Pinchar en hueso
En Gipuzkoa, septiembre es el mes pastoril por excelencia. Principalmente porque en el noveno mes del año se celebran dos eventos sumamente importantes para el sector pastoril: primero, el Artzain Eguna (Día del Pastor) de Legazpi, donde se realiza un sentido reconocimiento a los pastores con mayor edad y experiencia; y además, se celebra el campeonato de queso de pastor del Territorio, donde este año hemos tenido una grata sorpresa con la victoria de la quesería Intzartzu de Lazkao, cuyo titular es el joven pastor Aitor Iztueta. Un buen pastor que elabora un magnífico queso que ha logrado el reconocimiento que le faltaba para entrar en la élite de los pastores elaboradores del territorio. A lo dicho, apunten su nombre: Intzartzu.
El segundo evento es el archifamoso concurso de queso de Ordizia, magistralmente gestionado por la Cofradía del Queso Idiazabal de Ordizia, donde se aúna la faceta quesera con la faceta solidaria inherente a la subasta del queso ganador, cuyos fondos van destinados a un centro de mayores. Este año, aquí también, ha habido una sorpresa agradable, dado que el campeón de dicho concurso ha sido el pastor alavés Unai Lekuona, de Araia, un pastor que conocí hace unos años y que, discretamente y gracias a su constancia, se ha abierto un hueco en el olimpo de los pastores elaboradores, y al que deseo que el premio de Ordizia le suponga una mejora en sus ventas.
Hablando de queso, esta misma semana leía que la organización ASAJA de Castilla-La Mancha denuncia el delicado momento que viven los pastores adscritos a la Denominación de Origen Queso Manchego, afirmando que los precios que reciben por la leche están por debajo de los costes de producción, una situación que se ha agravado por el incremento de los gastos de las explotaciones y la presión ejercida por la industria. Advierten que esta falta de rentabilidad está poniendo en riesgo la viabilidad de numerosas explotaciones, un riesgo que constatan los datos oficiales del Ministerio que dicen que, en el periodo 2021-2026, el número de explotaciones en dicha comunidad ha descendido un 27,17 %, es decir, algo más de 1 de cada 4. Por cierto, sin pretender restar un ápice de gravedad al tema manchego, en Euskadi, según esas mismas fuentes, la reducción de explotaciones de ovino fue del 54,23 %, es decir, algo más de la mitad.
En ambos casos son sectores de ovino lechero, principalmente orientados al queso amparado por una denominación de origen, ambas prestigiosas y apreciadas por el consumidor. Aun así, cada una tiene sus diferencias: allá por La Mancha, con un sector productor orientado mayoritariamente a la entrega de leche a la industria; y aquí, por Euskadi, orientado casi a partes iguales a la industria y a los pastores elaboradores, con problemas de rentabilidad para el sector productor, más si cabe en el subsector para la industria.
Volviendo al caso manchego, los pastores de allá reclaman la puesta en marcha del observatorio de costes, puesto que consideran que sería de gran utilidad para la toma de decisiones y la negociación de contratos de los productores. Paradójicamente, en nuestro caso contamos con dicho observatorio oficial, el Behatoki, elaborado por los servicios de estadística del Gobierno Vasco; pero aun así, por parte de los compradores de producto (sea leche de oveja y/o vaca, carne de vaca, manzana para sidra, etc.), se pone en duda la validez de dicha herramienta, alegando una metodología errónea y las nefastas consecuencias que su aplicación supondría para la viabilidad de las industrias y cooperativas que transforman dichos productos. Al parecer, son bastantes quienes ponen en duda que entre los costes de mano de obra imputada en el informe de costes tenga que recogerse el coste de la mano de obra propia, o sea, el sueldo del propio baserritarra, como si este trabajase por amor al arte y haciendo un favor a los posteriores eslabones industriales-cooperativos que transforman, por cierto magníficamente, su producto en leche, yogur, queso, hamburguesa, txuleta o sidra.
Aún es más, los hay quienes, desde la propia atalaya administrativa, se resisten a reconocer dichos informes de costes como elemento negociador y también, a ampliar el foco de dicho observatorio al conjunto de la cadena alimentaria para así, además de dotar de transparencia a la misma, sacar a la luz pública los costes de producción, transformación y comercialización en todos y cada uno de los eslabones, y que sea conocedor el consumidor final de quiénes son los que se quedan, si los hubiere, con el mayor porcentaje del valor añadido creado en el transcurso desde el caserío hasta el consumidor o si se diese, en su caso, una distribución nada equitativa del valor generado.
Y es que, le demos las vueltas que le demos al nudo gordiano del sector productor (la escasa rentabilidad), comprobamos que una y otra vez volvemos a pinchar en hueso, dado que los compradores de los alimentos producidos por los agricultores y ganaderos se resisten panza arriba a poner en marcha herramientas como los precios indexados, los índices de referencia, los observatorios de costes, la regulación de contratos, etc., porque los consideran una traba más, una dificultad añadida y, hablando pronto y claro, una cortapisa a su dinámica habitual, donde ellos tienen la sartén por el mango y no quieren ni oír hablar de todas estas herramientas que empoderan al sector productor.
Ahora bien, con la misma rotundidad que denuncio la actitud de estas industrias y cooperativas, creo que el sector productor debiera ser más consciente de la necesidad de dichas herramientas, dejando a un lado la ineficaz política de parches puntuales a la que se recurre habitualmente y asimismo, echo en falta una actitud más proactiva de la Administración en el imprescindible empeño de empoderar al sector productor.
Xabier Iraola Agirrezabala
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