Los unos y los otros
Las pituitarias me dicen que
viene un final de invierno y arranque de primavera, cuando menos, movidito.
El acuerdo de Mercosur ha
soliviantado al sector primario, a unos subsectores, principalmente ganaderos,
porque temen una afección directa en sus explotaciones y en otros casos, porque
la palabra Mercosur, utilizada como mantra movilizador, funciona.
Tres organizaciones profesionales
agrarias, los llamados coloquialmente sindicatos agrarios, UPA, ASAJA y COAG
han aprobado un calendario de movilizaciones para la última semana de este mes
de enero, fijando el día 29 como día fuerte, y por ello, entre esta
convocatoria conjunta y las previsibles que aparecerán desde plataformas
independientes adscritas al movimiento 6F, como decía, les anticipo unas
semanas calentitas.
En Euskadi, por nuestra parte, la
movilización de referencia para el conjunto del sector fue la desarrollada este
pasado jueves, 15 de enero, en la frontera de Irún donde varios centenares de
baserritarras y un importante número de tractores acudieron en respuesta a la
convocatoria conjunta de los sindicatos ENBA, EHNE Confederación y UAGN por la
parte Sur, y a la convocatoria del sindicato CR64 por la parte Norte.
Para los no legos en la materia y
para aquellos otros sufridores de este juntaletras, al ser totalmente ajenos al
sector primario, les anticipo que la representación del sector primario, al
menos en lo que se refiere a la interlocución con las administraciones, es
ostentada por las organizaciones agrarias reconocidas, los sindicatos, si bien
es verdad que estos últimos años, son numerosas las asociaciones, plataformas y
otras entidades, más o menos coordinadas entre sí y en torno a lo que el año
pasado se llamaba el movimiento 6F y ahora Unaspi.
Los primeros, los sindicatos, con
bagaje y experiencia, intentan combinar la interlocución con las instituciones
proponiendo mejoras a los proyectos de normativas, el papel de lobby ante los
gobiernos, partidos políticos y entidades de la cadena alimentaria y una oferta
de servicios a sus afiliados que van, según territorios, desde la gestión de
las ayudas PAC, los seguros agrarios, la gestión técnico-económica, etc., por
cierto, unos servicios con los que se financian en gran parte los gastos de la
estructura, y además de todo ello, lo combinan con la reivindicación pura y
dura que, en más de una ocasión, finaliza en protesta pública y movilización de
los agricultores. El equilibrio entre las diferentes facetas de los sindicatos
es harto difícil y así, algunos de ellos son catalogados por el conjunto del
sector, pero también por sus propios afiliados, como una entidad de servicios
que trabaja, única y exclusivamente, para mantener su propia estructura
mientras olvida la otra faceta, el alma reivindicativa, que, dada la situación
histórica del sector, los productores, necesitan como el comer.
Los segundos, las asociaciones,
plataformas y entidades ajenas a los sindicatos, integradas por productores que
en la mayoría de los casos pertenecen a los sindicatos de los que utilizan sus
servicios, se limitan a la faceta reivindicativa y fijan toda su esperanza en
la movilización que se activa en función de las movilizaciones desarrolladas a
nivel europeo y estatal, utilizan una propaganda muy agresiva y populista, manejan
fenomenalmente las redes sociales y con todo ello, logran la adhesión, momentánea,
de todos esos productores que, como decía anteriormente, indignados ante el abandono
del sector, la reducción de las ayudas europeas de la PAC, acuerdos como el de
Mercosur, la asfixiante burocracia que nadie es capaz de reducirla y si a todo
ello, le sumamos la delicada situación que cada uno de ellos vive en su propia
casa, comprenderá estimado lector, que la combinación es letal y explosiva y
acaba, por tanto, en movilizaciones importantes.
Los primeros, los productores fieles a los sindicatos perciben a los segundos, en mi humilde opinión al menos, como gente que sólo se implica en momentos puntuales para movilizarse mientras pasan olímpicamente del trabajo callado y permanente del día a día y de un trabajo tan ingrato como la interlocución con las instituciones.
Los segundos, los productores que
se movilizan con las plataformas, perciben a los primeros como gente
adormilada, acomodada en los despachos, en muchos casos conchabada con las
instituciones, meras gestorías rurales y que no se movilizan por no enfrentarse
a los dirigentes políticos que están al frente de los gobiernos y/o partidos
políticos con los que, al día siguiente, tienen que compartir mesa de trabajo
para mejorar un proyecto de normativa que afecta a todos los productores, a los
primeros pero también a los segundos.
Por ello, creo que la cuestión, la cuadratura del círculo, sería como combinar y compatibilizar la faceta interlocutora de unos con la faceta reivindicativa de los otros, como combinar la fuerza y arrojo movilizador de unos con el trabajo silencioso de los otros por mejorar las normas, planes y otras cuestiones que son, en definitiva, las que te mejoran la vida del día a día.
En uno y otro bando hay gente buenísima y muy capacitada. En uno y otro bando, hay gente que piensa en clave más política que sectorial, en los sindicatos, que parecen organizados por espacios políticos, pero también en los autodenominados independientes que propagan mensajes y planteamientos, muchas veces, vinculados a la extrema derecha. En uno y otro bando, hay gente que sólo y exclusivamente se mueve por su interés personal y lo siento, pero mucho me da, que, como sector, se está perdiendo la capacidad de trabajar, y movilizarse, por el bien común del colectivo. Y así nos va.
Xabier Iraola Agirrezabala

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