Superpoderes

 


San José, el día del padre, este año ha sido festivo, de los señalados en rojo en el calendario de los hogares de Euskadi que, unido a la huelga general del martes, nos ha brindado a los vascos una fantástica pista de aterrizaje para celebrar un megapuente. Además, al menos en nuestra zona, con un clima benigno que nos invitaba a salir y solazarse.

Por ello, miles de vascos, que el martes se manifestaban por un salario interprofesional mínimo diferenciado para Euskadi, acorde al nivel de vida de nuestra comunidad, han  aprovechado la ocasión para coger el vehículo, a poder ser una happyfurgo, con la que practicar un turismo sostenible, amigable y ecológico, no como el que practican aquellos otros que invaden nuestra comunidad y tanta incomodidad generan, y como decía, con nuestro vehículo ecofriendly, ir bien a Las Landas, a Jaca, a La Rioja o Cantabria, preferentemente.

No es cuestión de irse muy lejos. En pocas semanas, con la Semana Santa, ya tendremos ocasión, inmejorable, para tomarnos el avión, ecofriendly por supuesto, para abarrotar las playas del mediterráneo y de las islas. Eso sí, como les decía antes, nosotros los vascos tenemos la capacidad de viajar, abarrotar las playas, los chiringuitos, utilizar los pisos de Airbnb y de llenar calles y plazas de las ciudades turísticas por antonomasia, y todo ello, majos que somos, sin molestar a los oriundos y sin incrementar la presión en los precios de la vivienda de estas zonas a las que acudimos. Es un superpoder que tenemos los vascos, lo crean o no. Al menos, nosotros, así nos lo creemos o engañamos al hipotético sentimiento de culpabilidad que pudiéramos albergar.

Todo ello, con los carburantes por las nubes, gracias al presidente Trump, gran amigo de los supuestos grandes defensores del campo, la ultraderecha, que te deja con el bolsillo dolorido cada vez que acudes a una gasolinera o que el suministrador de gasóleo te hace la entrega a domicilio y te cursa el recibo de marras, dejándote más tieso que la mojama. Por ello, es de agradecer la rapidez con la que el Gobierno Central ha reaccionado con una batería de medidas para compensar, en parte, los destrozos ocasionados por Donald Trump.

Al parecer, sin haberse publicado el BOE que detalle las 80 medidas anunciadas por Pedro Sánchez, se opta por una rebaja del IVA, del 21% al 10%, en el gasóleo, gasolina, gas, electricidad, pellet, leña, etc., en definitiva, todas aquellas fuentes energéticas utilizadas por la gente y por los titulares de las actividades económicas, entre ellos, los agricultores, para arrancar con la actividad del día a día.

Una medida importante, aunque escasa, y ciertamente ineficaz para todos aquellos profesionales del campo que declaran el IVA y que, por lo tanto, serán beneficiados por el pago de unos 20 céntimos por litro de gasóleo consumido, una ayuda equivalente para la compra de fertilizantes. y/o por la eliminación del impuesto especial de hidrocarburos, cuestión que ya estaba vigente, parcialmente, dicho sea de paso.

Así es la vida, mientras agricultores, pescadores,  transportistas, etc., requieren de un carburante económico para poder trabajar y producir, en el caso de los dos primeros, alimentos a un precio económico para la población, una gran parte de la población volverá de este puente, megapuente en el caso de Euskadi, tan campante en su happyfurgo, avistarán en los campos los tractores faenando, comentarán con su copiloto, ¡qué pobre gente!, planificarán las vacaciones de Semana Santa, si es que no las tienen ya cogidas en alguna plataforma que, casualmente, tanto critican en su cerveza con los amiguetes por la gentrificación que ocasionan en los centros urbanos y en la costa más turística,  y finalmente, cuando lleguen a casa, y acudan al supermercado de referencia a llenar el frigorífico, se cagarán en lo más barrido por lo cara que está la alimentación.

Los vascos tenemos unos singulares superpoderes, tal y como decía en referencia al tratamiento que damos a la actividad turística en función de si somos activos o pasivos, dantes o tomantes, lo mismo nos ocurre con otras cuestiones como la alimentación, la prioridad en los gastos familiares, etc. Un superpoder que nos permite estar a ambos lados del debate en función de nuestros propios intereses y del momento en que nos pille.

Así somos los vascos. Superguays.

 

Xabier Iraola Agirrezabala

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