Presunto culpable
María Luisa, nacida en la localidad guadalajareña de Yunquera de Henares, proviene de una familia de agricultores. Su padre, para más señas, fue uno de los impulsores de la organización agraria APAG y su hermano, si no me equivoco, aún mantiene vivo el pulso agrario de la familia.
Sólo así, y sólo así, se puede llegar a comprender que una persona como María Luisa Gutiérrez, una de las productoras más poderosas del cine español, diese voz al campo, dando cuenta del momento crítico que vive y reivindicase el imprescindible papel que desempeña como alimentador de la sociedad, en un evento de tal calibre como la gala de los premios Goya 2025. Es de agradecer y por ello, lo hago públicamente, dado que no es muy frecuente que el campo encuentre aliados en otros mundos tan diferentes como el de la cultura.
Soy consciente, por otra parte, que su discurso levantó una gran polvareda cuando dedicó el premio a las víctimas del terrorismo, pero tal y como se lo transmití personalmente, mi apoyo en su defensa de las víctimas, y si hay alguno quejoso, tal y como dice el dicho popular, a los que les pica, que se arrasquen.
Pues bien, cumplida la deuda con María Luisa, me meto en harina, puesto que los agricultores se encuentran al inicio de la campaña de la PAC 2025, la campaña que, aunque oficialmente arrancaba el 1 de febrero, no son pocos los territorios donde arranca bastante más tarde y, consiguientemente, también acaba más tarde. Como he escrito en alguna otra ocasión anteriormente, mis seguidores no agricultores, deben ser conscientes que las ayudas de la PAC no son para el agricultor, aunque se las den a ellos, si no que son para ustedes que son los beneficiarios en tanto en cuanto posibilita que puedan comprar los alimentos a un precio más económico de su coste real. Ironías de la inflación.
Comienzo, subrayando que, si bien en el conjunto del estado, los agricultores acuden a las oficinas de las organizaciones agrarias y de las oficinas bancarias a tramitar las solicitudes de la PAC, los primeros interesados en ofertar servicios a los productores y los segundos, interesados en que los fondos europeos sean domiciliados en sus entidades, tengo que reconocer que los baserritarras vascos tramitan sus solicitudes en las oficinas comarcales agrarias que las tres diputaciones forales tienen por las diferentes comarcas y aunque, los propios baserritarras no hayan caído en la cuenta de ello, cabe destacar y poner en valor, la labor de las administraciones vascas, al menos, en este punto.
En uno u otro caso, los agricultores tramitan una PAC que está diseñada y organizada bajo el paradigma de que el agricultor es culpable y por ello, es el agricultor, ausente de la sagrada presunción de inocencia, quien tiene que demostrar con mil y uno papeles, firmas, documentos, fotos georreferenciadas, escrituras, actas notariales y demás inventos burocráticos, que lo que dicen hacer, lo hacen, que lo que dicen poseer, lo poseen, lo que dicen gestionar, gestionan, que lo que dicen labrar y cultivar, labran y cultivan y así, multitud de cuestiones que la dichosa PAC requiere al productor para ser beneficiario de los fondos europeos y , también, de los fondos propios de las instituciones locales.
Escuchaba hace unos pocos días a
un veterano gestor de la PAC en Extremadura que lleva tramitándola 32 largos
años que, tras la última reforma de la PAC, los dos últimos años, han sido un
auténtico infierno, puesto que, como decía, se ha colocado en el lado del
agricultor, la carga de la prueba y todo ello, en una PAC diseñada, una vez
más, y van unas cuantas, en un periodo donde la simplificación de la PAC era
uno de los objetivos principales que se querían lograr.
Pues bien, a semejanza del exdirector de cooperativas agroalimentarias, Eduardo Bahamonde, que afirmaba que cada vez que set arrimaba a una oficina administrativa y el interlocutor, antes de nada, le espetaba que él era buen conocedor de la realidad del campo puesto que sus antepasados eran agricultores, en ese momento, él se agarraba la cartera por el recorte que se avecinaba. Así, a semejanza de ello, cada vez que se inician los primeros pasos para una nueva reforma de la PAC y se identifica su simplificación como objetivo máximo, les adelanto, que el resultado va a ser exactamente el contrario, puesto que la consecuencia va a ser una incomprensible complicación que irá acompañada de una maraña burocrática que traerá, como ocurre actualmente, por la calle de la amargura a los agricultores.
La maquinaria europea comienza a calentar para el periodo post-2027 y todo apunta a que, en esta tecnologizada sociedad europea, donde el internet, los satélites y la Inteligencia Artificial campan a sus anchas, los agricultores tendrán que volver a demostrar con mil papeles la propiedad y uso de las tierras, los movimientos de ganado y los cambios de cultivos, sin olvidar los numerosos datos que la propia administración ya tiene en su posesión, aunque no sea en el departamento agrario en cuestión.
Y todo ello, como sostengo, por que la PAC y las administraciones que la aprueban y gestionan, frente a lo que sería lo deseable, consideran al agricultor presuntamente culpable.
Xabier Iraola Agirrezabala
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