Dormirse en los laureles
Mis amigos molineros son miembros del prestigioso sanedrín que se reúne semanalmente en la sociedad gastronómica: un verdadero foro de debate de altísimo nivel intelectual que, en pocas palabras, se ha constituido en un faro de sabiduría que deslumbra al común de los mortales. Pues bien, como decía, mis amigos molineros pertenecen a una familia numerosa que, seguramente, hoy en día sería calificada como la típica familia opusina. La cuestión es que, cuando se reunían alrededor de la mesa para almorzar, los progenitores le decían al hijo o hija que se despistaba la sentencia « egon hadi lo, eta jango duk mehe » («estate dormido y comerás escaso»). Y es que andar espabilado en una mesa con muchos —demasiados— comensales es algo vital si uno quiere salir adelante. Algo similar ocurre a nivel de la Unión Europea, donde observamos cada vez más comensales (más Estados miembros) que se acercan a la mesa de la Política Agraria Común europea, la dichosa PAC; precisamente, una PAC que cuenta con...