El filo de la navaja
Ahora que todos, o casi todos, estamos con la piel muy fina con el turismo, mejor dicho, con los perjuicios ocasionados por la invasión de turistas en determinados puntos de nuestro país, yo, turista respetuoso y sostenible como todos aquellos que viajan como si no hubiese un mañana mientras, al mismo tiempo, se cagan en lo más barrido cada vez que observan un grupo de turistas en su pueblo, como decía, yo, he decidido esta semana de Pascua, invadir las provincias de Cáceres y Salamanca. Más allá del rico patrimonio histórico-artístico de estas tierras, si hay algo que me ha llamado poderosamente la atención, ha sido su paisaje. Cientos de kilómetros gozando sobremanera con las miles de hectáreas de dehesa que con su hierba verde chillón, el vigoroso arbolado (encinas y alcornoques, principalmente) y las flores que cubrían las numerosas balsas de agua donde abrevaban las numerosas vacas y ovejas (paradójicamente, no hemos visto ningún cerdo). Algo similar, en el tramo salman...