente comercial de dicho acuerdo y es en este apartado donde no hay
duda alguna que, hay algunos sectores económicos que resultan beneficiados,
principalmente el automovilístico e industrial, y otros, penalizados, el sector
agrario. Eso sí, el sector agrario tampoco es unívoco y por ello, creo observar
que mientras el sector del vino y del aceite de oliva miran con esperanza a ese
nuevo mercado de 720 millones de personas, el sector ganadero de vacuno de
carne tiembla con solo pensar en el potencial que tienen esos cuatro países del
cono sur.
Las autoridades europeas son
conscientes de ello y por eso, desde un inicio, se planteaba que existiese una
partida presupuestaria para compensar los perjuicios ocasionados por la entrada
de carne sudamericana en la UE y es ahí, precisamente, donde una vez más,
quisiera poner el foco.
La Unión Europea firma el acuerdo
de Mercosur argumentando que necesita este nuevo acuerdo de libre comercio para
reducir su dependencia de EEUU y China, pero, mientras tanto, condena a su
sector vacuno a incrementar su dependencia de ayudas compensatorias como si la actual
dependencia de este subsector para con las ayudas PAC no fuese suficiente,
además de lamentable. Al parecer, quieren un sector vacuno aún más dependiente,
mendicante y atado a la voluntad del político de turno.
Finalizo. Dice una autoridad
agraria no muy lejana que mientras la industria agroalimentaria va como un
tiro, el sector productor se muere poco a poco. Pues bien, observen las valoraciones
de los diferentes sectores económicos ante el acuerdo de Mercosur y comprobarán
que, aquí también, mientras unos van como un tiro, otros mueren poco a poco, porque
se sienten, nuevamente, desamparados.
Xabier Iraola Agirrezabala
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