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La epidemia

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Soy de la generación en que todavía había jóvenes, los menos, que eran enviados a colegios religiosos a modo de internado. Soy de esos, sí, y echando la vista para atrás, ni reniego ni me arrepiento de nada porque tanto en Puente la Reina (Navarra) como en Alba de Tormes (Salamanca) pasé unos buenos seis años de mi juventud, de los 11 a los 17 añitos, donde además de buenos amigos, adquirí unos hábitos de estudio y disciplina que me han venido de perlas. Ahora en Euskadi, parte de la educación concertada, principalmente la Escuela Cristiana (Kristau Eskola) que tiene como patrones a diferentes ordenes religiosas, se encuentra inmersa en un importante conflicto laboral que ha derivado en una huelga de varios días con todas las consecuencias que ello tiene tanto en la organización familiar como en la educación de los propios alumnos. A diferencia del colegio donde yo estuve donde el profesorado, salvo excepciones, eran los propios frailes, en estos colegios concertados, por el

Villarejo

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Gorra madrileña, barba recortada, gafas de pasta, portafolios de cuero negro contra su pecho y con unos andares ciertamente bastos es la imagen que todos tenemos en la retina sobre un señor que tiene a medio país, acojonado, agarrados de sus partes nobles, al conocer todo sobre su vida particular y profesional. Me refiero, cómo no, al inspector Villarejo al que hasta hace muy poco casi nadie conocía y ahora, por el contrario, es alguien cotidiano en nuestras vidas además de el demonio en persona que tiene de los nervios a todo pichichi de la villa y corte, particularmente, a todos aquellos elementos que conforman lo que popularmente conocemos como la élite. No me dirán que más allá de las nauseas que nos produce saber, o mejor dicho comprobar, que el sistema,en su sentido más amplio, estaba bastante putrefacto, como decía, no me reconocerán que los mortales de a pie estamos disfrutando y queremos seguir disfrutando conociendo las intrigas palaciegas, los sobornos a chóferes

Dolores post-navideños

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Las fiestas navideñas, al menos en nuestra casa, comienzan allá por el día de la Inmaculada Concepción, 8 de diciembre para aquellos que no lo sepan, cuando mi señora esposa le dice a su madre, ósea mi suegra, esa frase que retumba por toda la casa al afirmar “ama, este año no nos vamos a complicar y vamos a poner menús sencillos y ligeros”. Como se imaginarán, la frase resulta tan contundente como hueca y al cabo de unas horas, cae en el olvido y una vez más, como viene ocurriendo desde hace bastantes años, la familia se sienta alrededor de una mesa con alimentos como “si no hubiese un mañana”. Resulta triste, pero tengo más que asumido que este intercambio de pareceres entre hija y madre es un ritual más de los muchos que conforman el hábitat navideño de nuestras familias.  Con el cuerpo maltrecho, con un bloque de cemento incrustado entre pecho y espalda, retomamos la rutina laboral que comienza con una agradable charla con un remolachero alavés que vaticina, si alguien no lo

La Pedroche

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Cuando yo era un crío mis padres en la Nochevieja, tras cenar con nosotros en casa, salían al añorado Bar Iñaxi comandado por el mítico JoxeMari Ezeiza a comer las uvas y tomarse sus copitas de cava mientras nosotros, los tres hermanos, nos quedábamos en casa viendo en la tele un programa que nosotros creíamos era en directo pero que, al parecer, estaba enlatado meses antes. Ahora, a pesar de lo que ha avanzado la tecnología, la tele sigue ofreciendo una gala musical enlatada tras una dura y competida campanada donde, lamentablemente, siguen destacando los vestidos (por llamarlo de alguna forma) de la Pedroche que, enseñando muslamen, tiene su patético pero glorioso momentico en el audímetro. Parece mentira que en pleno siglo XXI, una cadena tan correcta y respetable como Antena 3, siga recurriendo a semejantes recursos y nadie se escandalice. ¿Qué ocurriría si en vez de Antena 3 fuese la Trece de los obispos? ¿No les recuerda a las célebres mamachichos de Berlusconi? En fin,

La Tormenta Perfecta

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Sigo con interés la opinión publicada de Fernando Fernández Such, activista del mundo rural, miembro del Comité Editor de la Revista Soberanía Alimentaria así como destacado miembro del partido político PODEMOS. No le conozco personalmente y como decía, sólo le conozco a través de sus escritos y por su frecuente participación en las redes sociales con temas vinculados con el primer sector, el mundo rural, la alimentación, etc. y con una visión, fuertemente asentada en la tradición izquierdista. Desde la lejanía sociopolítica, de ubicarme en algún lado, me autoubicaría en lo que históricamente se conocía como la democracia-cristiana, creo que es una persona digna de todo respeto y cuya opinión, por mucho que se discrepe, debe ser tomada en consideración, incluso, en el momento de conformar nuestra propia opinión. Pues bien, allá por el otoño del 2017 escribió en la revista antes citada, un magnífico artículo sobre el fenómeno de lepenización del mundo rural describiend

La leche del futuro

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Vuelvo de haber pasado el Puente de la Inmaculada en Londres con la familia y una amiga a la que, aunque no se lo crean, le tocó el viaje en un sorteo de una firma de pipas que no hay que dejar de probar antes abandonar este mundo. De la mega urbe, dos cosas me llamaron la atención. Primero, Londres, al menos lo céntrico, es una ciudad orientada exclusivamente al negocio y al consumo compulsivo con una vida comercial que atrae a unos tanto como asfixia a otros. Segundo, el Brexit ha sumido el país en un pozo sin fondo del que nadie sabe cómo salir, al menos bien parados, y creo que, viendo las tribulaciones que ahogan a la señora May, serán bastantes los británicos que se “acordarán” del inefable primer ministro conservador David Cameron que con una genial ocurrencia les metió, vía referéndum, en este lío que además de liquidar su propio futuro puede poner en riesgo el de la propia nación. Pues bien como dice el dicho popular, la cabra tira al monte, y yo aproveché hasta la mín

Txipa aldatuko duen txapa

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Honez gero denok gara jakitun Euskaraldia zer den. Hala ere, aitortu beharrean nago, ekimenaren nondik-norakoa eta benetako traza hartu arte ez nuela gauza oso argi ikusten. Gaiaz informatu eta zalantza ugari ostean, partehartzea erabaki dut Aho Bizi modura. Lehen nioen bezala ez da izan ez, duda-mudak eta buruhauste faltarik Aho Bizi txapa jartzeko. Txapak adierazten duen konpromezua betetzeko gai ote nintzen edota hobeki esanda, egunerokoan eta gertueneko ingurunean ditugun inertziaz gainditu eta hizkuntz ohiturak aldatzeko adorea ote nuen beldur nintzen. Lan harremanetan euskara jakin arren gazteleraz egiten dugunok, txikitatik hartutako ohiturak jendea orduko hizkuntz trebeziaren arabera sailkatzeko eta maiz asko, euskara eta gaztelerak nahastuz jarduteko (gehienetan, gaztelera euskarazko hitzez apaindua edota alderantziz gutxienekotan) ohiturak aldatzea zein zaila den denok gara jakitun eta horrexegatik, jotzen dut hain positibotzat Euskaraldia moduko ekimena, orain hain