TORKEMADA

Mi suegra no tiene desperdicio

2016-09-25

El hamster dentro de la rueda



Los que llevamos un porrón de años siguiendo la política agraria que impulsan y ejecutan los diferentes gobiernos de diferentes niveles administrativos somos conocedores de la importancia, capital diría yo, que la política agraria común europea, la archifamosa PAC, cada vez menos común y menos europea, tiene para el sector productor y por extensión para el mundo rural en su conjunto.

No quisiera caer en la caricatura al afirmar que las políticas de los gobiernos estatales y autonómicos se limitan a cambiar en sus documentos el logo de la Unión Europea por el del gobierno en cuestión porque la realidad nos viene demostrando que fuera de la PAC existe vida o, mejor dicho, fuera o en el contexto de la PAC es posible desarrollar una política agraria propia, con todos los peros y límites imaginables, pero posible.

La PAC en sus 30 años de vida sufre una mutación constante materializada en una cadena de sucesivas reformas de la PAC que trae por la calle de la amargura a la gente del sector, tanto agentes sociales como productores, que dicho lisa y llanamente, muchos de ellos, no saben ni por dónde les sopla el viento. Personalmente, no me extraña nada ya que a la aprobación de una reforma para un periodo de 7 años, le preceden dos años de rumores, propuestas, presiones y dimes y diretes que no hacen más que revolver el corral y marear al productor, sin olvidar el proceso paralelo que lleva la aprobación del Presupuesto Plurianual donde se fijan las previsiones y los límites de gasto correspondientes a la partida agraria.

Tras esos 2 años previos, se consuma la ceremonia de la confusión del acuerdo de aprobación que se va complicando por barrios (¡qué tiempos aquellos donde Chirac y Schröder decidían por todos tomándose unas copas en el hotel!) ya que a la ampliación de la UE hasta los 28 estados miembro, cada uno de ellos de un padre y madre diferentes, cada uno con un sector productor diferente, a este popurrí de países le tenemos que sumar la creciente complejidad del entramado europeo donde además de los agentes que hasta mandaban, el Comisario de Agricultura de turno y el Consejo de Ministros de Agricultura de los estados miembro, en la actualidad a ellos se les ha sumado, a través de la co-decisión, el Parlamento Europeo. ¡Casi nada!.

Pues bien, no se crean que con esto acaba la matraca puesto que ...



...a mitad del periodo, se vuelve a la carga con la reforma intermedia tanto del presupuesto plurianual como de la propia PAC con lo que nos encontramos sumidos en una rueda de la que no podemos escapar y así, los agricultores y agentes sociales, emulando al hamster en la rueda dentro de la jaula, somos incapaces de mirar más allá, tanto al frente como a los laterales e incapaces de caer en la cuenta que, por muy importante que sea la PAC, lo verdaderamente importante es el consumidor (el jefe, como dicen los de Mercadona).

En estas tareas anda metido Juncker, presidente de la Comisión Europea que en su discurso sobre el Estado de la Unión 2016 presentó la revisión intermedia del presupuesto plurianual con la que pretende liberar, eso sí, sin tocar el techo máximo de gesto, un importe adicional de 6 300 millones EUR de financiación de aquí a 2020 para atender nuevos objetivos y situaciones imprevistas donde destaca, sobremanera, la política de migración y la sangrante situación de los refugiados. Yo que soy de letras cuando leo que no van a tocar el techo máximo de gasto pero que van a “liberar” esos miles de millones, el olfato me dice que rascarán de las partidas actuales y mucho me temo, que la partida agraria tiene muchísimos boletos para ser uno de los agraciados por el recorte.

Por ello, en línea con lo apuntado anteriormente sobre la interminable e insufrible tramitación europea, me encajan perfectamente los movimientos que se están dando para diseñar la próxima reforma, la PAC post 2020, y especialmente la reunión informal que el pasado 2 de septiembre celebraron 20 ministros agrícolas invitados por los siempre avispados franceses que, al menos en cuestiones agrícolas, están en la avanzadilla y la recientemente aprobada segunda declaración de Cork (20 años después de la trascendental declaración de Cork) sobre desarrollo rural donde, una vez más, surgieron voces que ponían en solfa el futuro de las ayudas directas que contempla la PAC en el seno de su primer pilar.

Como verán, seguimos corriendo dentro de la rueda de la PAC y sin tiempo ni para aburrirnos y quizás, ni para centrarnos en lo verdaderamente importante.

Xabier Iraola Agirrezabala

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